Siempre he sentido un gran placer en tomar el sol. Desde muy pequeña, no obstante, me di cuenta de que las personas que me rodeaban eran poco inteligentes a la hora de exponerse al sol.

Estoy segura de que, en condiciones normales, ningún animal llegaría a provocar quemaduras en su piel como lo hacemos los seres humanos cuando tomamos el sol. Hemos perdido la conexión con nuestro instinto, hacemos cosas absurdas que ningún animal haría. Por ejemplo, tumbarnos al sol a las horas centrales del día, es cuando más abrasa. Nos creemos tan inteligentes y sin embargo, somos capaces de soportar horas ‘friéndonos’ al sol y embadurnados en cremas.

Estas cremas, según la Dra. Elizabeth Plourde, contienen productos químicos que son carcinógenos conocidos. Así mismo, también se ha observado la presencia de importantes disruptores endocrinos.

¡Somos seres solares!

Desde siempre se nos ha inculcado un terror a tomar el sol, que nos hace olvidar el hecho de que el sol es fuente de vida. Somos seres solares que necesitamos de su luz para todos nuestros procesos vitales. Una planta muere sin luz solar y de la misma manera, nuestros cuerpos, se desequilibran hasta llegar a enfermar.

El gran problema es que, por un lado tememos al sol, y por otro nos excedemos de forma absurda a la hora de tomarlo. Tenemos tanto miedo que muchas personas no son capaces de salir a la calle, por ejemplo, sin las gafas de sol.

El hecho de llevar gafas de sol, en personas normales, es una forma de atrofiar los músculos oculares encargados de ajustar la luz que llega a nuestro ojo. Por eso, cualquier persona acostumbrada a ellas sufrirá mucho si no las puede usar. Ya no son capaces de regular la entrada de luz de forma natural. Una vez más, perdemos nuestra inteligencia natural.

Usemos nuestra inteligencia

Además de las gafas de sol, nos hemos acostumbrado a tomar el sol en verano a las horas centrales del día. Nos llenamos de protector solar y nos tumbamos durante horas en la toalla. Si lo pensamos con lógica, esta es una actitud bastante absurda. No hace muchos años, durante esas horas, la gente simplemente prefería ir a la sombra o, si no era posible, se protegía con ropa para no quemarse. Ahora huimos de la protección natural como la sombra, ropa o sombrillas y nos protegemos de forma química. ¿Sabías que tu piel absorbe todo aquello que le pones encima?

La Dra. Plourde y el Dr. Bernard Ackerman, gran autoridad en el tema del cáncer de piel, han llevado a cabo grandes descubrimientos. Ha comprobado, durante 30 años, que el melanoma maligno y otros tipos de cáncer de piel se incrementaron de forma importante con el uso de los protectores solares.

En su libro, la Dra. Plourde, documenta también el hecho de que los productos de protección solar han contaminado el agua de nuestros océanos, ríos y agua potable. Incluso se han podido encontrar químicos de los protectores solares en la sangre del 97% de los americanos.

¿Por qué no tomar, entonces, el sol con la inteligencia que debería caracterizarnos como humanos?

Las bondades del sol

Una vez entendido que el sol es sumamente beneficioso, tenemos que ser capaces de tomarlo de forma inteligente a las primeras horas del día. Siempre durante tiempos cortos y sin protectores solares. Solo observando estas pequeñas premisas disfrutaremos de sus numerosos beneficios:

Los niveles de vitamina D aumentan

La presencia de la vitamina D es fundamental para evitar el raquitismo en los niños. Más del 90%  de esta vitamina es generada por nuestro cuerpo simplemente tomando el sol. El otro 10% procede de la alimentación. Es muy importante para nuestra salud ósea y para la función cognitiva e inmunológica. Según unos investigadores suecos “el hecho de evitar exponerse al sol es un factor de riesgo de muerte, tan grande como el provocado por el tabaquismo”

Reduce la tensión arterial y las posibilidad de sufrir enfermedades cardíaca

Cuando el sol toca nuestra piel, el óxido nítrico que se libera en nuestra sangre reduce de forma importante nuestra tensión arterial. Así mismo, la luz solar contiene rayos ultravioletas que se conocen como germicidas que podrían ayudar a combatir ciertas infecciones en la sangre.

Menos infecciones y mejor humor

Gran protector de enfermedades infecciosas

Tanto la luz ultravioleta como la vitamina D sintetizada a través de ella, nos aportan sus grandes efectos antimicrobianos. La vitamina D consigue aumentar la elaboración natural de moleculas antimicrobianos, capaces de destruir las paredes celulares de virus y bacterias. Además, la luz ultravioleta aumenta los niveles sanguíneos de linfocitos.

Aumenta la producción de serotonina

El bienestar que nos proporciona tomar el sol tiene que ver, en gran medida, con la producción de serotonina que mejora nuestro estado de ánimo. Recientes investigaciones han podido comprobar que tomar el sol mejora el trastorno afectivo estacional y también la depresión severa.

Incrementa los niveles de testosterona

La luz solar tiene impacto en los niveles de testosterona por lo que incrementa la libido en los hombres. Algunos investigadores australianos han podido comprobar que los niveles de testosterona aumentan o disminuyen de acuerdo a las horas de luz. Han podido observar que los niveles máximos se alcanzan en Agosto y los mínimos en el mes de Marzo.

Estabiliza los ritmos circadianos

Tomar el sol durante el día ayuda a establecer nuestro ritmo circadiano y a poder dormir de forma adecuada. Además, la vitamina D obtenida por la exposición al sol también aporta beneficios a la calidad del sueño.

Volvamos a intentar conectar con la parte inteligente que nos caracteriza como humanos. Usemos las fuentes naturales que tenemos a nuestro alcance para mejorar y conservar nuestra salud.

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