La autoestima es el concepto que tenemos sobre nosotros mismos. Engloba los pensamientos que nos dirigimos, la actitud con la que juzgamos nuestra manera de ser o nuestras acciones y determina la forma con la que nos comportamos en la vida.

La autoestima se va formando desde el momento de nuestro nacimiento y está condicionada por la manera en la que nos sentimos acogidos en este mundo, por cómo nos trataron, qué palabras nos dijeron y cómo nos motivaron.

Cuando nacemos no tenemos percepción de nuestro ser, se va formando poco a poco a través de las experiencias que vamos viviendo y el comportamiento que nuestros seres queridos tienen hacia nosotros. Cuando un bebé llora y se siente atendido con cariño se desarrolla en él la percepción de que tiene un papel importante en este mundo.

A medida que vamos creciendo, nuestra estima se va fortaleciendo o debilitando, dependiendo de las etiquetas que nos vayan poniendo los demás, por desgracia, las tomamos como ciertas. Es responsabilidad de los adultos ayudar a que un niño eleve su autoestima, él solo no es capaz de hacerlo.

Cuando somos adultos, nuestro grado de autoestima depende exclusivamente de nosotros mismos, no hay que buscar culpables, nuestra familia actuó de la mejor manera que pudo y está en nuestra mano modificar lo que no nos gusta.


¿Cómo puedo averiguar mi nivel de autoestima?

 

Anotar nuestras virtudes y defectos

Fuente: Pixabay / Unsplash

 

Para poder fortalecer nuestra autoestima debemos conocer a fondo cuáles son nuestras debilidades. Por ello, es necesario hacer un sencillo autoexamen, mirar hacia nuestro interior y tratar de contestar estas preguntas de la manera más honesta posible, es aconsejable que las anotes en un papel:

  • ¿Quién soy?
  • ¿Qué apariencia física tengo?
  • Cuatro cualidades que me distinguen.
  • Cuatro defectos que tengo.
  • Dos metas que me he marcado en mi vida y las he conseguido.
  • Dos metas que me propuse pero en las cuales he fracasado.

Una vez hayas respondido de manera sincera a estas preguntas te sentirás preparado para comenzar el proceso de fortalecimiento interior. Estas preguntas te darán pistas sobre tu persona, no te castigues ni te juzgues en demasía, todos estamos en el camino para aprender y mejorar, no hay nada por lo que avergonzarse.

Hábitos para nutrir la autoestima

 

Mujer saltando gestionar la autoestima

Fuente: Pixabay / Lazare

 

Está demostrado que las creencias que tenemos sobre nosotros mismos influyen de una manera directa sobre nuestra capacidad de decisión y la manera en la que encajamos en la sociedad. Nuestro cerebro está más influido de lo que podamos imaginar por los pensamientos que lanzamos diariamente sobre nuestra persona. Por eso, es muy importante establecer una serie de técnicas para fomentar nuestra autoestima en nuestra rutina diaria.

  • Afirmaciones. A través de las afirmaciones, llegamos a cambiar la percepción que tenemos sobre nosotros mismos. Estas afirmaciones podemos realizarlas desde que nos levantamos, por la mañana. Como ejemplo te pongo, una persona a la que no le gustan sus dientes y por lo tanto no suele sonreír, no acepta la manera en la que están colocados. Si desde  por la mañana, cada vez que disponga de momentos para estar sola, esta persona se dijese “me encanta mi sonrisa”, “tengo una sonrisa maravillosa”, la percepción sobre este problema cambiaría radicalmente, es más, es seguro que las personas a su alrededor se alegrarían de ver esa sonrisa y la disfrutarían muchísimo.
  • Aceptación. Aceptar nuestras virtudes y defectos es clave a la hora de gozar de una buena imagen sobre nosotros mismos. La condena sobre nuestros defectos no ayuda sino que empeora esa sensación. Conviene dedicar un par de minutos cada día para recitar en nuestro interior:
    • “X” me gusta y lo acepto. “X” no me gusta, pero lo acepto.
  • Responsabilidad. Debemos aceptar que somos nosotros los que tomamos las riendas de nuestra vida y somos los únicos responsables de lo que nos ocurre, no los demás. Cuando te ocurra un hecho que te moleste, piensa a fondo cómo te has sentido, y en vez de lamentarte o echar la culpa a los demás, piensa si podrías haber hecho algo al respecto, de esta manera estás creando consciencia alrededor del problema y eres parte activa para poder resolver la situación.
  • Comunicación. La comunicación con nosotros mismos, nuestro diálogo interno y la comunicación con los demás, son primordiales para poder sentirnos bien. Tenemos que aprender a verbalizar de manera asertiva cómo nos sentimos. Cuando no nos comunicamos, nuestros sentimientos y sensaciones sin expresar pueden llegar a tomar la forma de una olla exprés y el día que menos lo esperemos pueden explotar por la falta de espacio en nuestra mente. No debemos tener miedo a expresar cómo nos sentimos, las personas que nos rodean no son adivinas y si aprendemos a comunicarnos de manera efectiva ganaremos una mejor relación familiar, laboral y de amistad.
  • Tener objetivos en la vida. Tener metas, sueños y conseguir cumplirlos hace que la imagen que tenemos sobre nuestras capacidades se vea reforzada. Es muy importante establecer objetivos que se puedan conseguir, no enredarnos en sueños imposibles. Y una vez que hayamos alcanzado la meta felicitarnos por ello y celebrarlo como se merece.
  • Vivir con coherencia. Establecer una conexión coherente entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos es imprescindible para sentir que vivimos en armonía. En muchas ocasiones no somos fieles a nuestros pensamientos por intentar agradar a los demás y olvidamos que para ser felices es necesario ser coherentes con nosotros mismos.
  • Meditar. La meditación es la herramienta más poderosa que podemos encontrar para conectar con nuestro interior, para aprender a aceptarnos sin juicios, a valorarnos y para cultivar ese jardín interior que muchos de nosotros hemos dejado descuidado. Podemos comenzar por dedicar diez minutos diarios y veremos cómo muchos de los conflictos que surgían en nuestro interior por tener un diálogo interno con nosotros mismos poco amable, parece que se atenúan hasta llegar a desaparecer. Además, con la práctica de la meditación podemos llegar a salir de ese piloto automático que gobierna nuestras vidas y volver a tomar conciencia de los pequeños detalles que hacen que nuestra vida sea maravillosa.

 

En conclusión, la base para mejorar nuestra autoestima está muchas veces en cambiar nuestros hábitos, tal y como propone el método Crear Salud. Debemos ser conscientes de que para trabajar en nuestra confianza no basta solo con practicar la meditación, sino que también necesitamos nutrirnos adecuadamente y activarnos haciendo cosas que aporten a nuestro bienestar integral.

Herramientas como la app Siente – que puedes descargarte aquí pueden ser grandes aliadas en tu camino a trabajar la autoestima. Su metodología es sencilla de usar, pues incluye el mindfulness y la psicología positiva para mejorar tu bienestar y, de paso, ser más feliz.

 

 


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