Nuestro cuerpo se encuentra recorrido por unas terminaciones que son sensibles al dolor denominadas nervios. Cualquier causa como un un golpe o algún traumatismo de distinta índole puede estimular e irritar a los nervios, generando una sensación de dolor. Desde los receptores del dolor se envía, a través de la médula espinal, la información al cerebro y este, al llevar estas señales a zonas específicas del cerebro, hace que sintamos el dolor allí dónde se halle la lesión.

 

 

¡Cuánto nos gustaría una vida sin dolor! Sin embargo, deberíamos estar agradecidos por poder sentirlo.

¿Puedes hacerte una idea lo que sería que te acercaras a una estufa ardiendo y no tuvieras la dolorosa sensación de que te estás quemando? En ese caso, por supuesto, no te alejarías de la estufa a toda prisa y seguirías tranquilamente tocándola hasta que tu piel se hubiera derretido. ¿Te puedes imaginar la situación?

Por lo tanto, podemos decir que el dolor es una alarma imprescindible para nuestra vida. De hecho, existen personas que por una deficiencia congénita (analgesia congénita) no son capaces de sentir el dolor. Al no poderlo sentir, tienen que aprender, con mucho esfuerzo, a memorizar las situaciones de peligro para protegerse. No obstante, incluso con la vigilancia de los adultos, estas personas suelen fallecer siendo aún muy niños, por quemaduras o lesiones de diversa índole..

No obstante, aunque el dolor sea un indispensable para poder seguir viviendo, hoy en día, afortunadamente, tenemos a nuestro alcance numerosas formas de aliviarlo o erradicarlo por completo.

 

 

El dolor y la medicina alopática

Dentro de la medicina convencional, contamos con una gran variedad de fármacos que son capaces de aliviar desde los dolores más habituales, como dolor de cabeza o dolores menstruales, hasta dolores crónicos o agudos. Entre ellos se encuentran:

AINES (antiinflamatorios no esteroideos):  aquí se incluyen el conocido paracetamol y el ibuprofeno, y se usan para dolores leves o en situaciones en las que necesitemos bajar la fiebre..

Analgésicos opiáceos débiles: en este grupo se encuentra los fármacos que contienen codeina, hidrocodona, etc. y son antiinflamatorios para dolores moderados.

Analgésicos opiáceos fuertes: se utilizan cuando hay dolores graves y entre ellos se encuentran, entre otros, la morfina y la metadona,

– Fármacos coadyuvantes: estos fármacos ayudan a que la respuesta analgésica sea mayor

Además, existen también, para dolores crónicos o agudos, unidades del dolor, que son una gran ayuda para mejorar la calidad de vida de los enfermos

 

 

El dolor y las terapias alternativas

Aparte de todos estos medicamentos, que pertenecen a la medicina alopática, contamos con terapias naturales o alternativas  que, en general, son menos conocidas. Existe una amplia gama de ‘remedios de la abuela’ que habíamos olvidado y otras terapias que nos llegan desde culturas milenarias.

Aquí te presento unas cuantas:

El calor: una buena manta eléctrica o un saquito de semillas caliente son métodos muy fáciles de utilizar y que nos ayudan a disminuir el dolor de forma rápida.

El hielo: es otra buena forma de reducir el dolor y la inflamación. Tras un golpe, podemos usar un paquete de hielo molido o, en su defecto, una bolsa de guisantes congelados, y notaremos un gran alivio inmediato.

El masaje : es una estupenda forma de relajar músculos y disminuir el dolor.

Fisioterapia: a través de ciertos ejercicios, el fisioterapeuta conseguirá recuperar la funcionalidad de la parte dolorida y también aliviará, poco a poco, el dolor.

Acupuntura: se trata una terapia energética con origen en China, que desbloquea el flujo de energía, estimulando, por medio de agujas, diversos puntos anatómicos del organismo. Dependiendo de la localización del dolor, el alivio podría ser inmediato.

Ayurveda: es un sistema de medicina tradicional india que data de hace más de 5.000 años. Este sistema aborda la curación de forma holística, integrando cuerpo, mente y espíritu. Se  centra en la eliminación de impurezas para reducir los síntomas de la enfermedad y el dolor.

Noesiterapia: técnica llevada a cabo y descubierta por el Dr, Escudero, médico cirujano español que significa curación por el pensamiento, del griego noesis: acción de pensar, y terapia: curación. Con el poder de su mente los pacientes consiguen mitigar su dolor e, incluso, llevar a cabo operaciones sin anestesia química.

Hipnosis:  por medio de la hipnosis se consigue que desde un estado de máxima relajación se obtenga el control sobre las emociones y sobre el cuerpo físico. De esta forma se obtiene un gran alivio en el proceso doloroso.

Yoga:  mediante diferentes posturas acompañadas por ejercicios respiratorios, se consigue una gran mejoría en numerosos procesos de enfermedad, así como en el alivio del dolor.

Meditación y control mental: la meditación es una herramienta muy poderosa para controlar el dolor. El dolor al fin y al cabo no es más que un reflejo mental que responde a un impulso eléctrico. Controlar la mente y calmarla ayuda a mitigar estos efectos.

Aromaterapia: a través del uso de perfumes y masajes con aceites esenciales se trabaja en la relajación y en los puntos dolorosos que pueda presentar la persona.

Además de todas estas opciones, es importante una profunda autobservación ya que, en ciertos dolores, sobre todo en casos del dolor crónico, pueden producirse círculos viciosos que es importante saber que existen.

Es habitual que cuando tenemos dolor procuremos generar cambios para controlarlo. Es posible que cambiemos el ritmo de la respiración o que cambiemos la postura. Estos cambios hacen que soportemos mejor el dolor, pero a la larga este podría incrementarse e, incluso, ampliar la zona dolorida.

También, el hecho de sufrir un dolor y no conseguir aliviarlo puede llevarnos a estados de depresión o ansiedad que a su vez pueden aumentar la sensación dolorosa, ya que nuestro cuerpo, en esos estados, no segrega las sustancias naturales que alivian el dolor.

Para poder convivir o aliviar el dolor, aunque solo sea en cierta medida, se hace evidente, una vez más, la importancia de una vida más contemplativa que mire hacía nuestro interior y hacía nuestras emociones y predisposiciones. Si yo me observo y me doy cuenta de cosas qué puedo modificar para conseguir una mejoría, será el primer paso que, acompañado de la terapia o terapias elegidas me lleve hacía la curación o la erradicación del dolor. Y en todo ello nos puede servir de gran ayuda la meditación.

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