Actualmente, es raro que haya alguien a quien no le suenen los términos meditación y mindfulnessAmbas disciplinas están relacionadas de forma estrecha. En los tiempos que corren, nuestra vida está llena de prisa, de impaciencia, de cosas por hacer. Nos llenamos el día a día de actividades y responsabilidades. Tenemos presiones y metas que creemos indispensables alcanzar para ser felices.

Vivimos un ritmo frenético en el que acabamos, sin ni tan siquiera darnos cuenta, a menudo agotados, física y psicológicamente. Y, cómo no, este tipo de vida acaba por pasarnos factura.

Ciencia, meditación y mindfulness

Tanto la filosofía como la praxis de la meditación y del mindfulness han suscitado polémica entre los más escépticos creando curiosidad en la comunidad científica que pronto empezó a investigar sobre si sus beneficios positivos sobre la salud eran reales y podían demostrarse científicamente o eran tan solo un mero placebo.

Pero lo cierto es que la meditación cambia estructuras del cuerpo y de la mente. Y su impacto en nuestro organismo es muy beneficioso.

Hasta hace poco tiempo, los estudios científicos que demostraban los beneficios de la meditación en el cuerpo y la mente no eran fiables, ya que los sujetos en los que se habían hecho las pruebas no eran lo suficientemente representativos.

En 2016, la revista Biological Psychiatry publica un estudio en el que prueba que la meditación puede cambiar los patrones de la mente y cambiar a mejor la salud de nuestro cuerpo.

Según la ciencia, ¿cómo nos beneficia la meditación en la salud?

Según la ciencia, la meditación:

Reduce el estrés.

Mejora el sueño.

Mejora la concentración.

¿Qué pasa en el cerebro cuando meditamos?

Los estudios con neuroimágenes del cerebro prueban que el lóbulo frontal, encargado de la atención, y el sistema límbico, encargado de las emociones, se ven afectados durante la meditación.

Investigadores de la Universidad de Stanford probaron que con en la meditación se activa una región del cerebro llamada pre-Bötzinger cuyas neuronas se activan durante la respiración. La meditación ayuda a tener mayor control de la respiración y de esta área del cerebro proporcionando sensación de bienestar.

El primer informe científico de que la meditación engrosa ciertas capas del cerebro fue llevado a cabo por Sara Lazar en 2005. Ella fue una de las primeras graduadas del Mind and LIfe Summer Research Institute, que acabó convirtiéndose en investigadora en la Facultad de Medicina de Harvard.

Lazar descubrió que, comparado con los no meditadores, los meditadores tienen un engrosamiento cortical en regiones que están íntimamente ligadas a la sensación interior del cuerpo y la atención. Estas regiones estas delimitadas en la ínsula anterior y algunas zonas de la corteza prefrontal.

La científica Sara Lazar concluye que la meditación:

Aumenta el grosor de la corteza cingulada y parte del sistema límbico.

Reduce la materia gris en la amígdala, lo que significa menos ansiedad.

Aumenta el tamaño de la zona izquierda del hipocampo.

Los cambios que podemos sentir en cuerpo y mente según la ciencia son:

– Reducción del estrés y la ansiedad.

– Tener un pensamiento positivo.

Descansar y dormir mejor.

Mejorar la memoria, la creatividad y el aprendizaje.

– Aumento de la capacidad para tolerar el dolor.

– Mejora el autoconocimiento.

Un estudio llevado a cabo en UCLA dice que la meditación ralentiza el habitual encogimiento del cerebro que se produce con el envejecimiento. A los cincuenta años, el cerebro de un meditador es siete años y medio más joven que el de las personas que no meditan. Sí, la meditación ayuda a evitar la atrofia del cerebro debido al paso del tiempo. El estudio no describe qué método de meditación resulta más eficiente.

Epigenética: la mente cambia los genes

Parece increíble pero se están llevando a cabo multitud de estudios científicos que relacionan meditación y ciencia. La literatura sobre el tema es muy extensa. Hasta la actualidad, se han publicado unos 1800 estudios científicos en PubMed, aproximadamente.

Uno de los grandes referentes en cuanto a investigación sobre meditación y ciencia se refiere está en el Instituto Mente y Vida, en Estados Unidos.

La meditación influye en la capacidad para tolerar el dolor, para sobrellevar el estrés, para mejorar la salud y el sistema nervioso e inmunológico. También actúa sobre la tensión pudiendo mejorar la hipertensión.

Hoy en día, la ciencia empieza a alejarse del concepto de que nuestros genes determinan nuestra salud y nuestro Yo es pasivo en este proceso. La epigenética se basa en el concepto de que nuestra mente puede modificar nuestras estructuras moleculares y nuestros genes. Es decir, nuestro estilo de vida importa.

Nuestro estilo de vida puede modificar nuestros genes, los de nuestros hijos y los de nuestros nietos. Tus hábitos importan. La alimentación, tus actividades, lo que piensas, amar… todo importa para tu mente y tu cuerpo a nivel biológico.

Si nuestras emociones pueden modificarnos genéticamente, es importante que intentemos cuidarnos y potenciar actividades que nos enseñen y nos eduquen en el control emocional para alejarnos del estrés, la ansiedad y las situaciones traumáticas lo máximo posible.

Básicamente, las situaciones traumáticas, el estrés y la ansiedad empeoran la inflamación. Estar preparados para sobrellevar el estrés es primordial. Ahí es donde entra en juego la meditación. Los meditadores presentan una desactivación de los genes responsables de la inflamación.

La neuroplasticidad o como la meditación cambia las estructuras moleculares y genéticas

La meditación tiene el poder de cambiar nuestras estructuras moleculares y nuestros genes. Según el Dr. Lipton, la biología del cerebro se ajusta a lo que sentimos y creemos.

La mente subconsciente es un mecanismo muy poderoso. Y la meditación actúa en la mente inconsciente. No es lo mismo que los pensamientos positivos, que actúan en la mente consciente.

La meditación produce cambios en el área del cerebro encargada de las relaciones sociales y de la ansiedad por presión social, por eso también se utiliza para mejorar la fobia social, como demuestran los estudios de Jon Kabat-Zinn de la Universidad de Massachusetts.

La literatura científica alrededor de sobre cómo la meditación actúa sobre el cuerpo y la mente no cesa. Es algo indispensable y complementario.

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