Si alguien te asegura que medita y deja la mente totalmente en blanco durante veinte minutos, toma su explicación con pinzas. Ni siquiera los monjes tibetanos más experimentados son capaces de hacerlo. Porque, quien te diga que la meditación es dejar la mente totalmente en blanco, se equivoca y, probablemente, no la ha practicado de la forma correcta.

La meditación sirve para calmar el pensamiento discursivo. Y, ¿qué significa esto? Hablamos de ese parloteo incesante y agotador que genera sus propios –y la mayoría de veces, absurdos e ilógicos- razonamientos. También se le suele conocer como “mente de mono”, porque tus pensamientos saltan de rama en rama, llevándote a una sucesión de pensamientos con los que nos identificamos y generan emociones que pueden alterar nuestro estado de ánimo.

La mente es movimiento, un flujo constante de patrones mentales que crean una falsa imagen de lo que somos. Si creamos pensamientos de inseguridad, terminamos por creerlo y condiciona nuestras acciones diarias. Por ello, son cada vez más los psicólogos que integran en su terapia la meditación transcendental o un curso de meditación, dados los resultados positivos que conlleva su práctica.

¿Qué es meditar?

Meditar es entrar en un estado de observación. De alerta. Una toma de conciencia que te permite ser consciente de que tu verdadero Yo no es los pensamientos que cruzan tu mente. Es decir, meditar te permite identificar a tu observador interior, esa parte capaz de diferenciar al sujeto de los pensamientos, sentimientos o recuerdos. Porque Tú no eres tu mente. Y a través de la meditación se logra crear un estado de no-identificación con este flujo de pensamientos y liberamos de la angustia vital.

La meditación te ancla al momento presente y te enseña a No Hacer, a dejar de buscarle una finalidad a todo lo que realizamos. Cuando meditamos, simplemente pretendemos percibir o estar atentos sin una búsqueda de objetivos. El silencio mental que produce la meditación genera unas condiciones de calma muy beneficiosas para estados de estrés o ansiedad.


Esa calma nos acompañará siempre, no solo durante los quince-veinte minutos que dura la meditación. La práctica habitual consigue que seamos capaces de lograr cambiar nuestro enfoque a la hora de percibir los problemas que surgen en el día a día. Aprendemos a poner distancia y convertirnos en observadores, sin dejar que las emociones nos arrastren cuando se trata de una situación complicada.

Este propósito también permite aprender a no tratar de controlar tanto las situaciones de nuestra vida y dejar de preocuparnos por lo que sucederá. Igualmente, permite armonizar en un estado de integración sin afectarnos las contradicciones y dualidades que todos tenemos, abriéndonos a ser flexibles y tolerantes con nuestras vivencias.

¿Cómo meditar?

No necesitas un lugar especial para ello. Un espacio despejado en tu dormitorio, con luz natural y que te permita sentarte en el suelo, es suficiente. Es recomendable que sea un lugar tranquilo y en el que no puedan interrumpirte. Tampoco es necesario adoptar posturas que te resulten incómodas. Con la práctica encuentras tu posición ideal. Pero puedes realizarla en una silla o sobre un cojín. La manera que te resulte más cómoda y te permita concentrarte. Sin embargo, no es recomendable practicarla tumbado, porque podemos entrar en un estado de relajación absoluta y quedarnos dormidos. Es genial, pero no es meditar.

Comienza con sesiones de quince a veinte minutos. A medida que tu práctica avance, alarga el tiempo hasta la media hora. Más de media hora requiere una práctica más experimentada. Para no estar pendiente del tiempo, utiliza la alarma del reloj para que te avise cuando hayas llegado al tiempo que has establecido. Cuando medites, tu mente comenzará a quejarse y encontrará cien tareas muy importantes que hacer. Es parte del proceso. Respira y sigue concentrado.

Técnicas de meditación

Existen diferentes técnicas de meditación, en función de la experiencia que tengamos. Algunas resultan más fáciles para no iniciados y otras requieren haber adquirido una práctica constante. Pero todas se basan en el mismo principio: elegir un foco de atención y traer de vuelta la mente a ese foco cada vez que nos distraigamos pensando en otras cosas.

1. Atención en la respiración.

Es la primera que se aprende cuando nos iniciamos en la práctica por su sencillez. Consiste en enfocar la mente en nuestra propia respiración de una manera muy simple y efectiva.

Mantén la atención en tu forma de respirar. Concéntrate en cada inhalación y exhalación y cuéntalas. Una: inhalas-exhalas. Dos: inhalas-exhalas. Hasta llegar a diez. Y vuelves a comenzar. Tu atención se concentra en llevar la cuenta de tu respiración.

2. Atención en un objeto.

Nos concentramos en enfocarnos en un color, un objeto, un sonido. Una pared lisa de color uniforme es una buena referencia. También cerrar los ojos y atender a los sonidos que nos rodean, sin etiquetarlos, ni juzgarlos, o buscar el silencio que existe entre esos sonidos. Es una técnica que capta nuestra atención de inmediato.

3. Mantras para meditar.

Un mantra es una palabra que al repetirla en bucle crea un estado pleno de paz. Resulta una manera muy sencilla de entrar en la atención plena y la repetición produce una sensación muy beneficiosa. Quizá el mantra más utilizado para la meditación es Om Mani Pad me Hum.

4. Atención en nuestro interior.

Revisamos todo nuestro cuerpo, como una especie de escáner que recorre desde la punta de los pies hasta la coronilla. Y también podemos poner atención en nuestras emociones: me siento alegre, me molesta algo, estoy impaciente, relajado… Y cómo se reflejan esas emociones en nuestro cuerpo: tengo los hombros cargados, me duele el cuello, la postura me resulta incómoda. Lo observamos todo, pero sin juicio, sin etiquetas. Solo estando presentes y viéndolo.

Otra técnica muy beneficiosa y que consigue una concentración profunda es la meditación mediante sonidos de naturaleza: el agua de un río, pájaros, las olas del mar. También el hipnótico sonido de los cuencos tibetanos lleva de inmediato a una sensación de bienestar. En internet podemos encontrar muchos recursos de este tipo para nuestra práctica.

 

Podemos concluir que la meditación podrá permitirte ‘parar’, y experimentar de primera mano los beneficios de llevar una vida consciente y saludable. De esto mismo trata el método Crear Salud, que te ayudará a establecer nuevos hábitos en tu día a día, no solo para que empieces a meditar, sino para aprender a nutrirte adecuadamente y llevar una vida activa.

Anímate y prueba la App Siente – que puedes descargar aquí– y se convertirá en tu mejor compañera para guiarte en el camino de la meditación. Se trata de una metodología muy sencilla, que te abrirá las puertas del mindfulness y la psicología positiva, para mejorar tu bienestar y en definitiva, ser más feliz.


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