Aunque parezca algo lógico y sencillo, vivir el presente es algo que se nos resiste, una tarea pendiente. ¿Cómo es posible que no sepamos vivir el presente? Las preocupaciones por el futuro y el sentimiento de añoranza o culpabilidad por el pasado juegan habitualmente en nuestra contra. Vivir en estos dos mundos nos aparta del aquí y el ahora, la experiencia real.

La actitud de vivir en el presente es algo que no nos han enseñado, es algo que aprendemos con el tiempo y la experiencia. Aunque en la mayoría de las ocasiones nos resistimos a sentir y mirar hacia la realidad que estamos experimentando. Estar en el preciso momento que vivimos también supone valor y aceptación, ya que nuestra tendencia es la huida, para no sentir el dolor que nos provoca una situación. ¿Por qué huimos del presente? Huimos ante la falta de recursos para afrontar una situación que no sabemos cómo gestionar.


La única forma de aprender a gestionar lo que sentimos y experimentamos es no resistirnos a vivirlo y, por lo tanto, decidir vivir el presente supone un enfrentamiento con la realidad, acariciando las emociones que nos provoca, inhalando el aire de las sensaciones. Este es el momento en el que cobran vida todos nuestros sentidos para hacernos vivir la experiencia tal y como se presenta, tal y como es. En el presente se halla la libertad.

 

Presente momento

Fuente: RitaE

El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente.

Gustave Flaubert

Hay una serie de actitudes que son las que te acercan al presente, si tomas nota de ellas y te haces consciente de cómo habitualmente escapas, aprenderás a estar en el aquí y el ahora, fluyendo con la vida, tomando contacto con tus sensaciones y tus sentidos.

Aceptación al fluir de la vida

La aceptación es una actitud básica para permanecer en el presente. Son muchas las situaciones desagradables que nos hacen querer huir. Generalmente oponemos resistencia a lo que ya es, y eso es lo que nos provoca sufrimiento. Al intentar alejarnos de la realidad evitamos tomar contacto con el presente.

Todos sabemos por experiencia propia que cuando experimentamos algo que nos disgusta o no ha salido como pretendíamos reaccionamos ante ello de diversas formas. Una de ellas es tratar de evitarlo ya sea mediante la negación de lo ocurrido o reprimiendo nuestras emociones y sentimientos. En definitiva, lo que intentamos es no tomar conciencia del dolor y la incomodidad que se ha cruzado ante nosotros.

Lo más nocivo de este rechazo y evitación es que añadimos un dolor innecesario al dolor ya producido que era inevitable. Esta es la consecuencia de la resistencia., que es lo contrario a la aceptación. Es inevitable que a lo largo de nuestras vidas pasemos por muchas situaciones dolorosas, como pérdidas de seres queridos, desilusiones, separaciones, accidentes, enfermedades… Todo ello nos generará un dolor que es inevitable, pero, si además nos resistimos, añadiremos un dolor que sí es evitable.

 

Fuente: IK3

 

¿Cómo podemos tomar una actitud de aceptación? Es posible hacerlo cuando no oponemos resistencia. Aceptar quiere decir que aceptamos la realidad tal cual es, sin intentar cambiarla ni oponernos a ella. Adoptamos así una actitud de afrontamiento y de toma de consciencia, permitiendo que las cosas sean como son. Esto no es lo mismo que resignación, ya que cuando estamos aceptando algo no renunciamos a poder cambiar las cosas en un futuro. La aceptación supone simplemente reconocer lo que está sucediendo en el momento presente.

Soltar y desapegarse

La aceptación del presente también implica esta actitud, la de despegarnos de algo a lo que estábamos aferrados. Esto es algo que nos pasa habitualmente puesto que nuestro ego tiende a intentar atesorar las relaciones, los bienes materiales, el poder, etc. De alguna manera es así como pretendemos asegurar nuestra supervivencia. Para el ego todo es insuficiente y necesita compensarlo para sobrevivir. Cuando actuamos a través de este ego lo alimentamos con la creencia errónea de que cuanto más controlemos, más poseamos y más consigamos, más felices seremos.

Como sabemos la realidad es bien diferente, puesto que todo en nuestra efímera existencia es impermanente, al igual que lo es cualquier persona, circunstancia o bien material. El afán de aferrarse a las cosas choca con esta realidad inevitable. Podríamos decir que es una actitud absurda ya que carece de sentido que pretendamos retener algo para siempre.Sin embargo, es algo por lo que habitualmente pasamos aunque sea de una manera irracional. Esto es algo que nos evita también estar en el presente.

Al tomar una actitud de desapego, de soltar y no ambicionar, permitimos que las cosas sean tal y como son, por lo que también implica la aceptación. Esto es algo a lo que nos lleva la calma meditativa, que consiste concentrar la mente para alejarla de la lucha que ha emprendido nuestro ego. Al meditar tomamos conciencia de que el mundo no se va a adaptar ni comportar como nosotros pretendemos. Es así como hacemos un trabajo de humildad calmando las ambiciones irracionales propias de nuestro ego.

Alejarse de juzgar

En nuestro proceso educativo, hemos adquirido una serie de habilidades para realizar juicios constantemente ante todo lo que sucede. Estos juicios los hemos automatizado y nos impiden generalmente ver la realidad tal y como es. Con nuestras ideas ya preconcebidas nos atrevemos a ver el mundo de una determinada manera, sin dar la oportunidad de considerar otras perspectivas. Esto es lo que nos hace rígidos ante nuestras relaciones y las circunstancias por las que pasamos. La rigidez mental se resiste a mantenerse en el presente viendo nuevas posibilidades, ya que una y otra vez vuelve al pasado para hacer sus conclusiones.

 

Fuente: TRAPHITHO

 

La práctica de la meditación es una herramienta esencial para entender este mecanismo mental. La atención plena nos ayuda a percibir la realidad del presente, sin que la contaminemos con nuestros pensamientos e ideas preconcebidas. Mediante la meditación aprendemos a observar nuestros pensamientos, las conductas y el fluir de la vida sin necesidad de juzgarla, simplemente observarla y aceptarla tal y como es. Así es como podemos amar y obtener una actitud amorosa, cuidando de la realidad, aceptándola tal y como es, Esta es la actitud, ya no solo para vivir el presente sino para fluir con la vida como bien hemos podido comprobar.

En conclusión, la meditación podrá permitirte ‘parar’, y experimentar de primera mano los beneficios de llevar una vida consciente y saludable. De esto mismo trata el método Crear Salud, que te ayudará a establecer nuevos hábitos en tu día a día, no solo para que empieces a meditar, sino para aprender a nutrirte adecuadamente y llevar una vida activaAnímate y prueba la App Siente – que puedes descargar aquí – y se convertirá en tu mejor compañera para guiarte en el camino de la meditación. Se trata de una metodología muy sencilla, que te abrirá las puertas del mindfulness y la psicología positiva, para mejorar tu bienestar y en definitiva, ser más feliz.


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