Si echamos un vistazo a la despensa o el frigorífico de cualquier hogar, podremos encontrar infinidad de alimentos que han sido procesados. De hecho, la mayoría de ellos lo han sido.

Nuestro modo de vida ha propiciado que este tipo de alimentos estén cada vez más presentes en nuestra dieta. No tenemos tiempo para ir a comprar a diario y mucho menos para cocinar. De esta manera, cuando llegamos a casa nos alimentamos con cualquier cosa.

 

Fuente: Pixabay/kc0uvB

De hecho, podríamos hacer una distinción entre alimentos y comestibles. Los comestibles se pueden comer, como su nombre indica, pero tienen muy poco, o nulo, valor nutritivo. Los alimentos, sin embargo, además de poderse comer, llevan a nuestras células toda la nutrición necesaria para asegurar una perfecta salud.

Los alimentos procesados, al estar llenos de sabor resultan muy atractivos para las personas que los consumen. Lo que no nos preguntamos es por qué tienen tanto sabor. Sencillamente porque están cargados de grasas, de azúcar y de ingredientes artificiales que son los que les otorgan esa cualidad.


 

¿Qué son alimentos procesados?

Podemos decir que un alimento ha sido procesado cuando ha sufrido cambios o ha sido procesado de forma industrial antes de llegar a nuestra casa. Existen diversos grados de manipulación, pueden ser tan sencillos como el secado del alimento o la congelación o tan complejo como el hecho de crear fórmulas con un equilibrio adecuado en nutrientes.  El marketing realizado por las industrias alimentarias consigue que nos inclinemos por ese tipo de productos que prometen hacernos la vida más cómoda, aunque pocas veces sepamos si realmente son saludables o no.

No deberíamos pensar que los alimentos procesados son solo habituales en nuestra época. En tiempos muy remotos, nuestros antepasados ya utilizaban el procesado de alimentos. Se comenzó con el fuego y la cocción de los alimentos para continuar con la fermentación, el secado y la preservación con sal, por ejemplo.

Es cierto también que nuestros ancestros procesaban, sobre todo, para conservar los alimentos, sin dejar por ello de ingerir también los alimentos frescos que pudieran encontrar. En la sociedad actual, sin embargo, utilizamos estos alimentos como una forma de ahorrar tiempo que nos hacer desplazar a un lugar insignificante los alimentos no procesados.

Tipos de alimentos procesados

Podríamos clasificarlos según el grado de procesamiento que se ha llevado a cabo:

  • Alimentos poco procesados: se preparan para hacer más fácil su consumo. Entre ellos se encuentran los frutos secos pelados, las verduras ya lavadas y cortadas, pero a ninguno de ellos se les ha añadido ningún ingrediente.
  • Alimentos sometidos a pequeños tratamientos: en estos alimentos se lleva a cabo algún tipo de proceso. Los alimentos congelados o cocidos, las latas de conservas o las verduras congeladas.
  • Alimentos que llevan ingredientes añadidos: estos alimentos llevan incorporados ciertas sustancias que mejoran o cambian sus propiedades. Se trata de que su sabor o apariencia mejoren. Aquí estaremos hablando de edulcorantes, conservantes y colorantes.
  • Alimentos bastante procesados: son alimentos que son adecuados para consumir de forma inmediata y que han sido sometidos a un gran procesamiento. Entre ellos encontramos las patatas chips, los embutidos, las galletas, etc.
  • Alimentos muy procesados: estos son los alimentos que vienen listos para introducir en el horno o microondas, como por ejemplo las pizzas o los platos preparados congelados.

Fuente: Pixabay/stevepb

¿Qué sustancias contienen los alimentos procesados?

Algunos alimentos procesados contienen ciertas sustancias que repercuten negativamente sobre nuestra salud, como por ejemplo:

Sulfito de sodio: en algunas personas sensibles a este conservador se ha visto que puede producir erupciones cutáneas, dolores de cabeza o problemas respiratorios.

Azúcar y grasas: el exceso de azúcares y grasas de dudosa calidad contribuyen al aumento de peso y a un gran número de problemas cardiovasculares,

Glutamato monosódico: se utiliza como potenciador del sabor y, según el neurocirujano Russel Blaylock, es una excitoxina capaz de dañar seriamente nuestro cerebro

¿Por qué debería reducir los alimentos procesados?

Por mucho que estos alimentos contribuyan a aliviarnos del trabajo de cocinar no debemos de olvidar algunos de los inconvenientes de consumirlos, sobre todo en exceso.

Para comenzar, podemos darnos cuenta de que al pasar de ser un producto fresco a un producto procesado ha perdido parte de sus minerales, vitaminas, fibra y contenido acuoso.

Este tipo de alimentos suelen aportar también cantidades muy elevadas de sodio y bastante bajas en potasio. El sodio en exceso no beneficia a nuestro organismo, además, el equilibrio entre el sodio y el potasio es muy importante para mantener la tensión arterial en sus niveles óptimos.

As mismo, el exceso de grasas y azúcares, como hemos visto más arriba, no es la mejor opción para una dieta equilibrada y saludable.

Como ya hemos visto, estos alimentos poseen poca calidad nutritiva y una alta concentración de calorías. Han sido creados para ser asociados a sensaciones de placer y consiguen engancharnos de la misma forma que la haría una droga. Además si los comparamos con los alimentos frescos y naturales, el precio es bastante más elevado.

No obstante, podemos decir que el mayor problema al consumirlos es que están muy relacionados con el riesgo de padecer numerosas enfermedades como la diabetes, el cáncer, la depresión o la obesidad.

Fuente: Pixabay/ErikaWittlieb

Opciones más saludables

Aunque hayamos sido acostumbrados a consumir de forma habitual alimentos procesados, no resulta muy difícil volver a una comida más saludable.

Podrías tratar de evitar comprar durante tres meses aquello que «tu abuela no sabría qué es«. Esa sencilla regla te llevará a comprar alimentos frescos, y de temporada, que te harán mucho bien. Si además de esto, consigues que la mayoría de cereales que consumas sean integrales, tu dieta se enriquecerá muchísimo al aportarte una gran cantidad de fibra, minerales y vitaminas del grupo B, sobre todo.

Cuando sientas ganas de comer dulce puedes optar por tomar unas pasas, dátiles o cualquier fruta fresca que te llenará de energía y minerales con muy pocas calorías.

Y sobre todo, date cuenta de que el hecho de dedicar un poco de tiempo para cocinar una comida, en lugar de abrir un paquete o una lata, es un acto de amor a ti mismo o a los demás. Una sopa de sobre, por ejemplo, nada tiene que ver con una sopa cocinada a fuego lento con cariño. ¡Que no te engañen!

RECUERDA: la base para disfrutar de una buena salud está muchas veces en cambiar nuestros hábitos, tal y como propone el método Crear Salud. Necesitamos nutrirnos adecuadamente y activarnos haciendo cosas que aporten a nuestro bienestar integral. 

Además, para cuidar nuestra mente, existen herramientas como la app Siente – que puedes descargarte aquí  que pueden ser grandes aliadas en tu camino a una vida saludable. Su metodología es sencilla de usar, pues incluye el mindfulness y la psicología positiva para mejorar tu bienestar, reducir el estrés y, de paso, ser más feliz.


 

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