Muchos productos de alimentación ya vienen con un eslogan que dice “sin conservantes ni colorantes”. Con el tiempo se ha ido adquiriendo una mayor consciencia de cómo este tipo de aditivos perjudican a nuestra salud. Por eso muchas personas antes de comprar un alimento miran la etiqueta para ver que le han añadido. A lo largo de este texto veremos para qué existen los conservantes artificiales y en qué medida pueden llegar a perjudicarnos.

En la actual industria alimentaria la principal motivación es que los alimentos tengan un largo periodo de vida útil, que su consumo tenga una fecha prolongada, y que tanto el sabor, como el color y la textura permanezcan intactos y no se deterioren con el paso del tiempo. Bajo estos retos, los aliados son algunos de los químicos más utilizados. Pero ¿sabemos lo que estamos comiendo?

¿Por qué existen los conservantes artificiales? ¡Evítalos!

Fuente: Pixabay/ponce_photography

Tenemos una idea nociva sobre lo que suponen los conservantes y los colorantes artificiales. ¿Hasta dónde llega su peligro? ¿En qué tipo de cosas nos perjudican más? Muchos de estos interrogantes serán los que iremos desvelando.

Quizás no sepas todavía demasiado bien, cuál es el papel de estos componentes que están presentes en la mayoría de los alimentos que compras a diario, para qué sirven los aditivos y las diferencias que hay entre ellos. Los conservantes que se utilizan pueden ser tanto naturales como artificiales. A continuación veremos los que habitualmente son los más utilizados y con cuáles tenemos que llevar más cuidado, con la intención de evitarlos en beneficio de nuestra salud.

¿Cómo nos perjudican los conservantes artificiales?

Los conservantes artificiales sirven como aditivo para conservar durante un periodo mayor de tiempo los alimentos, evitando su deterioro. Para nosotros los consumidores estos alimentos tienen unas grandes ventajas útiles, ya que nos permiten almacenar productos durante mucho más tiempo. Esto, por supuesto, también es una gran ventaja para la industria alimentaria, puesto que les permite poner sus productos en el mercado a través de un proceso de distribución, que al carecer de conservantes sería prácticamente imposible.

Como hemos dicho anteriormente, muchos alimentos de los que consumimos habitualmente están cargados de conservantes y aditivos artificiales. Estos componentes, tal y como veremos pueden suponer un peligro para nuestra salud.

Los conservantes más peligrosos para nuestra salud, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), son los que suelen estar presentes en productos como: los cereales del desayuno, chicles, patatas fritas y aceites vegetales. Estos dos conservantes artificiales a los que debemos de prestar una especial atención son: butilhidroxianisol (BHA) y hydrozyttoluene butilado (BHT). Se pueden encontrar en la etiqueta como E320 o E321. Son especialmente negativos para el sistema neurológico, y al consumirse en gran cantidad pueden afectar en ciertos tipos de cáncer. Estos conservantes sirven para que estos alimentos no cambien el color y el sabor, además, ayudan a que no se pongan rancios.

Otro de los conservantes más utilizados, que también tiene consecuencias graves para nuestra salud es el nitrato de sodio. Se utiliza especialmente en alimentos como: envasado de carnes procesadas y pescados ahumados como el salmón o el bacalao. Esta sustancia química también suele estar presente en el jamón cocido, la mortadela y las famosas salchichas “Hot dog”. Este conservante está en el punto de mira desde hace tiempo, ya que es un conservante artificial altamente cancerígeno que en contacto regular con nuestro sistema digestivo. Las autoridades que regulan las normativas de los alimentos han intentado en varias ocasiones prohibir el uso de estos conservantes en los alimentos.

Fuente: Pixabay/PublicDomainPictures

El propilgalato, es otro de los conservantes artificiales más perjudiciales para nuestra salud. Suelen llevarlo algunos tipos de carnes. Sobre todo lo llevan los caldos envasados y las sopas instantáneas de sobre. Los expertos en nutrición alertan de que un uso continuado de este conservante puede provocar ciertos tipos de cáncer. Este conservante aparece en la etiqueta como E310.

Estos son algunos de los conservantes artificiales más dañinos que debes de evitar. Fíjate cada vez que vayas a comprar un producto del supermercado, pon atención a la etiqueta para ver todos sus ingredientes. En la medida de lo posible es aconsejable que evites los conservantes que te hemos señalado. Los nutricionistas y expertos recomiendan mirar siempre las etiquetas del producto para que seas consciente de lo que consumes.

¿Cómo evitar estos conservantes artificiales?

Evidentemente, sabemos que no es nada fácil evitar los alimentos que contienen conservantes artificiales, ya que los contienen la mayoría de alimentos que consumimos. Sin embargo, al haber cada vez consumidores más conscientes de esto, también se demandan más productos frescos, naturales y ecológicos. Muchos alimentos ya ponen en su etiqueta “sin conservantes ni colorantes artificiales”. Algo que, sin duda, ofrece una garantía de confianza.

Estos conservantes son imprescindibles en muchos casos, ya que como hemos indicado sirven para que el producto aumente su vida útil, conservando su aspecto y sabor a lo largo del tiempo. Lo importante es que tengas un poco más clara tu manera de actuar ante este tipo de alimentos y procurar no consumirlos habitualmente. Ante ciertos productos quizás no puedas evitar estos conservantes, lo que si puedes hacer es tener un consumo responsable. Y siempre que puedas evitarlos, te aconsejamos que los evites.

conservantes pan

Fuente: Pixabay/Meditations

En definitiva, siempre habrá alimentos que contengan este tipo de conservantes ya que son necesarios para que se mantengan bien conservados a lo largo del tiempo. Aunque algunos de ellos como los que hemos detallado posiblemente puedan ser sustituidos por otros menos perjudiciales para la salud.

Otros muchos alimentos tienen conservantes naturales como la sal y el azúcar, que también en gran cantidad pueden resultar perjudiciales. Ayudan a prevenir el deterioro de los alimentos y son productos de un mercado creciente que tiene una gran demanda que mueve miles de millones al año.

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