Cuando hablamos de grasas podemos estar hablando de beneficios o de perjuicios para nuestro cuerpo. Eso es debido a que no todas las grasas son iguales. Es muy importante que sepamos reconocer qué tipo de grasas son las más saludables y, así mismo, que evitemos las que no lo son. Una dieta que incorpore grasas saludables es imprescindible para nuestra salud cardiovascular.

Existe la creencia de que las grasas no son buenas para la salud. Esto no es cierto, ya que las grasas son necesarias para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo.

La importancia de la grasa

Los lípidos o grasas son compuestos orgánicos formados por carbono, oxígeno e hidrógeno, solubles en líquidos orgánicos pero insolubles en agua. Las grasas son los componentes que proporcionan energía al organismo. Constituyen la reserva energética que se acumula en el tejido adiposo y tienen mucho que ver con la regulación de la temperatura corporal.

Gracias a las grasas es posible el transporte de vitaminas liposolubles como la vitamina E, D, A y K. Así mismo, las grasas son parte de las hormonas esteroideas y las membranas celulares. Nuestro cuerpo necesita grasas saludables, las grasas esenciales que contienen cantidades adecuadas de ácidos grasos insaturados. Sin embargo, es muy común que las dietas habituales contengan demasiados ácidos grasos saturados y un defícit de ácidos grasos insaturados. Esto es la causa de muchas enfermedades y de la obesidad tan generalizada en nuestra sociedad.

Tipos de grasa

Como ya hemos dicho, no todas las grasas son iguales. Es muy importante que conozcamos cuáles son las más saludables y por qué:

1. Grasas saturadas

Estos lípidos se encuentran normalmente en alimentos de origen animal como la carne y sus derivados y se solidifican a temperatura ambiente. También entran dentro de este tipo de grasas el aceite de coco y el aceite de palma. Esta grasa es la que peor reputación tiene ya que no es una grasa que se acumula porque el organismo no la puede transformar. Este es el tipo de grasa más perjudicial para el sistema cardiovascular ya que puede llegar a obstruir las arterias.

Son muchos los alimentos que incluyen estas grasas en su composición. Esto es debido a que tiene mucho sabor y un alto poder saciante. Sin embargo, si queremos que nuestra salud no se resienta, sería recomendable que no incluyamos este tipo de grasas en nuestra dieta.

2. Grasas monoinsaturadas

Este tipo de grasas se mantienen líquidas a temperatura ambiente pero se solidifican si las temperaturas bajan mucho. Podemos encontrarlas en el aceite de oliva o los aguacates. Su principal componente es el ácido oleíco y es un tipo de grasa muy beneficiosa para el organismo. Sus mayores beneficios tienen que ver con el control de colesterol. Por este motivo, estas grasas mejoran la salud arterial y colaboran con la buena circulación sanguínea.

3. Grasas poliinsaturadas

A diferencia de las anteriores, este tipo de grasa se mantiene líquida tanto a temperatura ambiente como refrigerada. Contienen ácidos grasos omega 3 y 6 que son necesarios para el buen funcionamiento hormonal, enzimático y cerebral y las membranas celulares.  Además, estos ácidos grasos tienen mucho que ver con el buen estado del pelo, la piel y las uñas. Así mismo, tienen efectos antiinflamatorios y contribuyen a mejorar la artritis, artrosis, eczema y psoriasis.

Aunque tienen muchos beneficios para el organismo es cierto que estas grasas se oxidan con mayor facilidad. En el proceso de oxidación liberan una serie de sustancias tóxicas que podrían ser las causantes de numerosas enfermedades.  No obstante, parece ser que los beneficios superan a los perjuicios. Podemos encontrar este tipo de grasas en las semillas de lino, pescados grasos, aceite de girasol y huevos.

4. Grasas trans

Este tipo de grasas son monoinsaturadas y han sido procesadas. Son muy perjudiciales para la salud ya que aumentan los niveles de colesterol total, sobre todo el colesterol “malo” o LDL. Además de esto,  las grasas trans incrementan los niveles de triglicéridos en sangre. Estas grasas las encontraremos en el aceite de palma, las margarinas y las mantecas que contienen grasas hidrogenadas.

5. Colesterol

Muchas personas tienen la idea de que el colesterol es malo, sin embargo, es imprescindible para que nuestro cuerpo funcione correctamente. El colesterol es un componente estructural de las membranas celulares. Así mismo, es precursor de las hormonas esteroideas (adrenales, sexuales y placentarias), de la vitamina D y de los ácidos biliares de la bilis.

No todo el colesterol es aportado por la dieta. También existe un colesterol endógeno que nuestro organismo sintetiza. Los alimentos que nos aportan colesterol son los que tienen grasas de origen animal como la carne, el embutido, los lácteos y también la bollería.

Ojo con los aceites refinados

Como ya hemos dicho, el aceite de oliva es uno de los mejores aliados de la salud cardiovascular. Sin embargo, no todos los aceite de oliva son iguales. Cuando un aceite de oliva, o de girasol, son refinados, pierden la mayor parte de sus beneficios. Lo ideal es consumir los aceites vírgenes de primera prensión en frío y siempre de cultivo ecológico.

La salud cardiovascular y la grasa

A lo largo de los últimos años se han llevado a cabo numerosos estudios que confirman que es más importante la calidad de la grasa que tomamos que la cantidad. 

Cómo ya hemos dicho, las grasas saturadas y las grasas trans son las que se relacionan directamente con los problemas cardiovasculares. Por este motivo, si queremos llevar a cabo una dieta equilibrada evitaremos este tipo de grasas. Es su lugar es muy recomendable tomar hidratos de carbono completos o grasas insaturadas.

Estos mismos estudios coinciden en destacar la importancia de las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas como elementos importantes en la prevención de enfermedades crónicas. También se ha observado que dentro de las grasas poliinsaturadas, los ácidos omega 3 son nutrientes claves en las dietas de calidad.

Es muy importante que tengamos en cuenta que las grasas, en muchas ocasiones, están escondidas dentro de muchos alimentos. Deberíamos hacer un esfuerzo por leer los etiquetados de los productos que compramos para, de esa manera, poder saber que tipo de grasas contienen.

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