La epigenética estudia los mecanismos biológicos que activan y desactivan los genes. A su vez, la acción de tus genes afecta directamente a tu bienestar y salud. Más concretamente, este campo de la ciencia explica los cambios genéticos que no dependen del ácido desoxirribonucleico, también conocido como ADN. Por el contrario, se centra en las alteraciones que se producen por factores externos.

Se cree que hay factores que pueden condicionar el historial médico y las enfermedades que sufres a lo largo de tu vida. Tanto es así, que, gracias al estudio de esta disciplina y de los cambios epigenéticos, en un futuro relativamente próximo, el ser humano estará en disposición de:

– Curar el cáncer.

– Retrasar el envejecimiento.

– Evitar la enfermedad de Alzheimer.

– Erradicar la obesidad.

Para entender algo más sobre ello, primero es necesario aclarar algunos conceptos de bioquímica y genética.

Bioquímica y genética

Los genes están compuestos de ADN y son el modelo molecular que te hace único. El código del ADN es una combinación singular que heredas de tus padres. Todas las instrucciones necesarias para dirigir tu actividad biológica están contenidas en ese código.


 

Tu ADN se compone de, aproximadamente, 3 mil millones de bases de nucleótidos. La secuencia o el orden de esas bases es lo que determina, por ejemplo, cuánto crecerás, de qué enfermarás y cuándo morirás. Curiosamente, la secuencia humana es, en su mayoría, similar a la de un chimpancé. Solo una pequeña fracción nos diferencia y nos convierte en seres humanos.

Los genes son secuencias específicas de bases que proporcionan instrucciones sobre cómo producir proteínas importantes, moléculas complejas que desencadenan diversas acciones biológicas para llevar a cabo funciones de la vida.

Relación con la salud

La epigenética, esencialmente, afecta a la forma en que las células leen los genes y, posteriormente, cómo producen proteínas. Ciertas circunstancias en la vida pueden hacer que los genes se silencien o se expresen.

De esta forma, lo que comes, dónde vives, con quién interactúas, cuándo duermes, cómo haces ejercicio e incluso el envejecimiento, puede causar modificaciones químicas que activan o desactivan esos genes. Además, en ciertas enfermedades, como el cáncer o la enfermedad de Alzheimer, varios genes cambian al estado opuesto, lejos del estado normal y saludable.

A pesar de que todos somos humanos, entre nosotros hay muchas diferencias. Las combinaciones de genes que se activan o desactivan es lo que nos hace únicos. Además, hay indicios de que algunos cambios epigenéticos pueden heredarse.

De esta forma, si pudiéramos mapear cada causa y efecto de las diferentes combinaciones, y si pudiéramos revertir el estado de determinados genes para mantener lo bueno y eliminar lo malo, entonces, teóricamente, podríamos curar el cáncer, retrasar el envejecimiento o detener la obesidad.

El bienestar

Los genes que heredamos de nuestros padres son aleatorios. Esa ruleta genética, a su vez, determina, al menos en parte, qué enfermedades tenemos más riesgo de desarrollar durante nuestras vidas.

Pero en las últimas décadas, los científicos han aprendido que el ADN por sí solo no marca tu destino. La epigenética también desempeña un papel en el aspecto de tus planos de ADN.

De hecho, es posible transmitir estos cambios, que no son alteraciones permanentes del genoma sino creados por la exposición a agentes externos, como:

– El tabaco.

– Los contaminantes ambientales.

– La dieta.

– Los comportamientos y estilo de vida.

– El estrés.

Transmisión de cambios de padres a hijos

Los estudios muestran que algunos cambios epigenéticos podrían transmitirse de una generación a otra, pero, todavía es una pregunta abierta hasta qué punto eso sucede.

En un estudio, investigadores analizaron cómo se forman los óvulos y los espermatozoides, conocidos como células de la línea germinal, en un embrión. Descubrieron que estas células se someten a un tipo de borrado epigenético. En él se eliminan todos los factores condicionantes que provienen del óvulo de la madre y del esperma del padre. Con ello, el feto en crecimiento puede crear su propio óvulo o esperma de tabula rasa, dependiendo de su sexo.

Se cree que este es un mecanismo diseñado para eliminar la información epigenética antes de la transmisión del genoma a la próxima generación, casi como si intentara limpiar el genoma y prevenir la transmisión de la llamada información dañina.

Sin embargo, alrededor del 5 % de los cambios no se eliminan, y esto puede explicar cómo algunos cambios reaparecen en la descendencia de los padres, incluso si no son alteraciones permanentes del genoma.

Beneficios y riesgos de heredar los cambios

Algunos estudios han encontrado que cierto núcleo de genes puede escapar de la limpieza epigenética. Estos genes están implicados predominantemente en la función de las células nerviosas y cerebrales, así como en las condiciones metabólicas, por lo que podrían impactar preferentemente en condiciones como la obesidad y la esquizofrenia.

Por lo tanto, puede ser que la transmisión de algunos cambios epigenéticos de una generación a la siguiente sea algo bueno, un tipo de mecanismo de defensa, aunque todavía no está claro cuál es el equilibrio correcto. Probar la herencia epigenética no siempre es sencillo y hay muchas investigaciones en curso.

Cambios genéticos

En organismos con genomas más grandes, una sola mutación puede esconderse como una aguja en un pajar. Los investigadores enfrentan el desafío adicional de que los cambios epigenéticos son transitorios por naturaleza.

Es decir, el epigenoma cambia más rápidamente que el código de ADN relativamente fijo. Un cambio epigenético provocado por las condiciones ambientales puede revertirse cuando las condiciones ambientales cambian nuevamente.

Salud y bienestar

Por todo ello, la epigenética puede ser la llave para muchos de los avances médicos que se prevén en un futuro no muy lejano. El bienestar y la salud de la raza humana pueden verse beneficiados con cambios de una magnitud que hoy es prácticamente inimaginable.

Todo apunta a que la dieta, el estilo de vida, el estrés y el entorno afectan a nuestra salud de una manera incluso más intensa de lo que pensábamos hasta hace poco.

No obstante, si la ciencia y la medicina continúan avanzando en el conocimiento de estas funciones que regulan el comportamiento génico, puede que muchos de los males y enfermedades que hoy nos afectan, pronto sean cosa del pasado.

¿La meditación puede cambiar nuestros genes?

Un estudio de la Universidad de Wisconsin-Madison ha ha mostrado indicios de que la práctica de la meditación podría ir más allá de la distensión muscular y podría general una alteración en los genes. Observaron que había alteraciones y bajaba la regulación de los genes RIPK2 y COX2 que están relacionados con el proceso inflamatorio que conlleva una recuperación más rápida ante una situación de estrés. Además otros estudios previos han evidenciado cómo la meditación podría moldear ciertas áreas de materia gris cerebral conectadas a la memoria o a la empatía.

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