En nuestro desarrollo como individuos sanos resulta imprescindible mantener relaciones con otros seres humanos. Las relaciones positivas aportan una serie de beneficios insustituibles. Por lo que merece la pena, en estos tiempos tan difíciles para relacionarnos unos con otros, dedicar un espacio a reflexionar sobre cómo podemos mejorar nuestros vínculos…

En una vida plena, llena de satisfacción y alegría, no pueden faltar las relaciones humanas. Los vínculos que creamos con otras personas influyen y determinan, de algún modo, nuestro desarrollo personal. Aprendemos a conocernos a través de los demás, y nuestra principal fuente de valores personales se ve enriquecida a través del contacto con otros seres.

Es intrínseco a nuestra naturaleza, necesitamos relacionarnos con otras personas. Gracias a esto hemos evolucionado, y nuestros cerebros han ido desarrollándose hasta ser lo que son hoy día. Nuestra capacidad cognitiva, para reflexionar, emplear conceptos, hacer uso de la tecnología y adquirir aprendizajes valiosos de todas nuestras experiencias, hace del ser humano un ser vivo excepcional. Esto a contribuido a su vez que las relaciones y vínculos que se crean resulten cada vez más complejos y difíciles de comprender.

El mundo actual en el que vivimos, debido al capitalismo y la globalización, ha hecho que seamos cada vez más individualistas y competitivos. Los malos entendidos, los conflictos, las envidias, los celos; así como multitud de sentimientos negativos que hemos ido interiorizando acerca de los demás, nos han ido separando y aislando los unos a los otros. Relacionarse de forma positiva cada vez resulta más una utopía. Sin embargo, a lo largo de este artículo veremos como aún queda esperanza, ya cada uno de nosotros podemos hacer lo necesario para generar vínculos y relaciones positivas.

Inteligencia social y creación de relaciones positivas

El concepto de inteligencia social aparece para dar explicación a la manera en cómo nos relacionamos con los demás. La inteligencia social  nos ayuda a comprender las relaciones como una habilidad que podemos ir mejorando con el tiempo. A través del aprendizaje, también vamos adquiriendo una mayor capacidad para vincularnos de una forma más saludable y constructiva, que nos beneficie a todos.

La necesidad de este concepto no es reciente, ya que proviene del psicólogo Edward Thorndike en 1920. Dicho autor introdujo este concepto resaltando la importancias de las relaciones sociales. Desde cómo nos influyen en nuestra vida cotidiana a lo que suponen en nuestro desarrollo personal.

En un mundo como el de hoy día, en el que vivimos enganchados a las redes sociales, al compartir nuestra intimidad con todo tipo de personas, y donde las relaciones son más superficiales que nunca; se comprende que necesitemos adquirir ciertos valores que nos llevan a generar relaciones más positivas, con un mayor contacto y profundidad.

Sé amable con todos, sociable con muchos, íntimo con pocos, amigo de uno, y enemigo de nadie.
Benjamin Franklin

Desgraciadamente, actualmente se vive una crisis en cuanto a inteligencia social. Debido a las sociedades que hemos creado, vivimos cada vez más pendientes de nuestras propias luchas personales, y no somos conscientes del impacto que nuestros comportamientos tienen, tanto en el mundo en el que habitamos como en el entorno en el que convivimos. Sucede por la falta de empatía, de comprensión y tolerancia.

Hay ciertos aspectos que debemos considerar para la creación de relaciones positivas. Sin embargo, antes de nada hemos de saber en qué consiste una relación positiva. Este tipo de relación se basa en el respeto mutuo, en la consideración por los derechos de la otra persona, la comprensión y la empatía. Las relaciones positivas suman, no restan. Nos aportan multitud de experiencias constructivas, de las cuales aprender.

Nuestra autenticidad y presencia juegan un papel fundamental a la hora de crear relaciones positivas y significativas. Las amistades que creamos son beneficiosas y positivas cuando están basadas en compartir y dar lo mejor de cada uno. No están basadas en el interés, esperando a ver qué es lo que se recibe.

¿Qué supone crear relaciones positivas?

Más que nunca necesitamos de este tipo de relaciones. Enfrascados en nuestras preocupaciones nos perdemos de vista los unos a los otros. Tenemos una gran necesidad de liberar nuestras tensiones, expresar nuestros pesares y angustias. No sabemos de qué manera gestionar eso, y nos precipitamos en hacerlo de cualquier manera.

La creación de relaciones positivas requiere de un proceso, de comprensión y profundización. No podemos pretender crear interacciones que resulten positivas sin invertir tiempo y dedicación. Las buenas relaciones se construyen y se van enriqueciendo con el tiempo. A este tipo de relaciones podemos llamarlas positivas cuando existe una reciprocidad, compartiendo experiencias mutuas, muestras de cariño y de interacción íntima. Son relaciones constructivas que favorecen el desarrollo personal, por lo tanto no tienen nada que ver con las relaciones destructivas; cargadas de rechazo, exigencias, falta de escucha, falta de aceptación, empatía y comprensión.

El modo en cómo nos vinculamos con los demás, tiene que ver, por supuesto, con nosotros mismos. Estamos más predispuesto a gozar de relaciones positivas cuando hemos adquirido cierto equilibrio y satisfacción en nuestras vidas. Nuestra madurez, escala de valores y entendimiento hacia nosotros mismos, favorecerán que establezcamos vínculos valiosos. Es evidente que no podemos tratar bien a los demás, si antes no nos tratamos bien a nosotros mismos…

Crear relaciones positivas y vínculos satisfactorios supone que veamos antes, como caemos en la manipulación, en el chantaje, en la falta de empatía y de honestidad. Supone considerar la relación con el otro como un espejo, en el que inevitablemente veremos reflejadas todas nuestras carencias y falta de aceptación hacia lo que somos. Por eso las relaciones cuando son positivas nos sirven para conocernos mejor a nosotros mismos. Ya que en la interacción es donde nace nuestro desarrollo personal.

Evitar la interacciones con otras personas, por miedos, desconfianza, inseguridades y malas experiencias; solo entorpece la creación de relaciones positivas, favoreciendo el aislamiento y las relaciones destructivas. Ya que de un modo u otro no podemos escapar de la interacción y las relaciones, intentemos que estas sean lo más beneficiosas posibles.

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