Comer no es solo comer. El hecho de alimentarnos nos proporciona nutrición y satisfacción psicológica. Por este motivo, cuando comemos deberíamos poner más consciencia. Cuando comemos con consciencia y agradecimiento, alimentamos nuestro cuerpo físico. Así mismo, conseguimos que nuestro bienestar interior sea mayor.

La inercia nos hace olvidar

Estamos demasiado acostumbrados a tener todo lo que tenemos. Por desgracia, necesitamos perderlo de vista para darnos cuenta de cuanto nos gustaba. El ser humano es así.

Nos ponemos a comer y, muchas veces, ni siquiera somos conscientes de lo que estamos comiendo. Muchas personas tienen la costumbre de tener la televisión encendida mientras comen. Esta costumbre es una de las que más nos alejan de realizar una comida verdaderamente consciente. Además de eso, es normal que sean las noticias las que nos acompañan a la hora de la comida o de la cena. Las noticias, normalmente, son preocupantes o angustiosas. ¿Imaginas que tipo de sustancias segrega tu cuerpo cuando come mientras escucha noticias de ese tipo? ¿Crees que es posible hacer una buena digestión?

Fuente: Pixabay/mojzagrebinfo

Estamos tan acostumbrados a ver la televisión mientras comemos que no nos damos cuenta de lo que pasa en nuestro cuerpo. Por muy acostumbrados que estemos a ver noticias negativas, todavía queda una parte humana en nuestro interior que sufre. Esta parte más humana, envía a nuestro cuerpo señales de angustia que van a interferir en nuestra digestión. Sin embargo, no somos conscientes de ello por la inercia a hacer todos los días lo mismo sin ninguna consciencia.

Vivir en el momento presente

Lo normal es que la mayoría de las personas vivan fuera del momento presente. Viajamos mentalmente del pasado al futuro y del presente al pasado. Parece como si lo más importante fuera lo que está por ocurrir. Lo malo es que, de esta manera, nos pasamos la vida huyendo de lo que sucede en realidad.

Cuando comemos, pasa lo mismo. No prestamos, prácticamente, ninguna atención al acto de comer. Muchas veces, ni siquiera nos damos cuenta de lo qué estamos comiendo. Es muy habitual comer de manera desordenada cualquier cosa. Lo importante es quitarnos de encima el hambre, ocupando el menor tiempo posible en esta tarea para pasar a la siguiente.

Hemos perdido el gusto por la buena mesa y la buena comida. Estamos ausentes, siempre en algún otro sitio. La comida solía ser antes un momento de encuentro familiar y de disfrute. Ahora, en muchos casos, es un puro trámite.

No obstante, cada vez son más las personas que se están dando cuenta de la importancia de vivir plenamente el presente. En torno al acto de comer se ha creado, a nivel mundial, un movimiento llamado Slow Food, en el que muchas personas participan. Este movimiento promueve la consciencia a la hora de comer. Procuran comer de manera tranquila y ponen mucha atención a qué tipo de alimentos comen.

Agradecer lo que comemos

Te sientas a la mesa y, normalmente, no te paras a pensar cómo ha llegado aquello hasta tu plato. Para empezar, el hecho de que tengas alimento depende del sol, del agua y de la tierra. Sin estos tres elementos interactuando no sería posible que tú comieras.

Fuente. Pixabay/HypnoArt

Se necesitó tiempo, tierra, lluvia, viento, sol, frío y calor para que aquello haya llegado a ser lo que es. Además de todo esto, piensa que el trabajo de muchas personas ha sido necesario. El agricultor que ha madrugado cada día para cuidar de esas plantas; aquel que construyó las máquinas con las que trabaja el agricultor…etc.

Los distribuidores de la comida, probablemente, habrán pasado horas de viaje para hacerlo llegar hasta algún punto de venta. Las personas encargadas de manipular y colocar esos alimentos también están implicadas. El vendedor también tiene que ver con la comida que te vas a comer.

Seguro que habrá muchas más personas que habrán tenido que ver en el proceso pero, de momento, vayamos a la cocina. Allí, el cocinero o cocinera, el fuego, el agua de nuevo, y el buen hacer de esa persona que lo prepara.

Después de darnos cuenta de todo esto, ¿no deberíamos estar agradecidos cada vez que nos sentamos a la mesa? Somos los receptores y encargados de disfrutar del final de un maravilloso proceso en el que están implicadas muchas personas y elementos.

El bienestar interior

El simple hecho de hacer un alto en nuestra ajetreada vida nos hace sentir bienestar. La vida de muchas personas se ha convertido en un acto inconsciente que las hace muy infelices.

Por este motivo, cada día son más las personas que vuelven su mirada hacia su interior. Allí, dentro de nosotros, se encuentra nuestro verdadero ser. En ese lugar tan personal es donde podemos encontrar la verdadera paz y satisfacción. Sin embargo, allí solo se accede de forma tranquila, sin prisa.

Cuando hacemos las cosas despacio, siendo capaces de darnos cuenta de lo que hacemos, la sensación de bienestar es inmediata. Cuando nos orientamos hacía este cambio de ritmo, automáticamente, vemos cosas que antes no veíamos.

Si somos capaces de hacer un pequeño ritual en cada una de nuestras comidas, veremos como nos sentimos mucho mejor. Hemos perdido la capacidad de disfrutar de los pequeños rituales. Por ejemplo, ¿ a quién no le gusta una mesa bien puesta? Pues entonces ¡Hagámoslo!

Fuente: Pixabay/TerryC

 Comenzando un nuevo hábito

Si quieres vivir de manera más consciente comienza por hacer de tus comidas algo casi sagrado.

  • Comienza eligiendo alimentos que sean saludables y que hayan provocado el menor sufrimiento posible tanto a los animales como a las personas que los han producido.
  • Intenta cocinar de manera natural, lenta y consciente. Disfruta del proceso.
  • Pon la mesa como si tuvieras invitados. ¡Todos los días! ¡Todas las comidas! Aunque comas solo, ¡tú te lo mereces!
  • Antes de comer, con la comida en el plato, observa todo ese escenario y respira varias veces. Espera un par de minutos para comer disfrutando de esa visión que tienes delante.
  • En esos dos minutos, agradece de corazón el hecho de que tengas la posibilidad de comer. Agradece a las personas implicadas y a los elementos que han formado parte de esos alimentos.
  • Come despacio y masticando lentamente.

Después de un tiempo llevando a cabo esta práctica, verás que eres incapaz de comer sin agradecer y sin disfrutar de lo que estás comiendo.

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