En muchas ocasiones las personas que se preocupan por su salud llegan a extremos en los que la vida deja de ser vida. La vida está hecha para disfrutar y no podemos ser siempre “buenos”. En ocasiones cometemos excesos sin que eso sea el fin del mundo. Solo hace falta que pongamos un poco de empeño para compensar y volver al equilibrio.

Las exigencias del día a día

Si eres de las personas que tienen claro que lo primero es la salud, es probable que hayas encontrado momentos en los que es difícil mantenerte en el lugar que deseas. Las exigencias de la vida en sociedad nos obligan a cumplir compromisos que no siempre coinciden con nuestra manera de vivir. En ocasiones podremos eludirlos pero otras veces no nos será posible.

Fuente: Pixabay/geralt

Todos sabemos la cantidad de comidas de empresa, con amigos o familiares que nos empujan a abandonar nuestra dieta habitual. En esas ocasiones comemos cosas a las que no estamos habituados y podemos sentirnos mal.

Así mismo, aquellas personas que están habituadas a hacer ejercicio físico, por diversas circunstancias, pueden verse obligadas a dejar de hacerlo. Esto, para los amantes del deporte puede ser una tortura. En otras ocasiones, puede ser que hayamos optado por pasar un fin de semana haciendo el vago y no hayamos movido el cuerpo para nada. También hay personas que cometen verdaderos excesos en cuanto a la cantidad de ejercicio físico se refiere. Esto es tan perjudicial como el sendentarismo tan habitual en nuestros días. Si el cuerpo pide descanso hay que dárselo.

Como puedes ver el secreto es encontrar el equilibrio sabiendo escuchar a nuestro cuerpo. Si le prestamos atención, siempre nos dará las señales que nos indican como volver al equilibrio y la salud.

No seas muy exigente contigo mismo

Es muy importante que no seas demasiado exigente contigo mismo. Es cierto que cuidar el cuerpo es esencial para encontrarnos bien. Una buena alimentación es la base de la salud. El ejercicio físico es imprescindible para que nuestro cuerpo no enferme. No obstante, también es necesario que seamos medianamente flexibles.

Si eres demasiado rígido en cuanto a tus hábitos y costumbres puede que llegue un momento en que no puedas más. Imagina un árbol con madera muy dura, seguro que el viento lo romperá más fácilmente que el humilde junco que se deja balancear por el viento.

Por todo esto, la flexibilidad es una cualidad que debemos observar en todos los ámbitos de nuestra vida. Serán muchas las ocasiones en las que tendrás que variar tu manera de hacer las cosas y, eso está bien, siempre que luego puedas compensar el equilibrio perdido. ¡Disfruta de vez en cuando de cosas que no sueles hacer! Puedes hacerlo, no pasa nada.

Fuente: Pixabay/MabelAmber

Los excesos en la comida

Puede que algún día tu cuerpo te pida algún tipo de alimento de los que no estás acostumbrado a tomar. Es mejor que lo permitas sin reprimirlo, tu cuerpo sabe muy bien porqué te lo está pidiendo. Así mismo, habrá ocasiones en las que por compromisos sociales o, simplemente, porque no tienes ganas de cocinar comas cosas que no son las habituales o te pases con las cantidades. No pasa nada, esto se puede remediar.

Lo mejor que puedes hacer cuando has comido alimentos que no sueles comer o un exceso de comida es dejar al cuerpo descansar. Si eres de las personas que llevas bien los ayunos, lo ideal sería que pasaras un día tomando solo infusiones, o simplemente fruta variada.

Si no te gusta ayunar, comienza el día con un vaso de agua templada, un dedito de agua de mar y el zumo de un limón. Esto te ayudará a limpiar tu organismo. El resto del día opta por comidas ligeras exentas de productos de origen animal. Evita los fritos y horneados y elige los alimentos crudos o cocidos al vapor. Sigue estas indicaciones y tu cuerpo se recuperará estupendamente.

Cuando la pereza te puede

Si eres de las personas que entrenas todos los días o casi todos los días, es posible que en algún momento te dejes llevar por la pereza y abandones tus prácticas deportivas por unos días. Tampoco en esta ocasión deberías castigarte. El cuerpo siempre tiene sus razones. Permite ese “desliz” sin culpa y disfruta de la nueva situación. Cuando tienes el hábito de hacer de deporte es muy fácil retomar la costumbre.

Una vez que te hayas permitido tus días de descanso consentido, vuelve despacio a tu rutina anterior. Quizá podrías incluir diez minutos más en cada entrenamiento para compensar un poco los días de descanso. Sobre todo, date cuenta de que eres humano y que es normal que no siempre te apetezca hacer lo mismo.

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Cuando nos ejercitamos en exceso

En muchos casos, hay personas que hacen ejercicio en exceso. El ejercicio físico puede ser bastante adictivo. Cuando lo practicamos, segregamos ciertas hormonas que nos hacen sentir muy bien. Por este motivo podemos entrar en un círculo vicioso que nos impulse a querer hacer cada vez más deporte. Sin embargo, el cuerpo, aunque tiene una gran fortaleza, tiene sus límites. Puede ser que con nuestra euforia deportiva no lleguemos a escuchar sus demandas.

Por este motivo es muy importante descansar de vez en cuando, ya que si no lo hacemos podría llegar el momento en que nos lesionemos y entonces tengamos que hacer la parada de manera obligatoria. Deja al menos un par de días a la semana para que tu cuerpo se recupere.

Después del estrés, relax

De la misma manera que en los casos anteriores, cuando vivimos un exceso de estrés tendremos que relajarnos después. Existen diferentes maneras de hacerlo. Podemos intentar hacer una relajación guiada, o quizá una pequeña meditación. En otros casos podemos simplemente parar y respirar profundamente varias veces. No hace falta ser ningún profesional para practicar alguna de estas técnicas que tanto bien nos hacen.

No somos santos, la vida está hecha para ser vivida y disfrutada. Los excesos ocasionales nos reportan satisfacción y, con un poco de intención, volveremos a nuestra vida saludable sin problema.

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