Si tu hijo se distrae con facilidad y te resulta especialmente difícil controlarlo, llegando a causar muchos problemas, es posible que padezca los síntomas propios del TDH. El TDH son las siglas de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. En nuestra sociedad occidental cada vez son más los niños que padecen de este trastorno siendo común que se produzca especialmente en la infancia.

Sabemos bien que los niños a ciertas edades es habitual que estén más inquietos, nerviosos y se distraigan con una mayor facilidad. Esto forma parte del carácter y el temperamento de muchos niños. Sin embargo, existen algunas condiciones que son las que se salen fuera de lo normal según los expertos.

¿Cuándo se hace el diagnóstico del TDH?, ¿para qué se hace? y ¿qué supone que diagnostiquen a mi hijo de este trastorno?. Estas preguntas son las que habitualmente suelen hacerse todos los padres. El primer impacto cuando un profesional te dice que tu hijo puede que esté sufriendo este trastorno es la preocupación por saber a qué se debe el TDH y cómo puede solucionarse.

¿Qué es el TDH?

El Trastorno de déficit de atención por hiperactividad está considerado como un trastorno neurológico que se diagnostica especialmente en la infancia, aunque también hay casos de diagnostico en la adolescencia y algunos que se pueden llegar a dar incluso en la edad adulta.


Los niños que sufren de esta problemática tienen dificultades para prestar atención, se distraen con facilidad y poseen una capacidad muy baja de concentración, por lo que dejan las tareas a medio con una gran dificultad para finalizarlas (déficit de atención). También presentan una gran inquietud motora y exceso de energía, por lo que están moviéndose y yendo de un sitio para otro constantemente (hiperactividad).

La conducta de estos niños es difícil de manejar. Suelen sacar de quicio a cualquier persona que esté cerca, los padres acaban desbordados sin saber qué hacer, puesto que suelen meterse en problemas debido a su comportamiento impulsivo. Su inestabilidad emocional hace que se desesperen con facilidad y expresen sus emociones de una manera caótica e intensa.

Las personas que padecen de este trastorno son las primeras que sufren sus consecuencias ya que, evidentemente, interfiere en todas las áreas de su vida, causándoles problemas en su desarrollo social, cognitivo y emocional.

Niño activo

¿El TDH es aprendido o es genético? Los investigadores interesados en saber si este trastorno es adquirido o heredado, han podido dar una respuesta al respecto. Hasta el 80% de los casos que observaron tenían un componente genético, es decir, que no eran las condiciones ambientales las que explicaban la conducta de estos niños.

¿Cómo se diagnostica el TDH?

El diagnóstico del TDH lo realizan tanto psiquiatras como psicólogos a través del Manual diagnostico de los trastornos mentales (DSM V). Los profesionales especializados indican sobre la sintomatología del TDH que: «Habitualmente, los síntomas empeoran en las situaciones que exigen una atención o un esfuerzo mental sostenidos o que carecen de atractivo o novedad intrínsecos (p. ej., escuchar al maestro en clase, hacer los deberes, escuchar o leer textos largos que no son de sus gustos, o trabajar en tareas monótonas o repetitivas)». Esta podría ser una de las claves para que los educadores presten una especial atención a los niños que puedan presentar esta problemática, comprendiendo a qué se debe, puesto que estos casos necesitan de un diagnóstico profesional y un tratamiento.

Este manual (DSM V) cuenta con una serie de criterios diagnósticos para que el profesional especializado sea quien determine si el niño cumple con los suficientes síntomas como para que se le diagnostique el TDH. Para ello realiza una evaluación con los padres e incluso con sus profesores. También atiende a cómo se comporta el niño en la consulta y cómo responde ante sus preguntas y pruebas.

El tratamiento para cuando se diagnostica este trastorno se compone de una parte farmacológica y otra terapeútica.  A través de psicofármacos se busca reducir las conductas de nerviosismo e inquietud motora; y con terapia psicológica se intentan tratar los problemas conductuales y el modo de cómo interacciona el niño con su ambiente.

Controversia con el TDH

El diagnóstico del TDH en los últimos años se ha disparado, siendo muchos los casos de niños en las escuelas que han sido diagnosticados de este trastorno. Muchos profesionales especializados, sobre todos los que pertenecen a los movimientos antipsiquiátricos consideran que está habiendo un sobrediagnóstico y están patologizando las respuestas que pueden darse de forma natural en niños determinados, debido a su especial carácter o temperamento.

Joseph Knobel Freud, psicoanalista infantil español, sobrino-nieto del padre del psicoanálisis Sigmund Freud, ofrece una crítica frente al diagnóstico de este trastorno, expresando que el TDH no existe y, por lo tanto, no es un trastorno neurológico, sino una invención de nuestra estructura social. Este psicoanalista informa que incluso la persona que definió este trastorno, Leon Eisenberg, dijo antes de morir: “Esta es una excelente muestra de la invención de un trastorno” y que “la predisposición genética del TDH está completamente sobrevalorada”. Fueron sus palabras en una última entrevista que le hicieron antes de morir.

Bajo estas críticas al TDH muchos padres se ven envueltos en un gran dilema. El contexto cultural favorece esta clase de diagnóstico y construcción de problemas. Actualmente los padres dedican menos tiempo a sus hijos, los niños adquieren, por lo tanto, conductas para llamar muchas veces la atención. Si es cierta la hipótesis de que el TDH es un trastorno inventado, sería necesario atender las causas que llevan a un niño a ser catalogado como problemático.

Los ejercicios de mindfulness para niños han ofrecido respuesta muy favorables a la hora de reducir estos síntomas que se consideran propios del TDH. Gracias a la práctica del mindfulness en las escuelas se ha logrado reducir los problemas asociados con la atención y la concentración, también con la baja tolerancia a la frustración y la incapacidad para frenar los impulsos. Los niños que han seguido estos programas de mindfulness han obtenido unos beneficios que han satisfecho a muchos padres. Estos ejercicios de mindfulness han sido llevados también a sus casas, para que puedan practicarlos en familia.


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