Hace unos días escuché a un catedrático de economía explicar que el hecho de que a nuestro móvil le estén llegando continuamente mensajes, en cualquier momento, se asemejaría al hecho de que estando nosotros en nuestra casa, disfrutando, por ejemplo de una comida, el cartero llamara a la puerta cada tres minutos para entregarnos una carta.

¿Sería esto normal? ¿No sentiríamos ganas de mandarle a paseo? ¿No terminaría eso con nuestros nervios?

Casi todo es cuestión de un exceso de estímulos

Sin embargo, atendemos continuamente las continuas demandas de nuestro móvil, aunque a veces sea de modo inconsciente. El hecho de saber que algo ha llegado a nuestro móvil, aunque no lo atendamos, genera una cierta ansiedad, aunque sea de forma inconsciente.

No obstante, no solo tenemos el móvil como modo de “distracción” de nuestro momento presente. También están las informaciones de todo tipo y a cualquier hora. No me refiero a noticias únicamente sino también al hecho de poder estar superinformados de cualquier cosa, en cualquier momento.

La oferta de los medios de “distracción masiva”, es decir, del mundo del entretenimiento, se nos viene encima a cada instante, queramos o no queramos.

También podemos hablar de la continua sucesión de ruidos que conviven con nosotros, a los que parecemos habernos acostumbrado sin problemas. De hecho, el silencio se nos suele hacer incómodo, ya que no lo practicamos a menudo.

Después de toda esta cantidad de exceso de estímulos que conviven de continuo a nuestro alrededor, ¿Cómo podríamos creer que exista ser humano sobre la tierra que pueda, sin problema, centrar su  atención en algo en concreto?

Desde luego que el déficit de atención es una enfermedad de nuestro siglo, ya que vivimos en un momento donde abundan las iniciativas para que perdamos nuestro centro, allá donde vayamos.

 

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Jacejojo/Pixabay

 

Cuando el déficit de atención se encuentra en los niños, decimos que suelen tener las siguientes características:

-Se distraen y dispersan mentalmente con facilidad 

¿No será quizá que aquellos contenidos que nosotros, como adultos, consideramos interesantes para ellos, no lo son? En general, si a un niño le enseñas cosas que pueda entender, utilizar, manejar y disfrutar es difícil que se distraiga, sobre todo si sabes como hacer que le lleguen.

-Tienen dificultad a la hora de entender las cosas de modo claro y rápido

Si exigimos que todos los niños entiendan las cosas de la misma manera y a la misma velocidad, estamos actuando  de forma inhumana. Cada niño es un pequeño universo que lleva su ritmo y al que no podemos ni debemos comparar.

-No son capaces de llevar a cabo, con facilidad, cualquier tarea que implique mucha concentración.

En cuanto al hecho de que no puedan llevar a cabo tareas que impliquen concentración, los únicos responsables de esa situación somos los adultos que los sobreestimulamos constantemente. Antes los niños podían concentrase con facilidad en sus propios juegos y aficiones, debido a que no contaban con la cantidad de estímulos que cuentan ahora.

-Encuentran dificultad en organizarse.         

Quizá, al permitir que sean ellos los que decidan cómo organizarse, nos encontremos con gratas sorpresas. Volveríamos aquí a procurar entender que cada niño es diferente y que la organización general no tiene por qué ser la misma que él lleve a cabo.

 

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BRRT/Pixabay

 

¡Cuánto nos gustan las etiquetas!

Vivimos en una sociedad que necesita etiquetar cada uno de los comportamientos humanos normales para después procurar la normalización con medidas correctoras como medicamentos, por ejemplo Nunca en la historia habían aparecido tantos niños con estos síndromes que son fruto de una vida desnaturalizada y carente de la más mínima lógica.

Nuestros niños pasan más horas delante de la televisión o cualquier otro tipo de pantallas que jugando al aire libre y gastando la energía de vida que les caracteriza. Un niño que no se mueve lo que necesita es un niño inquieto inevitablemente. De la misma forma un niño que está continuamente asediado con estímulos no puede jamás encontrar la concentración.

Un niño al que se compara continuamente con los niños que sí entran dócilmente a encabezar las listas de la “normalidad”, se sentirá siempre diferente y hará todo lo posible por llamar la atención. Entonces tendremos servido y asegurado el  llamado “mal comportamiento”

El TDA y la alimentación

Afortunadamente, cada día son más los profesionales que antes de medicar a los niños que presentan estos síntomas aconsejan a sus padres un drástico cambio en el tipo de alimentación:

En realidad, cualquier niño, con o sin TDA, se beneficiaría enormemente de hacer los siguientes cambios en su alimentación:

  1. Es muy importante eliminar el uso de azúcares refinados, evitando así la subida y consecuente bajada de glucosa que tanto influyen en el comportamiento. El azúcar se encuentra en muchísimos más alimentos de los que imaginamos. Es importante leer los ingredientes de los distintos alimentos.
  2. También es necesario eliminar el resto de alimentos refinados por tener poquísimos nutrientes y también colaborar con las mencionadas hipoglucemias
  3. A ser posible, evitar alimentos que no sean de cultivo biológico para evitar la mayor cantidad de pesticidas posible.
  4. Las comidas procesadas o precocinadas son un nido de colorantes, conservantes y saborizantes muy poco recomendables.
  5. En muchas ocasiones los lácteos generan intolerancias que provocan irritación intestinal. Mejor disminuirlos o eliminarlos
  6. Las grasas hidrogenadas, total o parcialmente, han de ser suprimidas, así como las grasas saturadas.
  7. Es necesario aumentar el consumo de frutas, verduras, y cereales integrales.
  8. En ciertos casos es necesario una suplementación de ácidos grasos esenciales de cadena larga (EPA y DHA) que tienen un papel muy importante dentro de las funciones cerebrales.

En definitiva, podemos observar que cualquiera de las cosas que podrían evitar que los niños del siglo XXI tuvieran este síndrome, son sencillas y entran dentro de la lógica y que, probablemente, debido a la vida tan enloquecida que llevamos, no hemos sido capaces de observar.

Llegará un día en que en todas las escuelas se incluya como asignatura imprescindible la meditación. Estoy segura de que en ese momento se reducirá enormemente la cantidad de niños con TDA.

 

Demos a nuestros niños la oportunidad de ser niños. ¡Tienen que jugar, correr, tomar el aire, vivir tranquilos y comer alimentos vivos!

 

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