El bienestar y salud del ser humano vienen marcados, desde su nacimiento, por su genética. Sin embargo, hay otros factores, como los económicos y, sobre todo, los ambientales, que también influyen notablemente.

Hay múltiples evidencias de la implicación de causas ambientales en el desarrollo de tumores malignos. Entre los agentes que propician su aparición están:

Una larga lista de sustancias químicas que se producen en el medio ambiente se ha relacionado con la formación de tumores.

Factores ambientales y cáncer

Los factores ambientales que afectan a la etiología de esta enfermedad incluyen carcinógenos químicos, como los que contiene el humo del tabaco. También hay contaminantes en la dieta y, por otro lado, carcinógenos físicos, como la radiación ultravioleta.

Además, las bacterias y virus patógenos son agentes infecciosos ambientales. Entre ellos están el virus del papiloma humano (VPH) y el de la hepatitis B y C humana (VHB / VHC), aunque hay otros.

Por último, tu estilo de vida condiciona las posibilidades que tienes de desarrollar un tumor. Dónde vives, qué comes, dónde y cuánto trabajas, qué bebes, qué sustancias consumes, cuánto duermes, a qué nivel de estrés estás sometido y con quién te relacionas son aspectos más importantes para tu salud de lo que podrías pensar a bote pronto.

Estilo de vida

Si tu estilo de vida ignora factores de riesgo ambientales, como fumar, la exposición excesiva a la luz solar, el consumo de grasa y el estrés, todo indica que aumentan tus probabilidades de desarrollar cáncer.

No obstante, los condicionantes externos son modificables a través de cambios en el estilo de vida y vacunación. Por otro lado, los elementos del estilo de vida que se cree que reducen el riesgo incluyen:

Creciente incidencia del cáncer

Al observar la creciente incidencia de diversos tipos de cáncer, desde parte de la comunidad científica se cree que las grandes proporciones de riesgo son atribuibles a los entornos cambiantes, como fumar y los contaminantes del aire. La exposición al sol y la mala alimentación juegan, también, un papel esencial.

Un gran número de estudios relacionan directamente los factores ambientales y el desarrollo de esta enfermedad. Sin embargo, lo que no se tiene del todo claro es cómo comienza a desarrollarse y por qué existe cierta variabilidad en sus tipos. Los científicos se preguntan por qué hay, por ejemplo, más casos en el colon que en el cerebro.

La respuesta aún no está clara. Lo que sí parece evidente es que casi la mitad de los casos podría prevenirse si las personas cambiaran su estilo de vida o redujeran su exposición ambiental a los agentes causantes.

Fuente vía: Pixabay/ PD pics

Factores de riesgo

Muchos factores genéticos y ambientales aumentan el riesgo. Sin embargo, no todas las personas que están expuestas a carcinógenos o que tienen otros factores condicionantes la desarrollan.

Historia familiar

Algunas familias tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar ciertos tipos de esta enfermedad. A veces, el aumento del riesgo se debe a un solo gen y otras veces se debe a que varios genes interactúan entre sí.

Genes y cromosomas

Un cromosoma extra o anormal puede aumentar el riesgo. Por ejemplo, las personas con síndrome de Down, que tienen tres copias en lugar de las dos habituales del cromosoma 21, tienen un riesgo 12 a 20 veces mayor de desarrollar leucemia aguda, pero, paradójicamente, un menor riesgo de desarrollar carcinomas.

Se cree que las anomalías – mutaciones – que afectan a los genes críticos contribuyen al desarrollo de la enfermedad. Estos genes producen proteínas que regulan el crecimiento y alteran la división celular y otras propiedades celulares básicas.

Las mutaciones genéticas que la causan pueden resultar de los efectos dañinos de los químicos, la luz solar, las drogas, los virus u otros agentes ambientales. En algunas familias, estos genes anormales son heredados.

Las dos categorías principales de genes involucrados con el cáncer son los oncogenes y los genes supresores de tumores.

Los oncogenes son formas mutadas o amplificadas de genes que en su estado normal regulan el crecimiento celular. Estos oncogenes incluyen HER2, que causa cáncer de mama y EGFR, que causa algunos cánceres de pulmón.

Algunos oncogenes señalizan inapropiadamente las células para que se multipliquen de manera incontrolada, lo que lleva a la creación de tumores. La mutación de los genes normales a los oncogenes no se entiende completamente, pero muchos factores pueden contribuir, incluyendo:

  • Rayos X.
  • Luz del sol.
  • Toxinas en el trabajo, en el aire o en productos químicos.
  • Agentes infecciosos (por ejemplo, ciertos virus).

Los genes supresores de tumores normalmente suprimen el desarrollo de cánceres, al codificar proteínas que reparan el ADN dañado o suprimen el crecimiento de células cancerosas.

Desarrollar esta enfermedad es más probable cuando el daño en el ADN afecta la función del gen supresor de tumores, lo que permite que las células afectadas se multipliquen continuamente. Las mutaciones del gen supresor, heredadas de un padre, pueden subyacer a un cierto porcentaje de casos de cáncer de mama, que generalmente ocurren a una edad temprana y en múltiples miembros de la familia.

Edad

Algunos cánceres, como el tumor de Wilms, el retinoblastoma y el neuroblastoma, ocurren casi exclusivamente en niños. Son el resultado de mutaciones genéticas supresoras que se heredan o se producen durante el desarrollo fetal. Sin embargo, la mayoría de los otros tipos son más comunes en adultos, particularmente en personas mayores.

La importancia de los factores ambientales

El humo del tabaco aumenta sustancialmente el riesgo de desarrollar tumores en los pulmones, la boca, la garganta, el esófago, los riñones y la vejiga.

La exposición al amianto puede causar tumoraciones de pulmón y mesotelioma (cáncer de la pleura). La exposición a pesticidas se asocia con un mayor riesgo de leucemia y linfoma no Hodgkin.

El tiempo entre la exposición a los productos químicos y el desarrollo de la enfermedad puede ser de muchos años. La exposición prolongada a la radiación ultravioleta, principalmente de la luz solar, causa tumores de piel. La radiación ionizante, usadas en las pruebas con rayos X, es particularmente cancerígena.

Por todo ello, una exposición controlada a ciertos factores ambientales, unida a hábitos, alimentación saludable y bajos niveles de estrés ayudan a mejorar la salud y el bienestar.

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