El sentimiento y la emoción de los celos es algo que todas las personas hemos experimentado alguna vez bajo ciertas circunstancias, y como bien sabrás no es algo sencillo de manejar. Lo importante es que atendamos a que esta emoción que se puede despertar en nosotros, tiene un sentido y una intención, nos alerta de que algo ocurre. ¿Es posible aprender de los celos?

Al igual que cualquier otra emoción, los celos nos avisan de que hay algo en nuestro entorno a lo que debemos de atender. En la gran mayoría de las sociedades los celos se manifiestan, ya sea de una forma u otra, por lo que nos guste o no forman parte de nuestro repertorio de acciones sociales como seres humanos.que somos.  Estamos hablando, por lo tanto, de una emoción social que es adaptativa y, por ende, tiene su función.

Pocas veces comprendemos a qué se deben nuestros celos, no es una emoción que tengamos en estima, generalmente nos desagrada y le damos una idea equivocada. Incluso se llega a pensar que los celos tienen algo que ver con el amor, que es proporcional, y es así como muchas personas intentan provocar celos, como si estos formaran parte de una prueba de amor. Cuando lo cierto es que nada tienen que ver con este sentimiento.

Para que entiendas mejor a que se deben los celos, cómo se manifiestan e incluso de dónde proceden. Te animamos a que prestes atención a lo que a continuación vamos a exponerte. Comprobarás como en vez de luchar contra tus celos puedes utilizarlos para conocerte mejor y aprender a gestionarlos, como con cualquier otra emoción.

Cuándo comenzamos a sentir celos

Los celos comenzamos a sentirlos ya desde una edad muy temprana. Su función al estar asociada a que atendamos, cuidemos y nos orientemos hacia lo que más importancia tiene para nosotros. Aparecen como una alarma ante nuestros cuidadores, cuando somos bebés. Esta emoción la aprendemos como un recurso de supervivencia, para que nuestro principal cuidador no nos desatienda y nos preste la atención que necesitamos. Comenzamos a llorar y patalear si, por ejemplo, nuestra madre presta más atención a nuestro hermano, o a alguna otra persona.

Madre con bebé
Pixabay / PublicDomainPictures

Así es cómo comienza la activación de lo que son los celos en su forma más simple. Los aprendemos desde la infancia, intentando atesorar y asegurarnos una atención que en ese momento es crucial para nosotros. Comenzamos a desarrollar vínculos especiales con las personas que nos protegen y cuidan de nosotros, y mediante estas vinculaciones iniciamos todo un proceso de estrategias para asegurarnos su afecto.

En este periodo también es cuando aparece la seducción. Tratamos de conseguir gustar a través de un repertorio de actitudes que suscitan ternura y cariño. De esta manera nos aseguramos acceder a lo que queremos y necesitamos, como la seguridad y el cuidado.

En el desarrollo de los celos, las vinculaciones que mantenemos desde la infancia hasta el periodo de adultez se van volviendo más complejas, al igual que nuestras necesidades. Y al igual que el resto de emociones pueden surgir problemas si no aprendemos a gestionarlos. Acaban siendo un problema cuando los experimentamos con gran intensidad, frecuencia y duración. Se vuelven algo molesto e interfieren en cómo nos vinculamos. Cuando se escapan de nuestro control pueden incluso resultar dañinos.Se pueden convertir incluso en un trastorno. La celotipia es la psicopatología de cuando llevamos al extremo los celos, interfiriendo en todas las áreas de nuestra vida.

Los celos pueden ser perjudiciales tanto para la persona que los experimenta como para la persona con la que se tienen esos celos. Como hemos visto comienzan en nuestra infancia, y acabamos trasladándolos a nuestras amistades y parejas. Es importante que los atendamos y veamos de dónde provienen, sobre todo para que entendamos que nadie nos los provoca, sino que son una alarma para que nos adentremos en cuestiones que no hemos sabido resolver en nuestro modo de vincularnos, ya sea con nosotros mismos como con los demás.

¿Los celos son una emoción, un sentimiento o una pasión?

En primer lugar hay que comprender cuando los celos forman parte de nuestras emociones, de nuestros sentimientos o de nuestras pasiones. No son solo una cosa, se pueden ir transformando dependiendo de cómo los vivamos. Según el autor Enrique Echeburúa los celos pueden ser las tres cosas y se diferencian de la siguiente manera:

  • Son una emoción cuando son transitorios y responden a un modo momento y circunstancia concreta.
  • Son un sentimiento cuando se alojan en nuestros pensamientos y se vuelven recurrentes. Generándonos una sensación de pérdida que nos alerta para que estemos pendientes.
  • Son una pasión cuando nos invade el desasosiego, nuestros pensamientos se descontrolan, se vuelven obsesivos y aparece el miedo. Sospechamos de cada situación y nos generan angustia y sufrimiento. Necesitamos controlar y retener a la otra persona para aliviar nuestros pensamientos intrusivos.

Cualquier persona que llegue a un estado psicopatológico de los celos pasa por estos tres estados, llegando finalmente a la pasión, donde sus sensaciones se manifiestan en su cuerpo, su mente y en su comportamiento. Cuando una persona llega a este estado se convierte en algo peligroso, necesitando urgentemente de ayuda psicológica.

Mujer con celos
Pixabay / dotigabrielf

¿Cómo se desarrollan y se manifiestan los celos?

Se convierten en una especie de rivalidad en la que el sujeto A tiene un especial vínculo con el sujeto B, y se siente celoso por el sujeto C. Esto ocurre porque el sujeto A percibe que el sujeto B atiende al sujeto C más que a él. Estos celos son normales, y se gestionan a través de la comunicación. Mostrando nuestra preocupación e intentando comprender la situación podemos aprender mucho acerca de lo que nos molesta, por qué nos molesta, y cómo podemos darle solución. Sin pretender controlar ni arrebatar la libertad de la otra persona.

Cuando esos celos se vuelven desproporcionados dejan de ser normales. La rivalidad que tiene el sujeto A con el sujeto C tiene más relación con su fantasía e imaginación que con la realidad. Esto le supone una gran inseguridad personal, baja autoestima y activación de sus miedos; generando pensamientos que concuerden con sus sospechas. A esto le sigue la rabia, el malestar, la tristeza y el propio conflicto interno que no le deja vivir con tranquilidad.

Los celos para poder mantenerlos a raya, tenemos que saber que proceden de nuestra inseguridad, de un apego dependiente hacia la otra persona, y que intentar controlar su vida no es para nada la solución. Para que no desemboquen en una psicopatología la comunicación y el autoconocimiento son esenciales.

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