Las crisis de angustia o ataques de pánico son síntomas psicológicos que se categorizan dentro de los llamados trastornos de ansiedad. Se trata de reacciones de miedo o malestar intensos que se dan de forma inesperada (aunque en algunos casos pueden ser esperadas) e impredecible ante determinadas situaciones o estímulos.

¿Cómo identificar una crisis de angustia o ataque de pánico?

Las crisis de pánico son muy fácilmente identificables, ya que los síntomas a través de los que se manifiestan son mayoritariamente fisiológicos y visibles para los demás. Todos podremos recordar fácilmente la típica imagen de las películas de cuando alguien está teniendo una crisis de angustia, respirando dentro de una bolsita marrón. En estas escenas, parece que la persona se va a ahogar, es de hecho uno de los síntomas más característicos: hiperventilación y sensación de ahogo.

Además, es común experimentar sudores fríos, palpitaciones, mareos (pudiendo incluso llegar al desmayo) y náuseas. La persona puede incluso tener la sensación de volverse loco, miedo a morir y a perder el control.

A pesar de experimentar la sensación de que nos está ocurriendo algo muy grave, no pasa nada de lo que nos estamos imaginando. De hecho, la crisis suele pasar transcurridos unos 10 minutos.


Posteriormente, podemos llegar a sentir miedo por volver a sufrir una nueva crisis de pánico ante la misma situación o estímulo que lo ha provocado. Por ello, en algunas ocasiones tendemos a evitar dichas situaciones o estímulos.

Las crisis de angustia no suponen un trastorno en sí mismo, sino que son un síntoma muy típico de algunos trastornos de ansiedad, como por ejemplo las fobias.

Sin embargo, si la evitación de la que acabamos de hablar llega a limitar la vida de la persona de manera significativa, y/o dichas crisis se repiten en el tiempo, pasaría a ser un trastorno de pánico.

No obstante, puede ocurrir que una persona tenga un episodio aislado de crisis de angustia sin que esto suponga nada más. Además, aunque es verdad que normalmente se desencadenan por estímulos o situaciones, también puede darse el caso de que se generen sin ningún estímulo o situación aparente, aunque este caso es menos frecuente.

Fuente: Pixabay CC0/bomei615

Causas de las crisis de pánico

La causa exacta que deriva en una crisis de angustia o ataque de pánico está sin determinar, aunque parece que la carga genética es bastante relevante. Es decir, si tenemos algún familiar de primer grado con cierta tendencia a estos trastornos, la probabilidad de que nosotros también los suframos es considerablemente mayor.

Por otro lado, también parece ser importante el hecho de haber sufrido recientemente algún acontecimiento estresante.

Estos son algunos de los casos que más predisponen a sufrir una crisis de angustia:

Separación o muerte de un ser querido.

Personas con un alto nivel de ansiedad rasgo, es decir, personas que como rasgo de personalidad ya tienen el ser ‘ansiosos’, lo que conlleva a que valoren como amenazantes situaciones que no lo son.

Interpretar de manera errónea las señales interoceptivas o señales fisiológicas de nuestro cuerpo. Hay personas que malinterpretan las reacciones normales de nuestro cuerpo, como por ejemplo, las palpitaciones o respiración. Les provocan ansiedad porque las interpretan como algo angustiante cuando realmente no lo es.

-El hecho de padecer ciertas enfermedades como hipertiroidismo o arritmias. Este punto va en consonancia con el anterior. En este tipo de enfermedades, es común que tengamos reacciones fisiológicas parecidas a las que se suelen dar en la ansiedad. Por eso, aumentan la probabilidad la aparición de crisis de ansiedad.

¿Se pueden tratar las crisis de ansiedad?

Los tratamientos que más eficacia han mostrado desde el ámbito de la Psicología son los de corte cognitivo-conductual. Un aspecto que ayuda mucho a las personas que padecen estas dificultades es explicarles qué son las crisis de pánico, ya que muchas veces no entienden por qué les pasa y el simple hecho de poder dar respuesta a la pregunta “por qué me pasa esto” proporciona bastante alivio.

Aparte de esto, las estrategias cognitivas se basan en el control de las cogniciones y, por ende, las emociones que generan dichas reacciones. Para ello, utilizan técnicas para desmontar aquellas ideas irracionales que podamos tener, y nos ayudan a enfrentarnos a las situaciones o estímulos que generan ese pánico.

No obstante, existen también otras técnicas que pueden resultar beneficiosas para este tipo de problemas. Concretamente, desde el Mindfulness o atención plena se cree que no todo se debe a los pensamientos, sino que las emociones que se desprenden de dichos pensamientos también tienen un peso importante.

El Mindfulness defiende que debemos dejar de luchar contra nuestras propias emociones para aceptarlas y dejar que fluyan sin juzgarlas, lo que nos libera de una gran carga.

¿Cómo puedo aplicar el Mindfulness en el tratamiento de las crisis de pánico?

Es verdad que, si nunca has practicado Mindfulness, es difícil que lo puedas hacer de manera espontánea y fluida justo en el momento en el que estés sufriendo un ataque de pánico.

Como en todo, se trata de practicar lo máximo posible hasta que adquiramos el hábito, de forma que nos será mucho más fácil aplicarlo en una situación así.

Ahora te estarás preguntando cómo se puede practicar si las crisis de pánico son algo que no son programables. Nos referimos a que practiques Mindfulness como técnica de meditación aproximadamente 15 minutos cada día. Se trata de que poco a poco tomes conciencia plena de tus emociones y puedas dejarlas estar, mientras vas centrando tu atención en la respiración.

Cuando centras la atención en tu respiración, por un lado, empiezas a respirar mejor y a relajarte. Y por otro lado, al desfocalizar tu atención de las emociones, haces que la ansiedad disminuya. Al final, ambos aspectos (respiración y atención) van trabajando sinérgicamente hasta que la ansiedad se reduzca considerablemente.

Si practicas Mindfulness o cualquier otro tipo de meditación a diario, tú solo te darás cuenta de que vas recuperando el control sobre ti mismo, puesto que consigues mantener la calma independientemente de la emoción.

No queremos decir que con esto sea suficiente para que las crisis desaparezcan, pero sí resulta un coadyuvante interesante a otras técnicas.

Te animamos a que lo pongas en práctica y que compruebes por ti mismo lo beneficioso que es ya que la base para gestionar el estrés y la ansiedad está muchas veces en cambiar nuestros hábitos, tal y como propone el método Crear Salud. Debemos ser conscientes de que para combatir el estrés no basta solo con aprender a relajarnos, sino que también necesitamos nutrirnos adecuadamente y activarnos haciendo cosas que aporten a nuestro bienestar integral.

Herramientas como la app Siente – que puedes descargarte aquí –  pueden ser grandes aliadas en tu camino a una vida libre de estrés. Su metodología es sencilla de usar, pues incluye el mindfulness y la psicología positiva para mejorar tu bienestar, reducir el estrés y, de paso, ser más feliz.

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