¿Quién no ha sentido sufrimiento emocional en alguna ocasión? Todos hemos sentido un dolor inmenso ante situaciones de la vida como la pérdida de una persona, la ruptura de una relación o quizá la infidelidad de nuestra pareja.

Es cierto que no todo el mundo lo sufre de la misma forma. Tampoco una misma persona sufrirá ese dolor de la misma manera en todas las etapas de su vida.

Al vivir rodeados de otras personas, nos vemos expuestos a que en cualquier ocasión podamos ser rechazados, abusados, humillados, etc. Además, el hecho de crear lazos con otras personas también nos expone a que cuando las perdamos sintamos un gran dolor. Otras razones por las que también podemos sufrir dolor emocional tienen que ver con la soledad, con traumas de la infancia, enfermedades terminales o situaciones de discapacidad.

 

 

Algunas personas opinan que el dolor emocional puede ser más doloroso que el dolor físico. De hecho, recientes estudios han confirmado que el cerebro procesa en el mismo lugar el dolor físico y el dolor emocional. No hace diferencia entre experiencias sociales, como por ejemplo falta de reconocimiento y el hecho de sentir que mueres de sed.

El dolor emocional, además, y al igual que el dolor físico, puede volverse crónico y quedarse instalado en nuestra vida, con los consecuentes problemas que esto conlleva.

En ocasiones, algunas personas se convierten en adictas a este tipo de sufrimiento. De forma inconsciente, se sienten cómodas con el papel de ‘víctimas’, llegando en muchas ocasiones a chantajear a las personas que les rodean.

Si observas tu dolor desde fuera disminuye su intensidad

Según los estudios de los investigadores Ozlem Ayduk, de la Universidad de California, y Ethan Kross, de la Universidad de Michigan, se ha podido comprobar que, con un pequeño truco mental, podemos reducir de forma importante el dolor emocional que experimentamos cuando pensamos acerca de sucesos o experiencias dolorosas del pasado.

En su investigación pudieron observar que la perspectiva según la cual recordamos lo que sucedió determina la cantidad de sufrimiento causado. Pudieron ver que el hecho de recordar los hechos en primera persona provocaba una cantidad de sufrimiento mayor que si las personas son capaces de recordar desde la perspectiva de una tercera persona. Es decir, el hecho de vernos a nosotros mismos como observadores de la situación dolorosa marca una clara diferencia en cuanto a la profundidad de sufrimiento que experimentamos.

 

 

Existen, no obstante, muchas otras pautas que podemos poner en práctica para reducir el sufrimiento emocional:

– Acepta el dolor: como norma general, solemos resistirnos a lo que no queremos que suceda. La resistencia siempre consigue que aquello contra lo que luchamos se intensifique. El dolor es parte de la vida y cuando aparece necesita ser aceptado.

– Permítete sentir lo que estás sintiendo: todo aquello que sientas no puede, ni debe, ser reprimido o censurado. Muchas personas intentan reprimir su dolor consiguiendo, de esa manera, crear una herida que difícilmente sanará. A su vez, es muy común censurarnos por sentir lo que estamos sintiendo. Tu dolor es parte de ti y merece ser sentido y expresado.

– Encuentra ratos para estar a solas: procura no salir corriendo en busca de compañía cuando tu dolor sea grande. Regálate momentos a solas donde aprendas a disfrutar de ti mismo. Disfrutar de ti no significa que no vaya a haber tristeza o llanto, también tienen cabida en tu soledad. Estando contigo mismo es más fácil hallar sosiego y descansar en tu amoroso abrazo.

– Aprende a amar tu dolor: El hecho de conseguir abrazar el dolor que sientes hará que la carga disminuya considerablemente. El dolor, es una parte de ti y como todo tú merece y necesita ser amado.

– Desapégate de todo: el apego a las cosas y a las personas es una de las mayores causas de dolor emocional. Deja que lo que tenga que marcharse se marche. Siempre se abre una puerta cuando se ha cerrado otra. Confía en la vida.

– Aprende a meditar: como ya hemos visto más arriba, los investigadores Ozlem Ayduk y Ethan Kross pudieron darse cuenta de que al convertirnos en observadores de nuestro sufrimiento, la intensidad del dolor es bastante menor. La meditación consigue justamente eso. Meditando podrás convertirte en el observador de tu mente.

– Concéntrate en el momento presente: procura centrar tu atención en cada cosa que hagas. Da igual lo que sea, cocinando, duchándote, o planchando. El hecho de poner toda tu atención en esa actividad te traslada automáticamente al no tiempo donde el dolor no existe.

– Déjate querer: procura rodearte de personas que te hagan feliz. Está bien desahogarse de vez en cuando, pero tenemos que evitar el hecho de convertirnos en víctimas que siempre encuentran la ocasión para hablar de su dolor. Busca personas positivas que te hagan feliz y te ayuden a aligerar tu dolor con un poco de humor y alegría.

– Acude a la naturaleza en busca de alivio: un paseo a solas por la naturaleza consigue hacer que gran parte de nuestro sufrimiento disminuya. Se ha demostrado que en la naturaleza existen fuerzas que nos equilibran aún cuando no nos demos cuenta. ¿Quién no ha notado como el estado de ánimo mejora después de un paseo por el campo?

 

 La vida merece toda tu confianza

Poniendo en práctica estos pequeños consejos, y con un poco de constancia, conseguirás que poco a poco el dolor emocional vaya disminuyendo. No obstante, es importante observar que, realmente, no son los hechos que nos ocurren en la vida los que provocan nuestro sufrimiento. El mayor dolor proviene de la forma en la que nosotros reaccionamos o nos resistimos a lo que está ocurriendo.

Por mucho que creamos que tenemos el control de casi todo, la vida se desarrolla más allá de nuestros planes y expectativas. El hecho de aprender a fluir con la vida y aceptar con naturalidad los cambios que se tengan que producir, nos distancia, en gran medida, del dolor que provoca el hecho de querer que todo siga siempre igual.

La verdadera sabiduría, de la que ya hoy casi nos hemos olvidado, nos enseña que los cambios vienen dados con el cíclico fluir de la vida y, lo ideal, para una vida feliz es aceptarlos cuando lleguen.

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