La vida de la mayoría de las personas es una carrera frenética. Nos levantamos corriendo y terminamos el día haciendo lo mismo. En este correr sin parar es muy común que olvidemos la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas. Nuestras tareas cotidianas, llevadas a cabo con atención plena, pueden devolvernos la paz que perdemos en nuestro ajetreado día a día.

¿La felicidad está siempre en el futuro?

La sociedad materialista en la que vivimos pone mucha atención en aquello que debemos de conseguir para llegar a “ser alguien”. La atención de la mayoría de las personas siempre está puesta fuera de ellas mismas y fuera del momento en el que se encuentran.

La droga del mañana se nos suministra cada día al levantarnos, haciéndonos querer más y más de manera continua. La vida va pasando y nosotros siempre corriendo intentado atrapar las promesas de futuro que nos venden por todas partes.

Cuando termine los estudios, cuando obtenga aquel puesto de trabajo, cuando compre una casa, cuando me asciendan, cuando crezcan mis hijos, cuando me jubile… Nuestras expectativas de felicidad se encuentran siempre en algo que aún no ha llegado. Y no nos damos cuenta de que cuando llega volvemos a perdérnoslo porque, de nuevo, ponemos la atención en lo que vendrá.

Cada vez hay más personas que no son felices

Debido a esta manera de vivir es normal que cada vez sean más las personas que sufren depresión, ansiedad y estrés. Los fármacos para tratar la depresión incrementan sus ventas de manera alarmante. Resulta extremadamente difícil que seamos felices si pasamos la mayor parte de nuestro tiempo fuera del momento presente.

Sin embargo, como no hay mal que por bien no venga, esta manera tan estresante y antinatural de vivir tiene una parte positiva. Gracias al tipo de vida que llevamos, son cada día más las personas que están optando por plantearse la posibilidad de vivir otro tipo de vida. Afortunadamente, el ser humano a veces utiliza la inteligencia a su favor y es capaz de cambiar hacía una vida más plena.

La importancia del momento presente

Aunque, desde muy pequeños, la sociedad nos haya obligado a pensar que nuestra felicidad se encuentra muy lejos, esto no es verdad. La verdadera felicidad se encuentra de manera muy sencilla y fácil. Cuando nosotros somos capaces de habitar plenamente el momento en el que nos encontramos, aparece una felicidad sin causa que nos alegra la vida.

Como muchas personas ya han comprobado, no necesitamos tener nada en especial para ser felices. Ningún bien material ni ninguna relación con ninguna persona nos proporciona una felicidad duradera. Es cierto que en un principio, cuando obtenemos algo nuevo, esa novedad nos hace sentirnos muy bien. Pero si esperamos un poco, ese coche nuevo, o esa nueva pareja pasarán a formar parte de lo cotidiano y perderemos el disfrute que nos proporcionó en un principio.

Hacemos muchas cosas al mismo tiempo

La verdadera felicidad es un estado interno que no tiene ninguna razón externa que lo provoque. Esa felicidad se encuentra únicamente en el momento presente. Te preguntarás que por qué no la experimentamos si es así de sencillo. ¡Es muy fácil! Nunca estamos en el momento presente. Cualquier cosa que estemos haciendo siempre cuenta con poca o ninguna atención por nuestra parte. Además, nuestra sociedad premia nuestra capacidad “multitareas” para ayudarnos a salir aún más del momento en que vivimos.

Para ser  considerados eficientes tenemos que ser capaces de hacer muchas cosas a la vez y, además, todas llevadas a cabo a la perfección. Sinceramente… ¿es eso posible? ¿Alguien pensó alguna vez que eso es saludable? La verdad es que no.

Deberíamos aprender de los animales. Nunca se ha visto un animal que intente hacer las cosas muy deprisa o que se empeñé en hacer dos o tres cosas a la vez. ¡Eso solo nos pasa a los humanos!

Sé consciente al realizar tus tareas cotidianas

Si eres de las personas que ya te has dado cuenta de que quieres abandonar la insatisfacción que te proporciona el tipo de vida que llevas, solo tienes que poner un poco de atención consciente y tu vida comenzará a cambiar como no te imaginas.

El día está lleno de ocasiones en las que puedes practicar tu atención consciente y conectar con tu fuente de felicidad. Cualquier tarea, sea la que sea, puede llenarte de dicha si la llevas a cabo de manera consciente.

Al empezar el día

Intenta no comenzar el día de manera inconsciente. Cuando te despierte dedica unos segundos a experimentar la sensación de estar vivo, de respirar. Regala una pequeña sonrisa a ese día que comienza.

Cuando lleves a cabo tu aseo personal intenta poner toda tu atención en cada una de sus etapas. Por ejemplo, en la ducha, procura concentrarte en el ruido del agua, el olor del jabón, el placer de sentir el agua cayendo por tu cuerpo… Toma tu desayuno sin distracciones. Olvida la radio o el periódico y pon tu atención en aquello que comes. Saborea y disfruta de esa primera comida del día.

Te aseguro que si empiezas el día de esta manera, el resto de la jornada se irá impregnado de una calidad que te va a maravillar.

A lo largo del día

Aprovecha las tareas cotidianas para practicar tu atención consciente. No hace falta hacer grandes cosas para sentir alegría o disfrutar. La simple limpieza de tu casa puede llevarte a cotas de felicidad que no podrías imaginar. Pasar la escoba de manera consciente o limpiar la vajilla son actividades que te ayudarán a aumentar tu consciencia si llevas toda tu consciencia.

Así mismo, hay otras actividades cotidianas como ir caminando a trabajar, o trabajar en el jardín en las que también puedes poner tu atención.

Cuando hayas practicado durante un tiempo el poner más consciencia en cada cosa que hagas tu vida cambiará. Una vida vivida con consciencia adquiere significado y nos llena de alegría y satisfacción.

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