Hay muchos conceptos en los que basamos nuestro sistema de bienestar actual que dan mucho que pensar sobre si el bienestar es real o no.

Una pregunta que cualquier persona interesada en un bienestar auténtico, tanto propio como ajeno, y del entorno en el que vive sería: ¿será verdad que no hay suficientes recursos para todos y hay que incrementar la producción como sea, o nos han creado necesidades de un modo artificial?

Necesidades creadas artificialmente

La tierra provee de recursos suficientes para todos, tan solo están mal distribuidos. En la sociedad actual, vivimos con la firme creencia de que necesitamos muchas cosas, todas materiales y, por supuesto, con un precio puesto en su etiqueta.

Es la base de una sociedad de consumo en el que la producción siempre tiene que ser creciente. Sin embargo, ese sistema está diseñado para colapsar sobre sí mismo. Es insostenible para la continuación de la vida en el tiempo.

En la actualidad, se producen alimentos para 16.000 personas, sin embargo, aproximadamente la mitad se desperdicia, no llega a cumplir su misión.

¿Qué son las hormonas del crecimiento?

Las hormonas son proteínas encargadas de activar y desactivar determinados procesos metabólicos, tanto en los seres humanos como en animales y plantas.

Influyen sobre la multiplicación de las células de todos los tejidos. En los animales, se utiliza la versión sintética para que produzcan más leche (vacas) o más carne para el consumo humano.

En la UE está prohibido el uso de hormonas del crecimiento para el engorde de animales, ya que se ha comprobado su relación con el cáncer de mama y próstata. Sin embargo, se utilizan técnicas genéticas para conseguir animales transgénicos que produzcan más y sean resistentes a las enfermedades actuales.

Por obtener beneficios económicos, salvan un obstáculo legal, pero no tienen en cuenta los efectos posteriores sobre la salud humana ni tampoco los daños que causan a los mismos animales y al medio ambiente.

¿Cómo nos afectan los antibióticos suministrados a los animales?

Todas las sustancias que come el animal o le inyectan, pasan a la carne que nos vamos a comer después, o a la leche que bebamos. Dependiendo del órgano (carne magra, vísceras, sangre o leche) adquiriremos determinados tóxicos.

Los antibióticos suministrados a los animales para combatir sus enfermedades también pasan al organismo humano. Su efecto es el mismo que el exceso de antibióticos cuando tenemos enfermedades.

Las bacterias mutan con gran facilidad, por eso adquieren una resistencia ante los antibióticos. El exceso de estos medicamentos provoca que surjan bacterias resistentes a los mismos y que causen enfermedades, incluso erradicadas.

Además, estas bacterias pueden pasar a los humanos a través del consumo de carne, ya que están presentes en su organismo, igual que nosotros también tenemos bacterias en nuestro cuerpo.

Aunque todos los productores están sometidos a normas y estrictos controles de seguridad, estos riesgos no desaparecen. Cierta cantidad de estos tóxicos pasan a formar parte de nuestro organismo cuando consumimos productos de origen animal y, de vez en cuando, se produce alguna intoxicación alimentaria por estos motivos. Algunas veces tienen bastante repercusión en los medios y, por eso, llegamos a enterarnos de lo que pasa. Obviamente, estas noticias provocan bastante alarma social.

¿Realmente es necesario el sufrimiento animal para nuestra alimentación?

Otro punto que hace tambalear la convicción sobre este sistema es el trato que se da a los animales y los efectos del uso de los campos de cultivo para la producción de carne.

El cuerpo del animal se ve sometido a un enorme estrés celular cuando se le inyectan hormonas para que produzca leche, por ejemplo. Se está forzando su maquinaria, a costa de su salud.

Sí, produce más del elemento que pretendemos conseguir, pero también enferma con mayor facilidad, pierde peso y acaba siendo estéril.

Además, los animales destinados al consumo humano viven amontonados en espacios que apenas abarcan su propia dimensión corporal. Son sobrealimentados para un engorde rápido. En algunos casos, como pavos o pollos, llegan a no poder soportar su peso sobre sus patas y no pueden ni siquiera ponerse de pie.

En muchas ocasiones, incluidas las piscifactorías, sufren infecciones producidas por parásitos. Los cerdos son mutilados desde el primer momento y, muchos mueren al nacer.

El transporte de los animales hacia el matadero, les genera tanto estrés que muchos mueren en el camino de un paro cardíaco.

Esa carga extra de adrenalina también se transfiere a los productos que consumimos.

Además, la producción intensiva gasta hasta un 70 % del agua que bebemos y es el medio que más petróleo consume.

Sin olvidar que el uso de pesticidas y fertilizantes químicos, contamina la tierra y el agua de la que queremos obtener un rendimiento.

¿De verdad necesitamos eso para alimentarnos?

Claves básicas para una agricultura y ganadería sostenible

​- Utiliza los recursos energéticos de forma eficiente, a ser posible, obtenidos a través de medios sostenibles, como energía eólica, solar o desechos orgánicos.

– Intenta reducir al máximo la dependencia del mercado para obtener lo que necesitas.

– Recicla los desechos que generes en la misma finca y no contamines tu entorno.

Controla el pastoreo, para que no elimine toda la diversidad vegetal.

– Usa estiércol, compost y una labranza de conservación para conservar el suelo.

No despilfarres agua ni tampoco contamines ríos, manantiales o fuentes con tus residuos.

Siembra árboles para sombra en los pastos.

Intercala los cultivos, te ayudará a que el suelo se desgaste menos.

Intercala las especies que cultives, te ayudará a repeler insectos y parásitos de forma natural.

– Utiliza fertilizantes y pesticidas biológicos. Ten en cuenta que todas esas sustancias las vas a comer después.

– La medicina alternativa y biológica es muy eficaz para las enfermedades de plantas y ganado. Y menos perjudicial, tanto para la salud humana como para animales, plantas y naturaleza.

– Si no sabes cómo cambiar de sistema, busca quien te pueda enseñar otras formas de trabajar la tierra y criar ganado sin dañarlos.

Vivimos en simbiosis con el planeta. Es un ser vivo independiente y todo lo que nos ofrece a través de la naturaleza es para nuestro beneficio. Pero el planeta necesita una correspondencia en el trato, que hagamos lo mismo en su favor.

Cuida de la tierra y el planeta te cuidará a ti.

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