La personalidad se forja desde la más tierna infancia, e incluso cuando somos bebés, ya comenzamos a almacenar en nuestro subconsciente información que será clave para desarrollar nuestra autoestima, incluyendo creencias, miedos y emociones que serán determinantes durante toda tu vida.

Hay estudios incluso que sostienen que los fetos entienden la emociones de su madre cuando están en el útero y se ven afectados por ellas. Un niño puede tener un coeficiente intelectual mayor o menor, o sufrir trastornos como la hiperactividad o el síndrome de déficit de atención si tiene una madre con depresión, ansiedad o estrés.

Una vez que abandonas el vientre materno y abres los ojos al mundo, todo cuanto te rodea comienza a llamarte la atención, lo sepamos o no, todo se almacena en tu memoria como si tuvieras un disco duro donde guardas datos que ni siquiera recuerdas pero que influyen en tu percepción de la realidad.

Un factor clave en tu salud emocional es el sentimiento de pertenencia. Cuando somos niños aún no estamos condicionados por las creencias e imposiciones de nuestro entorno y tenemos un sentimiento de pertenencia natural, espontáneo y puro. Un bebé sabe lo que quiere o lo que necesita y lo pide o lo coge si puede cogerlo. Si no le queda al alcance, ese bebé llorará de frustración hasta lograr su propósito. Un bebé no se cuestiona si algo está bien o no, o si una cosa es suya o no, y no entiende de prohibiciones ni de reglas.

El sentimiento de pertenencia, ¿qué es?

FUENTE: Pixabay/RitaE

Observemos un bebé y veremos que todos los bebés se ríen y están felices. Se sienten queridos porque son atendidos y mimados todo el tiempo. A medida que crecemos esa atención va disminuyendo y, además, se condiciona, pues los adultos empiezan a imponer reglas y límites. El niño que hasta entonces era feliz y consentido descubre que no todo es color de rosa y que no siempre le darán lo que pide ni será atendido como él espera. Dependiendo del comportamiento que ese pequeño vea en su entorno, irán apareciendo sentimientos variados que pueden ser positivos o negativos.

Cuando somos pequeños necesitamos sentirnos aceptados, buscados, necesitados y buscamos ser parte del mundo. Al principio, nuestro mundo será nuestra familia y entorno más cercano y, posteriormente, ese mundo se va haciendo más grande a medida que ampliamos nuestro círculo, cuando acudimos al colegio, cuando nos relacionamos socialmente con otros niños o adultos.

El sentimiento de pertenencia nos permite identificarnos como parte de un entorno, en este caso, como parte de nuestra familia y, más tarde, como parte de la sociedad.

Este sentimiento de pertenencia se va forjando en base al papel que el niño juega dentro del entorno, por eso es importante que cuando tengas niños les hagas sentir parte de tu familia, y esto lo lograrás compartiendo con él y dándole una función. En este sentido, es bueno que los niños sean escuchados cuando tienen algo que decir, por muy pequeños que sean, necesitan ver son tenidos en cuenta y que su presencia y su opinión es importante.

Pero no solo hay que reforzar ese sentimiento de pertenencia únicamente desde el polo positivo de los mimos, también las responsabilidades son importantes para que un niño se sienta como un miembro más. De esta manera, el pequeño irá experimentando distintas emociones tanto buenas como malas y aprenderá que todas ellas son parte del vivir.

Pongamos un ejemplo: un niño consentido que recibe todo lo que pide nunca aprenderá a recibir un “no” por respuesta en su entorno más cercano. Pero cuando salga al exterior, la vida misma se encargará de decirle que no muchas veces, y cuando sea adulto se convertirá en una persona con poca tolerancia a la frustración que no conseguirá ser feliz y desarrollará una personalidad despótica, rebelde y egoísta.

En base a las experiencias que vivimos de pequeños iremos acumulando sabiduría que nos ayudará a aceptar nuestras emociones y a gestionarlas. En paralelo, comprender y gestionar nuestras emociones nos llevará a desarrollar empatía hacia los demás y, con ello, tendremos relaciones más saludables y afrontaremos mejor todas nuestras vivencias.

¿Qué ventajas te ofrece tener un buen sentido de pertenencia?

FUENTE: Pixabay/Free-Photos

Después de todo lo que has leído te habrás dado cuenta de lo importante que es desarrollar un buen sentido de pertenencia desde la cuna. Pero nunca viene mal subrayar las ventajas que te aporta sentirte parte de tu entorno, comenzando por el entorno primero y principal, es decir: la familia.

Desarrollo de la empatía. Un niño que se siente parte, aceptado y valorado, a su vez repetirá estos mismos sentimientos y valores hacia los demás. Será más comprensivo, colaborador y solidario.

Por el contrario, el pequeño que no ha podido desarrollar ese sentido de pertenencia y que no se siente valorado ni aceptado o lo ha desarrollado de manera deficiente, será un niño tímido, miedoso, retraído y que preferirá aislarse huyendo de las relaciones sociales o, lo que es peor, arrimándose a aquellas relaciones que son una mala influencia y le dan el reconocimiento que ha sentido que le negaban en su entorno.

La meditación y el sentido de pertenencia

Los primeros años de nuestra vida son cruciales para el desarrollo de nuestra personalidad y en ellos almacenamos emociones y conceptos que condicionan el modo en el cual percibimos la realidad. A menudo, tenemos traumas o emociones negativas que nos limitan y actúan como una barrera para ser quienes realmente quisiéramos ser, impidiendo que gestionemos nuestras emociones de manera saludable.

No puedes volver atrás y nacer de nuevo, pero la meditación puede ayudarte bastante en este sentido. La meditación puedes practicarla a cualquier edad y te ayudará a relajarte, logrando evitar así que te dominen las emociones negativas como el miedo o la tristeza.

A través de la meditación puedes:

  • Hacer auto observación e identificar las emociones que sientes.
  • Identificar dónde se localizan esas emociones (estómago, garganta, etc).
  • Expulsar esas emociones para evitar que te dominen.
  • Relajarte.
  • Mejorar la concentración.
  • Mejorar tus relaciones con el entorno (hermanos, padres, amigos, compañeros, etc).

FUENTE: Pixabay/marques_edgar

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