Gracias a las nuevas técnicas de medición de las fases del sueño, se ha podido conocer en mayor profundidad que nuestro sueño no es un proceso homogéneo, más bien son ciclos que pasan por diferentes fases. Cada una de estas fases tiene una importancia para comprender las claves de nuestro descanso. Todas ellas tienen relevancia y cumplen con funciones específicas; a continuación veremos cuáles son esas fases del sueño y sus principales características.

Las técnicas neurofisiológicas utilizadas para registrar las fases del sueño son el electromiograma (EMG), el electroencefalograma (EEG) y el electrooculograma (EOG). Se sabe gracias a estas mediciones que cuando estamos durmiendo hay dos tipos de sueño, que son el REM y el NO REM.

Antes de disponer de estas mediciones, se tenía otra creencia acerca de las fases del sueño. Se pensaba que el sueño solamente consistía en la disminución de la actividad cerebral con respecto a la vigilia. Actualmente se tienen muchos conocimientos acerca de esta actividad tan interesante, la del sueño. Dormir no es un acto pasivo, al contrario de lo que se creía es un acto tremendamente activo.

Como bien sabemos dormir es una necesidad básica, imprescindible para nuestra supervivencia. Durante este periodo damos lugar a que nuestro cerebro recupere su energía y asimile todo lo vivido durante el día, de forma que se asiente en nuestra memoria y experiencia.

Al conocer en mayor profundidad que el proceso del sueño requiere de unas fases, cada una con sus características distintivas, se ha podido obtener un mayor conocimiento sobre los trastornos del sueño, y saber con más detalle cómo nos influye y cómo nos afecta no dormir y descansar adecuadamente. Veamos cómo se distribuyen estas fases del sueño y la importancia que tienen en el ser humano.

Las fases del sueño y sus características

Como hemos detallado anteriormente, hasta hace bien poco no se conocía todo lo que se sabe a día de hoy sobre el sueño, se tenía una idea que nada tiene que ver con lo que se ha comprobado. Aunque siempre se ha sabido que sin dormir no se podía vivir, y por lo tanto este proceso era de vital importancia para nuestra supervivencia, no se sabía bien todos los aspectos en los que nos influye este proceso. Dormir no solo nos ayuda a descansar y recuperarnos del día a día, tiene además unas implicaciones esenciales tanto para nuestro cerebro como nuestro organismo.

En 1957 fue cuando los fisiólogos William C. Dement y Nathaniel Kleitman, hicieron las primeras investigaciones sobre esta actividad de la que tan poco se sabía a nivel científico. Fue así como se fundó en la universidad de Stanford el primer laboratorio del sueño del mundo, y el centro de investigaciones del sueño. A través de las mediciones fisiológicas fue cuando se descubrieron las 5 fases del sueño por las que pasamos cuando estamos durmiendo, distribuidas entre los dos tipos de sueño el REM  y el NO REM. Son las que describiremos a continuación con sus características distintivas:

El sueño NO REM

Este tipo de sueño se divide en 4 fases que están relacionadas con la relajación y el descanso. A este tipo de sueño también se le llama sueño de ondas lentas y constituye hasta un 80% de nuestro sueño. Conforme vamos pasando de la vigilia al sueño va descendiendo la actividad y el riego sanguíneo cerebral, hasta que vuelve a aumentar la actividad en la última fase del sueño que es la denominada como REM o movimientos oculares rápidos.

El tipo de sueño NO REM se caracteriza en sus 4 fases por una actividad cerebral que va en disminución, de la cual se extrae su nombre “proceso de ondas cerebrales lentas”.

Fase 1

Esta fase de adormecimiento supone menos del 5% total del sueño, se trata de la fase inicial con la transición de la vigilia al sueño. Cada vez que nos despertamos durante la noche vuelve a iniciarse. Durante esta fase del sueño nuestra musculatura se relaja, la respiración se va haciendo cada vez más lenta. Nos encontramos ante un sueño ligero que puede durar hasta varios minutos cada ciclo. Bajo este estado lo que se registra es esencialmente ondas alfa, que son las que se producen con el adormecimiento. En estos momentos cualquier ruido por leve que sea puede alterarnos y despertarnos.

Fase 2

Aunque aún seguimos en un estado de sueño ligero, el sueño se va haciendo cada vez menos superficial. Se intensifica nuestra desconexión con el entorno, volviéndose el sueño cada vez más profundo. Esta fase del sueño está relacionada con las ondas theta. Esta suele ser la fase por la que más tiempo pasamos, constituyendo hasta un 50% del sueño nocturno total.

Fase 3 y 4

¿Por qué estas fases son conjuntas? Van conjuntas debido a que a nivel teórico tienen poca diferenciación. Ambas pertenecen a nuestro sueño profundo. A la fase 3 corresponde hasta 15 y 25% del sueño aproximadamente, mientras que a la fase 4 estaría entre un 10 y 15% del sueño total. En este periodo del sueño es cuando más descansa nuestro cuerpo. Las ondas de la actividad cerebral son muy lentas, son las llamadas ondas delta. Se necesita un estímulo de gran intensidad para provocar la interrupción del sueño.

Durante esta fase del sueño en la que predominan las ondas delta, que son las de mayor lentitud, es cuando se producen episodios de terrores nocturnos, sonambulismo y enuresis nocturna.

El sueño de movimientos oculares rápidos o sueño REM

Este tipo de sueño se le conoce por su nombre por las siglas de movimientos oculares rápidos MOR en castellano y REM en inglés. Una de sus características principales de esta fase del sueño que constituye a la fase 5, es su gran disminución del tono muscular y un aumento significativo de la actividad fisiológica.

Esta fase del sueño también se le conoce como sueño paradójico, ya que aunque las ondas que predominan, beta y theta son similares a cuando estamos despiertos, en esta fase es difícil que nos despertemos. Tanto la tensión arterial, como la respiración, la frecuencia cardíaca, el consumo de oxígeno; la temperatura cerebral y corporal se mantienen como cuando estamos en el estado de vigilia. ¿Qué supone tanta actividad durante el sueño? Es aquí cuando nos encontramos con la actividad onírica, sumergiéndonos en nuestros sueños vividos y narrativos que preceden a cuando despertamos. Es en este momento que al despertar recordamos el sueño o pesadillas vividas.

Esta fase constituye hasta un 20% del total de nuestro sueño, y es considerada por los investigadores como la fase en la se produce el mayor desarrollo cerebral, consolidación y asimilación de nuestros recuerdos. Por ello en los niños esta fase abarca un mayor periodo de su sueño.

Al pasar por todas estas fases durante nuestro sueño se considera que hemos completado el ciclo de sueño; el tipo NO REM y el REM  se van alternando cada 70 y 100 minutos. Un ciclo del sueño tiene una duración de entre 90 y 120 minutos. Lo más recomendable para un buen descanso es repetir este ciclo 4 y 5 veces por noche. Al principio de la noche predomina el sueño profundo de la fase NO REM y conforme va pasando la noche hay una mayor predominancia de la fase 2 y la REM.

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