El secreto de una vida sana empieza por cuidar lo que comemos y la manera en que lo hacemos. Tener una dieta saludable, equilibrada y que se adapte a nuestro ritmo de vida es fundamental para sentirse bien y disfrutar de la vida en plenitud.

El segundo cerebro

No en vano, se dice que las personas tenemos dos cerebros. El primero es bien conocido por todos y se encuentra en el interior de nuestro cráneo, pero ¿y el segundo? Para los que no lo hayan adivinado, os sorprenderá saber que el segundo cerebro de nuestro organismo es el intestino.

Gracias al intestino somos capaces de absorber todos los nutrientes que nos proporcionan los diferentes alimentos, así como de desechar los productos sobrantes de manera adecuada. Tan cierto es que somos los que comemos como que necesitamos aire para poder vivir. Cuanto mejor sea nuestro modo de alimentarnos, mayor será nuestra lozanía.

Fuente: Pixabay Robfoto

El secreto de una buena digestión

Para gozar de una buena salud intestinal es importante prestar atención a lo que se consume y, para tener un intestino en buenas condiciones, debe cuidarse cada proceso de nuestra nutrición. Si queremos conseguir una buena absorción, lo primero a lo que debemos aspirar es a tener una excelente digestión.

Cuando comemos un plato de comida, nuestro estómago empieza a extraer y separar los nutrientes de lo que hemos ingerido; cuanto mejor hayamos masticado, más fácil lo tendrá. Una vez terminada la digestión, el contenido del estómago pasa al intestino, y es allí donde comienza el ciclo de asimilación para que tu organismo se nutra adecuadamente.

Sin una correcta digestión, la absorción de nutrientes podría ser deficiente y nuestra salud podría resentirse. Seguramente no os sorprenda saber que hay ciertos tipos de alimentos que dificultan el proceso digestivo. Quien más y quien menos ha sufrido alguna vez de ardores y digestiones pesadas después de alguna comida copiosa.

Lo que tal vez sea más llamativo es el hecho de que la combinación de los diferentes grupos de alimentos también influye en la manera de digerir.

Por qué es bueno fijarse en la combinación de alimentos

Como hemos comentado anteriormente, combinar bien los diferentes grupos de alimentos mejora significativamente la digestión y ayuda a que tu intestino asimile mejor todos los nutrientes. Pero no solo eso, además, nuestro sistema digestivo necesitará menor cantidad de energía para deglutir la comida y el organismo podrá destinar ese sobrante para reparar las células del cuerpo o depurar el organismo.

Este ahorro energético repercute también en nuestro estado de ánimo y en nuestra vitalidad. Después de comer nos sentimos más ligeros, no tenemos esa pesada somnolencia que dan las digestiones pesadas, por consiguiente, a lo largo del día disfrutaremos de una mayor vitalidad y ganas de hacer cosas.

Fuente: Pixabay PublicDomainPictures

En qué consiste la teoría de la combinación de los alimentos

Según esta teoría, cada grupo de alimentos requiere un tiempo diferente para ser digerido e implica tipos diferentes de enzimas para ello, tanto en el estómago como en el intestino, un medio alcalino que requiere enzimas diferentes que un medio ácido.

Al comer determinados tipos de alimentos a la vez, nuestro cuerpo libera ambos tipos de enzimas, por lo que terminan contrarrestándose y produciendo un ambiente neutro. Este medio con pH neutro inhibe y retrasa el proceso digestivo, por lo que puede generar la fermentación de los azúcares presentes en los alimentos y la putrefacción de las proteínas.

Como consecuencia de esta disminución en el ritmo de la digestión, podemos terminar sufriendo gases, inflamación y otros trastornos digestivos. Cuando ocurre un proceso de fermentación en el intestino se libera un exceso de polialcoholes, que promueve la proliferación de bacterias y levaduras, mientras que la putrefacción de las proteínas deja en el cuerpo residuos tóxicos.

Los diferentes tipos de alimentos

Proteínas

  • Legumbres: judías, habas, guisantes, garbanzos, lentejas o soja.
  • Frutos secos y semillas: pipas de girasol, pipas de calabaza, semillas de lino, semillas de sésamo, nueves, avellanas, almendras, anacardos o pistachos.
  • Productos de origen animal: huevos, carne, pescado, queso.
  • Algas.

Carbohidratos o almidones

  • Cereales: arroz, mijo, trigo (pasta, pan…), avena, centeno.
  • Pseudocereales; quinoa, amaranto, trigo sarraceno.
  • Raíces y tubérculos: patata, zanahoria, boniato, calabaza, chirivía.

Vegetales

  • De hoja verde: lechuga, acelgas, espinacas, col.
  • Otros vegetales: apio, brócoli, berenjena, calabacín, pepino, pimiento.

Grasas y aceites

  • Grasas: aguacate, aceitunas, coco, mantequilla y margarina.
  • Aceites vegetales: girasol, oliva, semillas.

Frutas

  • Frutas dulces: plátanos, higos, uvas, chirimoya.
  •  Subácidas: manzanas, peras, frutos del bosque, cerezas, mango.
  • Ácidas: naranja, limón, piña, fresa.

Fuente: Pixabay Cattalin

Cómo combinar los alimentos

  • Solo comer un alimento concentrado cada vez, es decir, aquellos que apenas contienen agua como los almidones y las proteínas.
  • No mezclar almidones y proteínas. Desgraciadamente es así, debemos olvidarnos del pollo con patatas, del sushi de atún o salmón o del pan con pavo, entre otros. Durante años no hemos sido conscientes de que las proteínas necesitan un ambiente ácido para ser digeridas, mientras que los almidones lo hacen en uno básico. Por todo lo explicado anteriormente, podréis deducir por qué no es nada recomendable hacer esta mezcla.
  • Los vegetales que no tienen almidón pueden mezclarse con cualquier otro alimento.
  • También pueden mezclarse diferentes tipos de almidón sin que afecte negativamente.
  • Sin embargo, mezclar diferentes tipos de proteínas no es bueno, debido a la complejidad de sus aminoácidos y a la energía que el organismo necesita para asimilarlas.
  • Las grasas pueden combinarse con cualquier tipo de alimento, pero conviene consumirlas con moderación.
  • La fruta debe comerse sola, ya que se digiere muy deprisa y, si se toma de postre, puede quedar atrapada y producir gases.
  • Los líquidos deben tomarse fuera de las comidas, para no diluir los jugos gástricos. Podemos beber un cuarto de hora antes de la comida y dos o tres horas después. Si necesitamos beber líquido mientras comemos, podemos probar con pequeños sorbos de té caliente o de kombucha, que ayudan a la digestión.

Ahora que ya conocéis la teoría de cómo combinar los diferentes tipos de alimentos, os animamos a comprobarlo por vosotros. Recordad, somos lo que comemos y cómo lo comemos.

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