Comer y alimentarse, por mucho que creamos que significan lo mismo, son dos cosas muy diferentes. Podemos comer y no alimentarnos, de hecho esto es lo que cada día se practica más. Muy a menudo, hacemos comidas rápidas, sin nutrientes y con un montón de calorías que nos  llevan después a vivir en una continua obsesión por las dietas.  Urge una nueva forma de contemplar el modo de alimentarnos. Estamos llamados a una alimentación correcta y consciente si queremos conservar la salud.

 

 

¡Qué pocas personas he conocido que no se hayan puesto a dieta alguna vez en su vida! Sobre todo las mujeres, que son las que se han visto empujadas a probar, una y otra vez, las diferentes dietas que les dice alguna amiga o que leen en una revista. Estas dietas pasan por eliminar los hidratos de carbono, las grasas, las calorías, etc. y, así, vamos acumulando desengaños y kilos en la misma medida. Porque lo que todo el mundo sabe es que tras una dieta siempre recuperas un kilo más, por lo menos, de los que has perdido. 

Las dietas continuadas crean una gran ansiedad y pocos resultados

Si realmente quieres perder peso, es imprescindible y primordial conseguir ver de otra forma tu alimentación. No es algo que tengas que hacer durante una temporada para luego volver a comer como siempre has hecho. Es imprescindible entender que, el hecho de tener el peso adecuado, tiene más que ver con una alimentación correcta en todos los sentidos que con seguir algún tipo de dieta.

Es importante también entender que, en la gran variedad de aquello que llevamos a nuestro plato, existen alimentos y también comestibles. Estos últimos, como su nombre indica, están hechos para poder comerlos pero, normalmente, nutren tanto como nos comiéramos una hoja de papel o un trozo de cartón. Por este motivo, es muy importante que, para empezar, pongas mucha atención en llevar verdaderos alimentos a tu mesa.

Nuestro cuerpo, como organismo vivo, necesita nutrirse de alimentos que también estén vivos y que le faciliten la materia prima para la construcción de nuevos tejidos, así como la energía necesaria para llevarla a cabo. Por ese motivo, cuando nuestra dieta se basa en comida basura o comestibles, nuestro organismo experimenta carencia de nutrientes y sigue requiriendo comida. ¿Y cómo nos lo hace saber? ¡Haciendo que tengamos hambre a todas horas!

 

 

Entonces… ¿Cómo vamos a perder peso si nuestro estómago está continuamente enviando señales de que necesita más alimento?

Vamos a ver, entonces, cuales son los 9 secretos para cuidar tu alimentación y que una vez conocidos puedas conseguir tu peso perfecto.

Los ocho pequeños secretos

1- Procura que todo lo que pongas en tu mesa sean alimentos vivos. Cualquier cosa que haya sido procesada, en mayor o menor medida, ha perdido su energía de vida y, con ello, gran parte de sus nutrientes. Elimina todo aquello que venga empaquetado y enlatado. Apuesta por productos frescos.

2- Huye de los productos refinados. Procura que tu dieta se base en productos enteros, es decir integrales. y si pueden ser de origen ecológico, aún mejor. Los cereales, legumbres, frutas y verduras son la fuente de la vida y deberían estar en la mayor parte de tus platos.

3- Reduce la carne en tu dieta.  En general, la carne es rica en grasa y también en hormonas y químicos que colaboran en que se produzca una gran retención de líquidos en nuestros tejidos. Si no eres vegetariano, procura reducir al máximo los productos de origen animal.

4- Elimina, en la medida de lo posible, los lácteos de tu dieta. La leche de animal, ya sea vaca, oveja o cabra, no está diseñada para el consumo humano. Esta es la leche que alimenta a los lactantes de otra especie. Por ejemplo, la leche de vaca contiene hormonas que harán crecer rápidamente a los terneros. ¿Te imaginas lo que esa hormona puede hacer en los cuerpos humanos? Hay muchas cosas sobre la leche de vaca que ignoramos, Por ejemplo, ¿sabías que hay fuentes de calcio mucho más asimilable que el de la leche, como el sésamo, las almendras o las coles?

5- Huye de las bebidas azucaradas. Cualquier bebida azucarada, tipo colas, está compuesta por una cantidad de azúcar tan grande que provoca un terrible agotamiento a nuestro páncreas y. además. para ser asimiliadas tienen que ‘usurpar’ minerales necesarios a nuestro cuerpo.

7- Disminuye al mínimo las bebidas alcohólicas. Cualquier bebida que contenga alcohol incrementa las calorías en nuestra dieta y, además, son calorías huecas, es decir, que aportan muy pocos o ningún nutriente.

8- Come despacio y con tranquilidad. Si consigues comer despacio y masticando bien cada bocado, harás que tu estómago se vaya llenando más despacio y que la señal que llega a tu cerebro de “ya no necesito más” llegue justo cuando no quieras más, y no cuando ya hayas sobrepasado con creces la ración que necesitas.

9- Si sientes hambre, bebe agua. En muchas ocasiones, un buen vaso de agua conseguirá que lleguemos hasta la próxima comida sin necesidad de atender el apremio de comer fuera de horas. Observa si, tras beber el agua, sigues teniendo la misma necesidad de comer.

 

El mayor secreto de todos

He guardado el mayor secreto para el final, porque para mí es el más importante:

Haz que tu alimentación sea un acto de amor por ti mismo. No sé si te has dado cuenta de que la persona que más cerca tienes y con la que siempre vas a vivir eres tú mismo. Por eso, lo más inteligente es quererte y cuidarte mucho.

Cada vez que te sientes a la mesa sé consciente de que estás alimentando a una persona amada y pon toda tu atención y consciencia en ese acto. Apaga la televisión, la radio, evita cualquier distracción. Prepárate una mesa bonita, como la prepararías a la persona que más quieras. Incluso, enciende una vela, y haz de este momento un ratito intimo, lleno de consciencia.

Después de haber preparado este escenario, siéntate ante tu mesa y respira varias veces, serénate, entrégate al momento de la comida sin prisa, teniendo presente que vas a disfrutar. Y, a partir de ahí, mastica despacio, haciendo pausas para respirar entre cada bocado. Saborea la comida, incluso huélela… Convierte el momento en un gozo. Son muchas las personas que ya llevan a cabo esta práctica llamada slowfood

Y te preguntarás: “¿y esto en todas las comidas?”. Bueno, en las que puedas. ¡Tú te lo mereces!. Puede que la mente te lleve a sentirte cursi o ridículo, pero todo es cuestión de ir adquiriendo nuevos hábitos.

Y, para terminar, si todo esto es acompañado por una vida activa en la que incluyas la práctica regular de ejercicio moderado, te aseguro que tu cuerpo te ira mostrando cómo se puede alcanzar un equilibrio en el peso sin necesidad de pasar hambre.

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