Fuente: Wokandapix/Pixabay

¿Sueles dejarte dominar por tus emociones? Confiesa, en los días de lluvia pasas el día viendo películas lacrimógenas con pañuelo en mano y asintiendo cuánta razón tienen los protagonistas porque tu estás viviendo algo similar. También hay quién ante los problemas prefiere meterse en una espiral de negatividad o aquellos que transforman la alegría en euforia y no encuentran a nadie que les siga el ritmo. ¿Te suena? ¿Has sido protagonista de alguna de estas situaciones? Si la respuesta es sí, esta información es para ti.

A lo largo de nuestra vida, como seres humanos, sentimos numerosas emociones, tanto positivas, como negativas. Alegría, tristeza, estrés, confianza u optimismo son algunas de las más frecuentes en el día a día y, si bien generalmente podemos localizarlas, no siempre somo capaces de convivir en armonía con ellas. Para conseguirlo, sobre todo en el ámbito de las negativas, es fundamental trabajar la aceptación dentro de la psicología positiva. Y esto es justo de lo que vamos a hablar hoy.

Con ella, podemos aprender a aceptar la vida que tenemos tal y como es, es decir, con lo bueno y lo malo. Se trata de conectar con nuestras experiencias, abrazándolas y aprendiendo de ellas sin juzgarnos. Uno de los caminos más populares para desarrollar la aceptación es a través del mindfulness, esa palabra tan de moda, que nos ayudará a equilibrar nuestras emociones para conseguir y mantener el bienestar interior. Porque, de verdad, ¡es posible!

Una reacción habitual en todos nosotros es intentar huir de aquellos sentimientos que nos disgustan o nos hacen sentir incómodos. Seguro que más de uno se ha dicho a sí mismo que debe mantenerse ocupado para evitar pensar en aquellas preocupaciones que le rondan la cabeza, ¿verdad? Pues lo cierto es que esta actitud, lejos de ayudarnos, no hará más que empeorar las cosas. ¿Por qué? Pues porque los pensamientos en torno a ese tema pueden, incluso, llegar a incrementarse haciendo mayores nuestras preocupaciones.

A largo plazo, habernos pasado años y años huyendo de nuestros sentimientos y acumulándolos reprimidos, puede tener consecuencias nefastas para nuestra salud. Ese gran gigante que son los sentimientos siempre termina alcanzándonos, por mucho que corramos tratando de huir. Muchas de las enfermedades o reacciones más frecuentes, tales como ansiedad, depresiones o ataques de irá, podrían tener su origen en todos esos sentimientos reprimidos que terminan por explotar de una u otra manera.

Pero no te preocupes, si sabes bien cómo golpear, puedes vencer a este gigante por muy pequeño que creas ser, no te olvides de las enseñanzas de Miyagi en Karate Kid. La mejor manera de hacerlo para conseguir mantener una buena salud mental, es siendo conscientes de cada una de nuestras emociones y aprendiendo a aceptarlas. Vamos, que te pares en seco, dejes que el gigante llegue y cierres los ojos y como decía Miyai: “Cerrar ojos. Confía. Concéntrate.”.

Dentro de la psicología positiva podemos trabajar esta aceptación tan necesaria y, para ello, debemos prestar atención a la denominada balanza hedónica por el Catedrático de Psicología en la Universidad Complutende de Madrid, Carmelo Vázquez, y el Presidente de la Sociedad Española de Psicología Positiva, Gonzalo Hervás. Estos son dos entrenadores de los buenos, mejor que el señor Miyagi, con permiso de todos sus seguidores. En ella, la clave es alcanzar el equilibrio entre el afecto negativo y positivo, consiguiendo que aquellas emociones satisfactorias sean mayores que las molestas e incómodas.

Por tanto, para alcanzar la armonía de esa balanza hedónica y, así, el bienestar y paz interior, no debemos eliminar esas emociones negativas, sino aceptarlas, a la vez que incentivamos las positivas. Además, al trabajar la aceptación desde la psicología positiva, estaremos comenzando un gran cambio interior que repercutirá también en el exterior y en nuestras relaciones. Digamos que sería algo así como nuestro súper poder, solo que hay que trabajar para conseguirlo.

Emociones negativas, ¡no huyas y acéptalas!

Cuando hablamos de emociones negativas, nos referimos a aquellas que son resultado de una determinada situación que subjetivamente ha llegado a producirla en nosotros. Las más frecuentes serían la tristeza, ansiedad, rabia, enojo, etc., siendo emociones básicas que duran cierto tiempo y son la respuesta fisiológica a una situación concreta.

Las personas estamos acostumbradas a suprimir estas emociones e intentar bloquearlas, puesto que no son cómodas y no nos hacen sentir bien. A esto nos referimos con lo de salir huyendo del gigante que mencionábamos anteriormente y, como ya hemos señalado, esto no hará más que agrandar el problema y traer consigo mayores dificultades a la larga. Para que te hagas una idea, si cada vez que algo te hace sentir mal tienes que salir huyendo de un gigante, al cabo de un tiempo tendrás todo un ejército de gigantes detrás de ti y alguno conseguirá pillarte y llevarte con el resto.

¿La solución? Cambiar el planteamiento. En lugar de centrarnos en sustituir esas emociones, debemos pensar en nuestra relación con ellas y conseguir responder con nuestros recursos internos. Hazte amigo del gigante, demuéstrale que le comprendes y sigue hacia delante, seguro que aprendes algo de él que te ayuda en el futuro.

Para no liarte, nos estamos refiriendo a aprender a identificar estas emociones negativas y, sobre todo, a convivir con ellas, sin pasar el día pensando en cómo cambiarlas o esquivarlas. Si conseguimos esto, afrontaremos nuestros problemas de manera más saludable y eficaz, desarrollaremos la flexibilidad de la mente y disminuiremos la posibilidad de una somatización de estas emociones y de su posible reacción, es decir, la ansiedad o depresión. Además, atenuaremos la posibilidad de pasarnos el día dándole vueltas en la cabeza a esos pensamientos, o distrayéndonos de otras cosas importantes, y es una forma de prevenir la proliferación de más pensamientos nocivos y de ayudarnos a responder con consciencia de nuestros actos.

Emociones positivas, ¡sácales todo el jugo!

Al igual que las anteriores, también surgen como respuesta a una situación concreta, dando lugar a una respuesta subjetiva agradable. Sabemos que de estas no quieres huir ¡eh! Pero también debemos saber cómo aprovecharlas para que sean nuestro caparazón reforzado ante los gigantes. Ya os hemos dado anteriormente unas pinceladas sobe la balanza hedónica y su importancia en el bienestar y, como os decíamos, la clave es incentivar estas emociones y prolongar su duración en el tiempo.

Lo ideal es conseguir generar este tipo de sentimientos tanto del momento actual, como del pasado o futuro, ¡colecciona todos los que puedas!. Gracias a momentos anteriores, conseguiremos potenciar la satisfacción, el orgullo o la realización personal, entre otras. Cuando pensamos en el futuro, podríamos hablar de esperanza, confianza u optimismo, mientras que el presente incentivará la alegría, tranquilidad, entusiasmo, etc.

Para pensar en el valor adaptativo de estas emociones positivas, nos remontamos a la teoría de Ampliación y Construcción planteada por la profesora de psicología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, Bárbara Fredrickson. En ella, explica que estas emociones positivas están estrechamente vinculadas con el desarrollo de la atención, cognición y acción, además de favorecer los recursos físicos, intelectuales y sociales del individuo. Éstas complementarían a las negativas y serían de la misma importancia para un contexto evolutivo.

Por tanto, mientras que las negativas nos ayudan en la supervivencia más reciente, las positivas ayudan al desarrollo, crecimiento personal y la conexión social. Fredrickson también afirma que las emociones negativas dan lugar a la reducción de esquemas de respuesta, al contrario que las positivas que ayudan a ampliarlos. Siguiendo nuestra analogía, cuántos más gigantes vayan detrás de ti, el espacio por el que moverte será más pequeño, mientras que cuántos más abierto sea tu corazón a las emociones, más seguro podrás caminar por donde quieras. Es decir, que estos sentimientos agradables aumentarían nuestros recursos personales para enfrentarnos a cada situación que nos ocurra en la vida.

Para esta investigadora experta en psicología positiva, por tanto, los tres efectos principales serían la ampliación del pensamiento y poder de acción; construcción de una mayor variedad de recursos personales ante las adversidades; y transformación en una persona creativa, conocedora de las situaciones, fuerte ante las dificultades y mejor integrada socialmente. Este último punto sería clave para que se lleve a cabo una espiral ascendente que cree nuevas emociones de este tipo. Esto vendría a decir que, si tienes relaciones más fuertes y sanas con otras personas, será más fácil sentir emociones positivas y, así, agrandar más y más nuestros escudos.

En conclusión, trabajando la aceptación, a través de la psicología positiva y la meditación, seremos capaces de ver la vida tal cual es, conectando con las emociones derivadas de nuestras vivencias diarias, tanto buenas, como malas, y todos los sentimientos derivados de ellas. De esta manera, conseguiremos vencer a cada gigante que nos vaya llegando y tendremos un corazón abierto y puro, o lo que es lo mismo, regular nuestras emociones para aumentar el bienestar.

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