A veces he tenido la sensación de que utilizamos nuestro estómago como si se tratara de un contenedor donde vamos echando cosas hasta que ya no cabe más. Utilizamos la boca como un embudo por el que introducimos alimentos y poco más. Nunca nos paramos a ver la importancia de cómo combinar alimentos.

Nos hemos habituado a comer a cualquier hora y a tener disponible toda la comida que queramos. Esto ha conseguido que el alimentarnos se convierta en algo que hacemos de forma automática y sin ninguna conciencia.

Parece mentira que, con la cantidad de texturas y sabores que caracterizan a los distintos alimentos, no seamos capaces de paladearlos con gusto. Nos cuesta ser capaces de disfrutar con tranquilidad lo que comemos.

Menos mal que por mucho que no hagamos caso a nuestro sistema digestivo, él se toma la molestia de hacernos saber cuándo estamos tomando alimentos que nos sientan bien o mal. De la misma forma, también nos indica si lo que hemos mezclado no es lo más adecuado para comer en la misma comida.

Recuerdo que, antes de saber cómo combinar los alimentos, cuando volvía del gimnasio acostumbraba a tomarme un plátano y después unas almendritas, como fuente de magnesio. ¡Qué malestar más increíble solía sentir después! Sin embargo, observaba que el día que no tenía almendras y a lo mejor me tomaba dos plátanos solamente, el malestar no aparecía.

Esta, por supuesto, no era la única combinación que me sentaba mal, pero si la que peor me hacía sentir. A partir de ahí comencé mi investigación para entender cómo combinar de forma adecuada los alimentos. Veamos un pequeño resumen de lo que aprendí.

 

¿De dónde viene la teoría de cómo combinar los alimentos?

Esta forma de combinar de manera correcta los alimentos, cuyo creador fue el doctor Willian Howard, surgió en el siglo XX con el movimiento higienista. No obstante, el que dio mayor difusión fue el doctor Herbert M Shelton.

Esta teoría entiende que los distintos grupos de alimentos necesitan diferentes tiempos de digestión.  También que los diferentes alimentos necesitan diferentes tipo de enzimas en el estómago o intestino, para que puedan ser digeridos y asimilados adecuadamente. Según el alimento sea más o menos alcalino se activarán un tipo u otro de enzimas.

Cuando mezclamos cierto tipo de alimentos, nuestro cuerpo libera ambos tipos de enzimas y de esa forma conseguimos que nuestro proceso digestivo sea más lento y de peor calidad. Además de esto, podemos crear fermentación de azúcares y putrefacción de proteínas en el estómago.

Cuando la putrefacción se produce en el intestino se origina un exceso de polialcoholes que sirve de alimento a distintas bacterias y levaduras  Esto nos origina inflamación, gases y otros síntomas que nos hacen saber que no estamos haciendo correctamente la digestión.

¿Cómo combinar los alimentos de forma correcta?

– Come solamente cuando sientas hambre de verdad: muchas veces comemos por aburrimiento o porque es la hora. Sin embargo, si nuestro estómago aún no ha terminado la digestión de la comida anterior el hecho de comer de nuevo entorpecerá nuestra digestión. Además la asimilación de los nutrientes no se llevará a cabo correctamente.

– Come solo un alimento concentrado en cada comida: alimentos concentrados son los que casi no contienen agua (proteínas y almidones). Alimentos no concentrados son los que sí tienen mucha agua (fruta madura y vegetales sin almidón).

– No mezcles nunca almidones con proteínas: quizá esta sea la condición más difícil de llevar a cabo, aunque sea muy importante. Por ejemplo, nunca deberíamos tomar un filete con patatas fritas o un trozo de pescado con arroz. Esto se debe a que las proteínas necesitan un ambiente ácido para ser digeridas y asimiladas, mientras que los almidones necesitan un ambiente alcalino. Si tomamos alimentos de los dos tipos juntos, los jugos ácidos y alcalinos se neutralizarán y nuestra digestión se hará de forma mucho más lenta invirtiendo muchísima más energía en llevarla a cabo. Además, todo ese tiempo en que se alarga la digestión contribuye a que se generen residuos tóxicos.

– Mezcla los vegetales sin almidón con lo que quieras: los vegetales sin almidón puedes mezclarlos con cualquier alimento excepto con fruta. La fruta solo se mezclará con vegetales de hoja verde.

 

 

– No mezcles proteínas diferentes: las proteínas, al estar compuestas por diferentes aminoácidos son el grupo de alimentos más difíciles de digerir. Es decir, nada de carne y pescado a la vez, por ejemplo. Sin embargo, las proteínas de origen vegetal como frutos secos, semillas y algas sí se pueden mezclar. En cuanto a las legumbres, lo mejor es no mezclar entre ellas y acompañarlas con vegetales sin almidón.

– Puedes mezclar almidones diferentes: esta mezcla no tendría problema aunque lo ideal sería no hacer mezcla de demasiados alimentos en una misma comida, como ya hemos dicho.

Algunas normas saludables a observar

– Come la fruta entre comidas: las frutas son digeridas con muchas facilidad y rapidez. Si tomas la fruta de postre sus azúcares quedarán en tu estómago esperando ser digeridos durante horas y a altas temperaturas. Esto hará que terminen fermentando y acidificando el resto de los alimentos. Lo ideal sería comer las frutas entre las comidas y nunca mezclar frutas ácidas con dulces.

– Las grasas con moderación pero nunca con frutas: podemos mezclar las grasas con proteínas o almidones, pero siempre intentando usar la lógica para no recargar los platos con demasiada grasa. En aquellos platos que haya proteína, sobre todo, ya que entonces nos costará mucho más digerirla.

– No bebas líquidos con la comida: cuando bebemos durante la comida diluimos los jugos gástricos, restando así eficacia al proceso digestivo.

 

 

Finalmente, es importante saber que cada vez hay más información acerca de esta nueva forma de combinar los alimentos. Aún así, hay estudios que dicen que no tiene base científica. En cualquier caso, lo ideal es que intentes probar y observes si llevando a cabo este tipo de combinaciones mejoran tus digestiones, tienes más energía o incluso, notas que pierdes peso con más facilidad.

¡Eso sí! Recuerda que cada persona es diferente. Quizá haya cosas que a ti te sienten mejor o peor que a otras personas. Observate y decide qué es lo mejor para ti.

 

 

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