Los seres humanos, de la misma manera que todos los seres vivos que habitan la tierra, estamos conectados al planeta en el que vivimos y a su ciclos. Aunque lo hayamos olvidado, nuestros cuerpos responden a los ritmos de los ciclos naturales. Las estaciones, el día y la noche, todo ello está relacionado con nosotros. Por este motivo, la mejor manera de mantener la salud física y psicológica es respetar, en la medida de lo posible, dichos ciclos.

Si nuestra vida fuera más tranquila, es posible fuéramos conscientes del paso de las estaciones en nuestro cuerpo. Según los días van siendo más cortos el cuerpo nos pide recogimiento. De la misma manera, cuando se acerca la primavera y los días son más largos, resulta mucho más fácil levantarse por la mañana. Sin embargo, el tipo de vida que llevamos no nos deja tiempo para poder darnos cuenta de cosas tan llamativas.

El sueño y los ciclos circadianos

Como ya hemos dicho, los seres vivos estamos íntimamente relacionados con la naturaleza. Esta relación se lleva a cabo gracias a un reloj interno que regula nuestro estado fisiológico y nuestro comportamiento durante las 24 horas del día. Esta regulación se lleva a cabo, principalmente, por la secreción de hormonas.

Fuente: Pixabay/congerdesign

Se ha comprobado que si a un cangrejo se le saca del mar y se le encierra en un sitio cerrado a kilómetros de distancia no olvidará que tiene que ir hacia un lado determinado, según su playa de origen, cuando sube la marea y hacia otro diferente cuando baja. Esto solo sucede al principio de manera correcta, con el tiempo el cangrejo irá perdiendo la sincronización poco a poco. El reloj interno de todos los seres vivos es sumamente preciso pero necesita recibir los estímulos necesarios para que funcione adecuadamente.

Con los seres humanos ocurre lo mismo, nuestro ritmo circadiano se ve afectado por diversos factores. Entre estos factores está nuestra alimentación, el horario de nuestras comidas, la temperatura del ambiente y nuestras relaciones con otras personas, entre otras. Sin embargo, el factor principal que regula ese reloj interno en relación al sueño es la luz.

Luz natural y luz artificial

De la misma manera que diferenciamos entre la comida procesada o industrial y la comida sana o natural, podemos hablar de la diferencia entre la calidad de la luz artificial en comparación con la luz natural. Además de la calidad también habría que observar la variabilidad de la misma.

La luz natural varía enormemente entre el día y la noche. Esta variación es la responsable de que nuestro reloj interno se sincronice. Sin embargo, la vida moderna no nos somete a estas variaciones tan necesarias.  Normalmente estamos sumidos en tipo de luz continuo de intensidad media. En nuestro lugar de trabajo solemos tener un poco más de luz que por la noche al llegar a casa, pero esta no es una diferencia importante que repercuta en nosotros. Nuestro cuerpo espera variación de luz más acusada para poder regularse.

Demasiada luz artificial

Según hemos visto la luz del sol es muchísimo más luminosa que la luz artificial. Esta luminosidad frente a la oscuridad es la que sincroniza nuestro ritmo circadiano.

La luz del sol regula la producción de la melatonina –hormona responsable de que durmamos bien-  y del cortisol por la mañana. De esta manera nuestro reloj interno se ajusta.

No obstante, con el paso del tiempo los ojos pierden la sensibilidad a la luz del sol. Por este motivo algunos ancianos sufren pérdidas de memoria o depresión al no poder registrar la luz de manera eficaz.

Fuente: Pixabay/DanielReche

Como ya hemos dicho, la melatonina tiene que ver con un sueño de calidad. Así mismo, esta hormona también está relacionada con la presión arterial, el sistema inmunitario y, además, es considerada como un potente antioxidante. Esta hormona comienza a segregarse cuando oscurece. Sin embargo, la luz artificial y la luz reflectante de los aparatos electrónicos como el móvil o la televisión, emiten luz azul, que aunque es menos intensa que la del sol, inhibe en cierta medida la producción de melatonina.

La única luz que por la noche no interfiere en nuestro ritmo circadiano es la luz del fuego o la luz de las velas. Quizá por eso antiguamente, cuando no existía la luz artificial que ahora utilizamos, los casos de insomnio eran mucho más infrecuentes.

¿Cómo favorecer el sueño?

Dormir bien es primordial para gozar de buena salud. Si observamos una serie de reglas podemos favorecer la calidad de nuestro descanso.

  • Ejercicio físico al aire libre. Es muy importante practicar al menos tres veces por semana algún tipo de actividad al aire libre. Lo ideal, por supuesto, sería poderlo hacer a diario. Si pasamos, al menos una hora haciendo ejercicio al aire libre nuestro cuerpo regulará más eficazmente las horas de sueño.
  • Evitar luz para dormir y antes de dormir. Durante las horas anteriores a irnos a la cama es muy importante no abusar de aparatos electrónicos. El móvil, la televisión o el ordenador sería mejor dejar de utilizarlos al menos dos horas antes de ir a dormir. De la misma manera, nuestro sueño mejorará si no tenemos en la habitación ningún dispositivo electrónico encendido.
  • Respetar la hora de ir a dormir. Del mismo modo que ponemos el despertador para levantarnos siempre a la misma hora, sería muy importante ponerlo para acostarnos también siempre a la misma hora. El sueño será mejor si tenemos una regularidad en los horarios. Así mismo, si tenemos sueño debemos de ir a dormir aunque no sea la hora que teníamos planeada para acostarnos.

Fuente: Pixabay/ljcor

Conectar con la naturaleza

Como ya hemos visto, nuestro organismo está conectado con la naturaleza. Esa conexión solo es posible de lograr si exponemos nuestro cuerpo a los elementos naturales que lo regulan. Necesitamos el sol, el viento, la lluvia. Nuestros cuerpos se encuentran saturados de radiaciones electromagnéticas, de ventilaciones insuficientes y de exceso de calor o frío artificial.

Para poder recuperar nuestra conexión con la naturaleza necesitamos ponernos en contacto con ella. Por este motivo, sería muy aconsejable, incluir grandes paseos por el campo en los que podamos disfrutar del sonido del viento, del agua, y de la luz del sol en nuestra piel.

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