Ahora que el verano toca a su fin, lo primero que se nos viene a la cabeza cuando escuchamos la palabra cloro son las piscinas pero, no es en ellas en el único aspecto de nuestra vida en el que el cloro está presente. Continúa leyendo el post para saber más sobre este tema.

El cloro es un elemento químico que puede resultar básico para una gran cantidad de formas de vida. Esta sustancia se utiliza en las piscinas para evitar hongos y bacterias, pero hay que tener cuidado porque una mala gestión del mismo puede provocar daños en nuestra salud.

Fuente: Pixabay/ronymichaud

Si bien el cloro en las piscinas es beneficioso para conseguir un baño seguro libre de bacterias y hongos, la exposición prolongada a este elemento puede llegar a causar irritaciones en los ojos o en la piel, dañar los dientes o, en casos extremos, causar edemas pulmonares. Pero todos estos problemas tienen fácil solución, y para ello solo es necesario seguir una serie de pautas: dúchate bien antes y después de cada baño, evita tragar agua, haz un buen uso de las gafas de bucear si te gusta abrir los ojos debajo del agua e hidrátate bien la piel cuando salgas de la piscina.

Podemos añadir un dato curioso para saber más sobre este tema: el nivel de cloración recomendado en las piscinas debe situarse en un pH entre 7,2 y 7,4 para que este elemento pueda cumplir su función desinfectante sin llegar a causar daños en nuestra salud.

Pero hoy en día, cada vez es más común encontrarnos piscinas en las que el agua es salada. Las piscinas de agua salada generan cloro por medio de la sal, de manera que se evita la utilización de cloro químico en las mismas. Esto es beneficioso, no solo para nuestra salud, sino también para el medio ambiente.

Sin embargo, como ya adelantábamos con anterioridad, no es únicamente en la piscina donde podemos encontrarnos con este elemento, que también está presente en el agua del grifo de nuestras casas. Si tienes la suerte de vivir en una ciudad en la que el agua del grifo “se puede beber”, refiriéndonos básicamente a su sabor, a continuación te damos unos datos importantes, tanto en su favor como en su contra.

Fuente: Pixabay/Skitterphoto

Por un lado, el agua del grifo es mucho más barata que el agua embotellada, algo muy importante en muchas familias con gastos más imprescindibles que este, y colabora con el medio ambiente, ya que se evitan la utilización de plásticos derivados del petróleo y el consumo de contaminantes procedentes de los mismos. Además, en casi toda España no encontramos muchas diferencias apreciables entre ambas.

Pero, por otro lado, el agua embotellada no contiene ni cloro, cuyos problemas no afectan únicamente al sabor sino también a la salud, ni los posibles contaminantes que se hayan vertido en la red doméstica. Además, tener agua embotellada en casa puede sernos muy útil si nos encontramos ante una catástrofe natural o cualquier otro motivo por el que el abastecimiento de agua de la localidad deba ser cortado.

Una vez que hemos conocido tanto las ventajas como los inconvenientes de los dos grandes tipos de agua que podemos consumir, vamos a aportar soluciones. Nosotros abogamos por el agua del grifo, más beneficiosa para salud y para el medio ambiente, y aquí te contamos algunas de las maneras de evitar el consumo de cloro sin dejar de consumir agua de nuestro grifo.

Lo primero que nos preguntamos es: ¿cómo llega el cloro al agua de nuestros grifos? Pues bien, el cloro se añade en la última etapa del tratamiento de agua y su objetivo es evitar la contaminación del agua durante la distribución hasta las redes municipales. Esta adición de cloro está estrictamente controlada por las autoridades gubernamentales, de manera que se garantiza un suministro de calidad.

Fuente: Pixabay/congerdesing

Cómo deshacernos del cloro en casa

  • Dejar reposar el agua: el cloro se evapora con rapidez, de forma que cuanto más lo dejemos reposar, menos cloro encontraremos. Una solución rápida es llenar garrafas de agua por la mañana, que se consumirán a lo largo del día mientras se encuentran al aire libre o en la nevera. Para evitar cualquier tipo de contaminación, se recomienda consumir esta agua en un plazo de 24 h.
  • Poner el agua a hervir: el cloro se evapora con el calor y, además, nos aseguramos de acabar con microbios y bacterias. Esta puede ser una solución recomendable para lactantes y personas cuya salud se encuentra en un estado delicado.
  • Utilizar una jarra filtrante: una solución más cara y menos ecológica que las anteriores. En este caso, es importante realizar el cambio de filtro con regularidad para que no se convierta en un punto clave para microbios y demás partículas que contaminan el agua.
  • Utilizar un dispensador de agua: sigue el mismo mecanismo que las jarras filtrantes pero es mucho más cómodo sobre todo si se trata de una empresa o un lugar en el que hay muchas personas.

Tras haber conocido el tema un poco más a fondo, debemos retomar la pregunta del principio: cloro, ¿debemos dejar se evapore o bien filtrar el agua? De lo que nos damos cuenta es de que en cualquiera de los casos se utiliza agua del grifo y, teniendo claro que esta es mucho más solidaria con el medio ambiente y nos ayudará a llevar una vida más saludable. La decisión de cuál de los dos métodos usar está dentro de cada uno de nosotros. Lee con detalle cada una de las soluciones que proponemos, pruébalas y elige la que más se adapte a ti, siempre pensando en tu salud y en la de los que te rodean.

Estar informado es el primer paso para tomar buenas decisiones, y con buenas decisiones se tiene una vida feliz, positiva y sana. Recuerda conectar contigo mismo para poder conectar con los demás, y recuerda que al fin y al cabo somos 60% agua.

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