-“Yo jamás podría vivir en otro lugar”. “¿No volver a comer chocolate? ¡Imposible!”. “Si me deja mi pareja, me muero, no puedo vivir sin ella”-. 

¿Te suena alguna de estas frases? Seguro que las has oído, pensado o sentido alguna vez. Todos lo hacemos, forma parte de nuestra naturaleza.

Como en la leyenda del alpinista que, cegado por una ventisca y a punto de caer, se agarraba cada vez más fuertemente a una soga para evitar el abismo. Nos aferramos a creencias, objetos, recuerdos y personas, pensando que será eso lo que nos salvará.

Nada más lejos de la realidad. Solo nosotros mismos tenemos la llave de nuestra liberación, a través de la autoestima, la meditación y el pensamiento positivo.

El apego es necesario. En comparación con otros animales, los seres humanos llegamos al mundo en un estado bastante inmaduro. Necesitamos de los demás, y eso es bueno. Cuidarnos nos ha dado una ventaja evolutiva importante, de hecho, estudios recientes demuestran que ese podría ser el secreto de nuestro éxito como especie.

Sin embargo, en la edad adulta, el apego y la dependencia no son más que la cara B del miedo y constituyen el mayor obstáculo entre tú y tu felicidad.

¿Amor verdadero o inseguridad disfrazada? Admítelo, las películas de Hollywood y las canciones románticas nos han hecho mucho daño. No solo en lo que al amor de pareja se refiere, sino también al afecto entre padres e hijos, hermanos o amigos.

No, no es maravilloso tirarse los platos a la cabeza y luego hacer las paces apasionadamente. Tampoco es gracioso que tu madre no acepte a ninguna de tus novias o que tu mejor amiga se ofenda si no la llamas para hacer un plan.

Si es tóxico, no es amor. El amor busca la felicidad del otro, el apego es egoísta.

A continuación, te damos algunas claves para detectarlo:

Celos

Uno de los grandes problemas es su enorme aceptación social. Es tentador sentirse halagado ante este tipo de manifestaciones. Pero no te confundas, los celos nunca son síntoma de amor, sino de inseguridad, manipulación y falta de autoestima. Son tremendamente tóxicos y es prioritario que los elimines de tu vida.

¿Qué tal si, en lugar de perpetuar la cultura de la posesión, educamos a nuestros hijos en tener confianza en el otro y en sí mismos?

Dominio

“¡Aquí se hace lo que yo diga!” El dominio puede tomar formas muy evidentes, como en esta frase, o puede ser algo mucho más peligroso y sutil. Algunas consecuencias son la destrucción de la autoestima del otro o su aislamiento paulatino, por ejemplo.

¿Has dejado de ver a tus amigas desde que estás en pareja? ¿Tienes que consultar con alguien todas las decisiones que tomas, por pequeñas que sean, para evitar conflictos?

Culpabilización del otro

No eres responsable de las emociones de tu pareja, de tu madre o de tu amiga. Ni ellos de las tuyas. Culpabilizar, consciente o inconscientemente, a los demás de tus estados de ánimo es un síntoma de inmadurez.

Hay una diferencia, sutil pero clara, entre apoyar a alguien y ser responsable de su bienestar. No te engañes, todo lo que hagas por los demás debe salir de tu corazón y no de las expectativas del otro.

Todo es un drama

¿Has dejado de expresarte con libertad y mides tus palabras para que no te la líen? ¿Cada pequeña discusión se convierte en un drama? ¿Las comidas familiares acaban como el rosario de la aurora?

Aunque resulte divertido en las películas, la mala gestión de las emociones en la vida real es fuente de sufrimiento y enfermedad. Debemos ser conscientes de ello, trabajar en este sentido y poner límites de forma asertiva. Ser dueños de nuestras emociones, y no al revés.

Meditación para la autoestima y el desapego

Al contrario de lo que parece, el apego nos debilita. Nos mantiene continuamente preocupados y es una fuente de sufrimiento. Nos hace creer, falsamente, que nuestra felicidad está fuera de nosotros mismos, lejos de nuestro control.

La buena noticia es que eso no es cierto. Todo lo contrario. Alcanzar una existencia más plena es posible y está en tu mano. El crecimiento personal y el avance espiritual solo se pueden dar a través del desapego.

Aprender a soltar es la clave para atraer el amor con mayúsculas.

Cultivar el desapego requiere que vivamos en el presente, en el aquí y ahora, y que dejemos fluir. El primer paso, como en todo proceso profundo, es tomar conciencia. Soltar no es sencillo, lo fácil es aferrarse bien fuerte. Nuestras creencias limitadoras se interpondrán en nuestro camino. Es un viaje que requiere de coraje y confianza. Sin embargo, como nada en esta vida es eterno, cuanto antes lo emprendamos, mejor.

La meditación te mantiene anclado en el presente y te conduce a liberar la conciencia. La clave de la práctica es no agarrarse, ni a los pensamientos, ni a las sensaciones corporales ni a los estímulos externos. Puedes comenzar por la meditación guiada, específica para trabajar el desapego, e ir avanzando en el proceso. Lo normal es que, al iniciarnos en la práctica, nuestra propia mente fabrique juicios, dudas y autocríticas que debemos dejar pasar.

Tus estados mentales son solo eso, estados mentales. Tus creencias no son tú. Liberarte de ellas es entrar en armonía con tu esencia y será beneficioso para ti, y para todos los que te rodean.

¡Pero tampoco te aferres a la meditación! Si meditamos para obtener algo, estamos volviendo a caer en la trampa de las expectativas. La propia actitud meditativa es aprender a soltar y eso irá ocurriendo poco a poco.

El proceso de cambio es continuo, el crecimiento nunca termina y el final del camino es desprenderse del ego, que es el verdadero responsable de nuestros apegos.

Solo cuando tengamos la confianza de soltar la cuerda, igual que el alpinista cegado por la ventisca, nos daremos cuenta de que la salvación estaba a solo un metro de nuestros pies.

 

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