Vivimos en un momento en el que todo es abundancia. Podríamos decir que todo abunda excesivamente. Nos hemos acostumbrado a tener de todo nos haga falta o no. Debido a este exceso, hemos perdido la buena costumbre de sentirnos agradecidos por aquello que tenemos, sobre todo a la hora de comer.

Aturdidos de tanta variedad

¿Nunca te has sentido apabullado por el exceso de variedad que presentan los establecimientos? Estoy segura de que si. Es tanta la diversidad de artículos que se nos presentan que, en ocasiones, uno no sabe qué elegir. Por ejemplo ¿cuánto rato se puede tardar en elegir el tipo de yogur que uno quiere? ¡Hay tantos tipos, tantas marcas y tantos tamaños que es muy fácil entrar en un gran estado de confusión!

Vivimos en la sociedad del bienestar que se caracteriza por creer que ese bienestar se encuentra en la satisfacción continua e inmediata de todas y cada una de nuestras necesidades. Nos encontramos en un momento de la historia en el que una gran parte de la humanidad tiene a su alcance más de lo que necesita y, sin embargo, las personas son cada vez menos felices.

Se nos olvida el agradecimiento

Actualmente, es muy común que las personas den por sentado el bienestar que tienen cada día. Desde que nos levantamos no paran de suceder cosas por las que tendríamos que estar agradecidos. Sin embargo, damos por hecho que todas esas cosas tienen que estar ahí y ni siquiera nos paramos a pensar en ellas. No obstante, cuando algo nos falta, nos enfadamos y empezamos a echar de menos aquello que ya no tenemos.

Fuente: Pixabay/Free-Photos

Quizá nunca te hayas parado a pensar cuáles son esas cosas por las que podrías estar agradecido. Te voy a echar una mano: te levantas por la mañana y vas al baño, algo natural y que no agradeces. ¿Sabes el proceso tan perfecto que ha tenido que ser llevado a cabo para que tu cuerpo haya llegado a hacer eso sin problema?

Después te duchas, ¿acaso piensas alguna vez lo afortunado que eres de solo con abrir un grifo tener agua caliente cuando la necesitas? Luego viene el desayuno, ¿te encargaste tú de hacer crecer los alimentos que ahora están en tu mesa? ¿Tendrás que hacer algo en concreto para que el desayuno sea digerido de manera correcta?

Esto sería nada más comenzar el día, pero a cada momento, tendríamos un motivo por el que valorar y agradecer lo que tenemos. Sin embargo, no lo hacemos, damos todo por sentado.

De dónde viene aquello que comemos

Cuando nos sentamos a la mesa pocas veces pensamos en la procedencia de aquello que vamos a comer. Si fuéramos capaces de hacer una pequeña reflexión al respecto, seguro que nuestros alimentos nos sentarían mucho mejor.

Los alimentos que tomamos llevan implícitos una serie de elementos en los cuales nunca pensamos. Para que aquel alimento se originara alguien, en algún lugar, tuvo la idea de plantarlo, si es una planta, y, además de pensarlo, lo llevó a cabo. Los días pasaban y el abrazo de la tierra fue haciendo que gracias al sol y el agua aquello empezará a crecer.

Fuente: Pixabay/saumendra

Una vez crecido, tuvo que haber alguien que se ocupara de su recolección. Después de recolectado, una o varias personas se implicaron en su transporte, almacenamiento y venta.  ¿No te parece un proceso maravilloso que no valoramos?

En el caso de las personas que también toman alimentos de origen animal, habría que añadir a los animales que aún están más “implicados” en esa alimentación.

Reconocimiento y agradecimiento

Después de darnos cuenta la cantidad de personas y elementos a los que debemos que los alimentos lleguen hasta nosotros, solo nos queda conectar con el agradecimiento que sentimos hacia todos ellos.

Te propongo hacer un pequeño ritual, aunque solo sea en alguna de las comidas que haces cada día. De esa manera estarás honrando a la tierra, al agua, al sol, y a las personas y animales que han colaborado para que tú te alimentos en ese momento.

Tu pequeño ritual a la hora de comer

Para comenzar con el homenaje sería importante que dispusieras de un ambiente “especial”. Una mesa bien puesta, quizá unas velas y, por supuesto, tiempo suficiente para disfrutar del ritual.

Fuente: PixabaY/TerryC

Quizá podrías anticipar un poco la celebración y hacer que la preparación de la comida también tenga un toque consciente. Cocinar es un arte, por ese motivo, cuando nos entregamos a ello enteramente es posible que nos sorprendamos de los resultados. Intenta poner toda tu atención en cada ingrediente que utilices, en su color, en su textura, en su aroma.  Podrías incluso poner un poco de música suave en la cocina. Te aseguro que, aunque utilices la misma receta de siempre, el sabor de ese plato que cocinas será mucho mejor.

Comienza el agradecimiento

Cuando hayas terminado de cocinar, dispón los alimentos en la mesa y siéntate delante con tranquilidad. Antes de empezar a comer, en los segundos previos, respira de forma tranquila y observa lo que tienes en la mesa. Después, comienza a agradecer, desde tu corazón, a todos aquellos implicados en el proceso que se ha desplegado para llevar toda esa comida a la mesa. Sigue respirando y llena tu corazón de agradecimiento.

Ahora ya puedes comenzar a comer. Es casi seguro que, después de haber conectado con esta sensación de agradecimiento, te apetezca comer despacio. Saborea cada bocado y, si quieres, deja los cubiertos sobre el plato cada vez que estés masticando. Este gesto contribuye a que la comida siga siendo muy pausada.

Cuando somos capaces de alimentarnos llenos de gratitud y tranquilidad nuestra digestión es mucho más eficaz. Los nutrientes serán mejor asimilados y habremos entrado en una espiral de gratitud y armonía que nos acompañará el resto de la jornada.

Fuente: Pixabay/sasint

Aunque vivamos en una sociedad que se mueve a una velocidad de vértigo, siempre es posible que encontremos momentos en los que conectar con nosotros mismos y con el agradecimiento. Si hiciéramos a menudo actos de este tipo crearíamos, sin darnos cuenta, una sociedad más justa y armoniosa.

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