Todos los seres humanos saben, intuitivamente, lo que significa el sentimiento de pertenecer a un grupo, sentirse identificado con el resto de sus miembros, compartir experiencias, emociones y metas. La familia, el grupo de amigos o el equipo deportivo son ejemplos de los grupos a los que las personas suelen pertenecer.

Pero ¿qué es lo que hace que una persona se sienta tan vinculada a un grupo? ¿Qué grado de sentimiento de integración es normal y cuándo se convierte en un problema?¿Qué factores influyen?¿Cambian los sentimientos de pertenencia a un grupo a lo largo de su vida? Si sigues leyendo, sabrás la respuesta.

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Los antecedentes teóricos del sentido de pertenencia

El sentido de pertenencia es definido como “un sentimiento de arraigo e identificación de un individuo con un grupo o con un ambiente determinado”. Maslow (1954), psicólogo humanista que planteó la Teoría de la Pirámide de las Necesidades Humanas, colocaba la necesidad de pertenencia a un grupo como las segunda necesidad humana más importante, después de las necesidades fisiológicas.

Otros muchos autores coinciden en la importancia de este sentimiento para el desarrollo cognitivo, el comportamiento de la persona, su salud y su bienestar. A raíz de este sentimiento se crea la vinculación con el grupo. Este último concepto hace referencia a la unión de la persona con el grupo y los miembros del grupo al que se siente vinculado. Una persona sin vínculos, sin grupos a los que sentirse unido, desemboca en tristeza, soledad, ansiedad y depresión.

Cómo influye en la identidad del Yo

Conforme el individuo va creciendo, va ampliando los grupos a los que se siente unido. Así, cuando somos muy pequeños, el primer grupo al que pertenecemos es la familia. Posteriormente, en la etapa de escolarización, los grupos de amigos, el sentimiento de unión a la escuela, a grupos deportivos o aficiones determinadas van construyendo la propia identidad del niño.

Según cómo nos vean los demás, el afecto que nos proporcionen, los mensajes que recibamos de ellos, harán que nos veamos de una determinada manera. Tendremos un lo que se llama autoconcepto de nosotros mismos.

Este sentimiento tiene una relevancia especial en los jóvenes, ya que es una etapa en la que se busca activamente una identidad con la que se sientan cómodos, queridos y valorados.

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Factores positivos que aporta la vinculación a un grupo

  • Nos ayuda al crecimiento personal continuo, ya que se viven experiencias junto con otras personas a las que nos sentimos unidos.
  • Nos proporciona un ambiente de confianza y respeto, esto es fundamental para cualquier ser humano. Sentirse comprendido y querido es fundamental para la salud.
  • Nos hace mantener buen estado de ánimo, sentirnos reconocidos y valorados por los demás.
  • Nos da la oportunidad de participar en ritos, rutinas y actividades junto a otras personas: por ejemplo, acudir a partidos de fútbol o salir un viernes por la noche con el grupo de amigos.
  • Nos aporta apoyo y cuidado en momentos que pueden ser malos para nosotros.
  • Los grupos que siempre se ven o quedan en los mismos lugares, o por ejemplo la familia en el hogar, proporcionan sentimiento de seguridad física. Ya no son solamente las personas que se unen, sino el lugar donde lo hacen. Comidas familiares, clubs de juego o deportivos son entornos conocidos y seguros.
  • Nos sentimos unidos a otras personas emocionalmente, las queremos, es así de sencillo.
  • Compartir metas es, además, muy habitual en ciertos grupos, por ejemplo, de estudios, profesionales, deportivos o laborales.

Pero no todo son consecuencias positivas, hay aspectos de la vinculación con ciertos grupos que pueden llegar a ser perjudiciales, sobre todo cuando se trata de grupos que piden un alto grado de fidelidad de la persona. Poniendo un breve ejemplo, se entenderá a qué nos referimos. Una secta religiosa, que realiza ciertos ritos y actividades destructivas, exige cantidades de dinero a sus miembros, castiga gravemente al miembro que se sale del cumplimiento de las normas, que suelen ser estrictas y a veces irracionales.

Este ejemplo no es lo habitual, pero así se puede comprender lo que tienen de negativo, en ocasiones, hasta los grupos más sanos.

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Aspectos negativos de la vinculación a los grupos

Partimos de que el sentimiento de pertenencia no es el mismo en todas las personas y que cambia a lo largo del tiempo, conforme se va madurando, cambiando de estilo de vida, de trabajo y de lugar de residencia. A veces, por muchos factores, no se puede mantener la adhesión a un grupo, y entonces se causa un daño en la identidad de la persona, sobre todo si:

  • Se produce algún tipo de transgresión de un miembro del grupo hacia otros, ya sea de manera violenta o porque se rompe la confianza. La falta de fidelidad de algún miembro siempre es considerado negativamente por el grupo, la diferencia es la forma de resolver esta situación. Porque no todos los grupos son igual de flexibles.
  • Cuando todo el grupo es atacado desde fuera, perseguido o desprestigiado, puede hacer que los miembros comiencen a perder esa unión entre ellos por miedo a las consecuencias.

A esto se les llama crisis de identidad grupal, que también influye en la identidad de la persona. Esto puede ser negativo porque las personas solemos estar vinculadas en grupos que nos aportan en su mayor parte dando soporte, autoestima y apoyo emocional.

Como conclusión, podemos decir que el sentido de pertenencia nos da una identidad desde que somos niños, que el primer grupo al que pertenecemos es nuestra familia, que conforme crecemos esos grupos van cambiando y van ayudándonos a crecer como personas, a socializarnos y a abrirnos al mundo, a tener una determinada identidad. La vinculación a un grupo nos da seguridad, nos hace sentir que pertenecemos a una comunidad, que no estamos solos. Por nuestro grupo, ya sea familia, amigos o empresa, hacemos cosas de manera desinteresada. Si todo va bien en nuestro grupo, nosotros nos sentiremos mejor.