Dicen que la amabilidad, como los bostezos, es contagiosa. Cuando alguien es amable contigo, se te queda una sensación tan placentera que tu forma de tratar a las siguientes personas es ligeramente diferente.

 

 

Justo esta mañana he vivido una situación bastante sencilla, pero que me ha ayudado a comprender cómo se contagia la amabilidad de un ser humano a otro. Me encontraba en un supermercado, terminando la compra, cuando me he dirigido a la línea de cajas. Había un señor que se apoyaba sobre dos muletas, pensé que iba a pagar algo y le cedí el paso a la caja. Me dijo que iba a coger una bolsa de plástico, de las que tienen colocadas en la parte de abajo de las líneas de caja, para poder ir guardando ahí lo que comprase. Me he ofrecido a dársela yo mismo y el señor se ha sentido muy agradecido. Acto seguido, la persona que estaba detrás de mí en la fila y había presenciado que yo había ayudado al señor de las muletas, se ha ofrecido amablemente a colocar él la cesta que yo había vaciado cuando había terminado de colocar en la cinta mis productos. Me ha sonreído con complicidad, como expresando con su mirada, tú ayudas y yo te ayudo a ti.

Esta pequeña anécdota refleja que cuando hacemos una buena acción por los demás, no sólo la persona que lo recibe se siente bien sino que probablemente ella haga lo mismo con otros. Las personas que son testigos de ese detalle también entran a formar parte de ese círculo de amabilidad.

Podríamos decir que lo mismo ocurre con los comportamientos negativos, cuando presenciamos que alguien es desagradable con otro ser humano, automáticamente nos ponemos a la defensiva y no tenemos ninguna gana de ser amables con esa persona. Normalmente lo que obtendrá de nosotros sea rechazo. Este sentimiento que surge de primeras, podemos también aprender a controlarlo, la amabilidad se entrena y aunque no la obtengamos de los demás, a la larga, nos daremos cuenta de que responder con amabilidad ante la hostilidad nos hace sentir mejor que dejarnos llevar por el ambiente negativo que nos rodea. Este gesto de no respuesta con la misma moneda también ayuda a detener la violencia en muchos conflictos.

La amabilidad es fruto de la consciencia. Sólo puedes ser amable cuando estás despierto y atento al mundo que te rodea. Cuando nos encontramos en nuestro camino personas que nos parecen egoístas, si tenemos la oportunidad de profundizar y percibir cuál es su estado de consciencia, nos daremos cuenta de que probablemente actúen desde el piloto automático, sin ser conscientes de sus propias necesidades ni de las de los demás.

 

 

Ser capaces de ser amables también requiere de una buena dosis de flexibilidad en nuestro comportamiento. La amabilidad es lo opuesto a la rigidez, cuando mostramos amabilidad hacia nuestro entorno no dejamos que nuestro ego tome el control de las situaciones, sino todo lo contrario. Observamos de qué manera podemos adaptar nuestras preferencias para que las personas que nos rodean se sientan a gusto y la carga que cada una lleva dentro se haga más liviana.

¿Cómo puedo entrenar la amabilidad?

Una buena manera para entrenar la amabilidad es a través del mindfulness. El mindfulness significa decidir vivir la vida desde la atención plena. El mindfulness produce en nosotros una doble actitud ante la vida:

  • Hacia el exterior: Seremos capaces de estar presentes, desconectar el piloto automático y ser realmente los protagonistas de nuestra vida.

 

  • Hacia el interior: Podremos descubrirnos con curiosidad y a la vez ser conscientes de qué es lo que estamos sintiendo en cada momento.

 

Cuando empezamos a aplicar la atención plena en nuestra vida comenzamos a ser más amables con nosotros mismos, dejamos de juzgarnos y despertamos a una visión más amorosa de todo lo que nos rodea. Al ser más amables con nosotros mismos, conseguimos relajar el flujo de nuestros pensamientos. Somos capaces de conectar mejor con nuestro entorno y con las necesidades de los demás.

A través de esta práctica también conseguimos mejorar la paciencia. Cuando dejamos de lado la necesidad de controlarlo todo también dejamos de controlar a los demás, les permitimos ser como en realidad son, o en realidad, comenzamos a verlos como son y los aceptamos. La aceptación y la paciencia son claves a la hora de hacer la vida más fácil a los demás.

Mindfulness también ayuda a trabajar la compasión, esta, es esencial para relacionarnos con los demás desde nuestra esencia más pura. Según dice la tradición budista, la amabilidad y la compasión son como las dos alas de un pájaro. Mindfulness nos enseña a cultivar ambas facetas.

A través de la práctica meditativa de la compasión podemos percibir que sentimos y padecemos como los demás seres que nos rodean, que en realidad estamos unidos y podemos decidir acompañarnos para habitar en una vida mejor. Normalmente vivimos nuestros padecimientos como únicos cuando en realidad todas las personas vivimos el mismo tipo de drama y sufrimiento.

Pequeños gestos en nuestro día a día pueden hacer que nuestro entorno sea cada vez más agradable, no sólo porque hacer felices a los demás aumenta nuestra propia felicidad, sino porque ser ejemplo de amabilidad es una herramienta que está al alcance de todos nosotros para poder cambiar la sociedad en la que vivimos.

 

Una sonrisa de amabilidad

Fuente: Pixabay / StockSnap

 

Si alguna vez no te dan la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya. Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa, como aquel que no sabe sonreír a los demás.

Dalai Lama

Esta frase del Dalai Lama nos anima a llevar a cabo la práctica del dar sin esperar a recibir nada a cambio. Precisamente porque aquellos que parezcan que menos merecen nuestra amabilidad son las personas que más lo necesitan.

Aunque no busques beneficios para ti mismo con tus actos amables debes saber que tener gestos compasivos hacia los demás te hará sentir lleno de energía. Incluso más optimista y más tranquilo.

Merece la pena traspasar esas barreras que a veces nos impiden ser amables. En ocasiones, actuamos desde la vergüenza o con los juicios que emitimos sobre nosotros mismos, y tenemos miedo a qué dirán las personas que nos conocen si dejamos de comportarnos como hemos venido haciendo hasta ahora. Debo decirte que si empiezas a hacer pequeños cambios y a tener detalles agradables con los demás enseguida notarás que lo que das es lo que recibes.

 

 

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