Todos los seres vivos se rigen por determinados ciclos biológicos, como los horarios de las comidas, y los seres humanos no somos una excepción. Sin embargo, el ritmo de vida actual y las costumbres sociales, pueden alterar ese ciclo que gobierna nuestros procesos corporales y, por tanto, afectar negativamente a nuestra salud.

Qué son los ciclos biológicos corporales

Un ciclo, en general, es una variación de sucesos que se repiten dentro de un tiempo determinado. En nuestro caso, la digestión es un ciclo, el tiempo para dormir y para tener actividad es otro, así como el tiempo en que determinadas células especializadas tardan en producir glóbulos rojos o el ciclo menstrual femenino. Y podríamos continuar con muchos ejemplos más.

Los ciclos biológicos pequeños se incluyen dentro de otros más grandes y están regulados por hormonas, como sucede con los procesos celulares individuales dentro de biorritmos que afectan a varios órganos. También se conocen como ritmos circadianos.

Hay 2 ritmos fundamentales que afectan a todos los demás: el ciclo de la actividad y el descanso, así como el de ingestión de alimentos y metabolismo, porque están muy relacionados. Cuando no están sincronizados debidamente, el resto de nuestra maquinaria, no encaja bien sus propios engranajes.

Si nos observamos un poquito, cada vez que comemos, el cuerpo se toma un minidescanso para digerirlos. En ese momento, la energía corporal y el flujo sanguíneo se concentran alrededor del aparato digestivo y, dependiendo de la cantidad de alimentos que hayamos tomado, esa necesidad de descansar será mayor o menor.

En otro análisis, podemos darnos cuenta de que, al ponerse el sol, nuestro cuerpo cambia su ritmo, se vuelve más lento y pausado. Nuestras hormonas regulan y distribuyen la energía en un ciclo de 24 horas, para que el organismo pueda reparar los desperfectos ocasionados por el desgaste de las actividades diarias.

Si esos dos ritmos no están bien sincronizados, las células no pueden realizar bien sus funciones y se agotan, lo que provoca su deterioro y la aparición tanto de enfermedades como de un envejecimiento prematuro.

Sincronizar el reloj biológico con los horarios de comidas

Nuestros antepasados tenían sintonizados sus ritmos corporales con los ciclos naturales del planeta, tanto con la rotación planetaria de 24 horas (1 día) como con su traslado alrededor del sol durante 365 periodos de 24 horas (1 año), durante el cual, los cambios en la naturaleza les permitían sembrar, cosechar y trasladarse de un lugar a otro en busca de mejor refugio y alimento.

Parece una forma de vida simple, pero así es la naturaleza: simple, con muchos pequeños procesos engarzados unos dentro de otros, en perfecta armonía.

A medida que los seres humanos hemos encontrado la forma de superar la falta de visión durante las horas nocturnas, también hemos perdido la sintonía con los ciclos planetarios y nos hemos alejado de una vida más natural.

Como consecuencia, nuestras hormonas, se han desestabilizado.

Nuestro metabolismo depende del ciclo luz-oscuridad para ser eficiente, de tal manera que se optimiza a determinadas horas del día. Por eso es necesario mantener unos horarios de comidas regulares, ya que los movimientos intestinales y la secreción de los jugos digestivos, dependen de la estabilidad de estos ciclos.

En la actualidad, nuestras responsabilidades y los compromisos de agenda, laborales y sociales, no coinciden con los ritmos naturales. Más bien son aleatorios, según la conveniencia del momento. Sin embargo, nuestro cuerpo se esfuerza por sincronizar ambos relojes, social y biológico, lo que provoca un cansancio continuo, crónico, y la adquisición de hábitos perjudiciales, como tomar estimulantes para resistir la fatiga y sedantes para calmar la ansiedad por la falta de sincronía.

El control del peso también está influido por este desorden, ya que nuestro organismo está preparado para metabolizar los alimentos y disponer de energía para realizar actividades, durante el día. En la noche, estos procesos metabólicos se paran.

Cuando comemos a horas extrañas, en mitad de la noche, suele haber detrás algún desarreglo psicológico y emocional, que afecta la secreción de hormonas que activan y desactivan los procesos metabólicos. Además, no se aprovecha bien la energía consumida, la cual se almacena en forma de grasa, ya que no se utiliza.

Otro tipo de desajuste suele encontrarse en los trabajadores con turnos rotativos o nocturnos. Aquí los ciclos se cambian por completo y el cuerpo tiene que realizar un sobreesfuerzo enorme para poder ajustar la secreción hormonal con los requerimientos laborales. La aparición de enfermedades provocadas por este estrés es una consecuencia directa.

Recomendaciones para sentirse mejor

Gastritis, colitis, estreñimiento, estrés, ansiedad y otras enfermedades son consecuencias de la falta de horarios estables. Pueden corregirse con una serie de pautas, dieta sana y equilibrada y una vida lo más natural posible.

* Respeta el ciclo de actividad y descanso, todo lo que puedas. Cuando vayas a dormir, apaga todas las luces, dispositivos electrónicos y quédate en silencio. Si vas a escuchar algún sonido, el que emite la naturaleza por las noches, te ayudará

* Procura acostarte a la misma hora y levantarte a la misma hora, todos los días. Llegará un momento en que no necesites despertador y te levantes descansado.

* No te saltes el desayuno, es muy importante porque el cuerpo obtiene la energía necesaria para afrontar las actividades del día, en un momento óptimo. Que sea equilibrado en nutrientes y completo. No te saltes ninguna comida, para que tus hormonas no activen los mecanismos que acumulan grasas. Es mejor disminuir la cantidad en cada toma.

* La segunda comida importante es el almuerzo, pero si trascurren muchas horas entre el desayuno y esta toma, llévate algún alimento saludable como tentempié de media mañana, para evitar comer demasiado, por el hambre, y que la digestión resulte lenta y pesada, lo que no beneficiaría tu salud.

* La merienda y la cena tienen que ser ligeras y que completen los nutrientes no hayas tomado durante el día. Lo justo para resistir toda la noche. Es importante consumir la mayor parte de las calorías durante el día y alargar el ayuno nocturno. No cenes tarde.

En conclusión, las personas que consiguen coordinar sus ciclos biológicos con sus compromisos de agenda, descansan mejor y tienen más energía, lo cual se refleja en un buen estado de ánimo y de salud.

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