¿Qué grado de confianza tienes en la vida? ¿Y en ti mismo? ¿Confías en ti, en tu forma de ser? ¿Te sientes bien dentro de tu cuerpo?

La confianza es un sentimiento de entrega, sin censura, a lo que esté ocurriendo, sin ninguna preocupación o intento de controlar la situación.

El hecho de confiar se basa en la aceptación de que no conocemos todo y que, al ser parte de un sistema, siempre habrá una parte, por lo menos, que no conozco. Asimismo, podemos poner en práctica la confianza cuando tenemos la certeza de que el ser humano por naturaleza es bueno, hecho ya comprobado de forma científica y que anula muchas de las creencias con las que hemos sido educados.

No obstante, no es asignatura fácil confiar en la vida y en el resto de los seres humanos. Sobre todo, cuando hay una persona en la que no confío ni un poco y a la que tiro por tierra con mis juicios en cuanto puedo. Esa persona, como ya habrás podido adivinar eres tú mismo. 

La confianza en el exterior sin confianza en uno mismo sería casi como empezar la casa por el tejado

Cuando confías en ti mismo, sabes cuales son tus fortalezas y debilidades, aceptándolas como partes indispensables de un todo. Al aceptarte, todo aquello que se extiende más allá de ti, también queda teñido de esa sensación de confianza.

Es posible que pienses que quizá es mejor no aceptar ciertos rasgos de tu personalidad cuando quieres cambiarlos, pero la verdad es que no es así. El hecho de aceptar esas características que denominamos negativas, nos ayuda a ser conscientes de ellas, de aquello que las originó y de cómo están influyendo en nuestra vida. Es más, al aceptarlas evitamos gastar energía en ocultarlas y nos sentiremos más tranquilos, utilizando esa energía en hacer los cambios necesarios.

Son muchas las personas que no sienten confianza en sí mismas. Sus opiniones acerca de sí mismas van desde soy imperfecto, hasta soy incapaz, recorriendo todas las palabras a las que se pueda poner el prefijo “in”. Esto integra desde una mirada al espejo y sus juicios pertinentes, hasta el menosprecio por nuestra forma de ser o de sentir.

Esa desconfianza consigue que cualquier cosa positiva que pudiera suceder sea ralentizada o no llegue. Las razones por las que tantas personas carecen de esa autoconfianza tan necesaria suelen tener origen, generalmente, en los primeros años de vida.

 


¡Vivimos en una sociedad que premia a los competidores!

En la educación de los niños en nuestra sociedad se inculca la competitividad desde la más tierna infancia. Los mejores siempre son premiados y los que no alcanzan lo “deseable” son eliminados. Todo esto se produce siempre sin tener en cuenta la diversidad de habilidades que caracterizan a cada uno de los niños. Todos sabemos que hay niños que son buenísimos en actividades deportivas, pero nefastos a la hora de hablar en público, por ejemplo.

Así, nuestros niños crecen creyendo en su imperfección al no poder ajustarse a todas las exigencias a las que les sometemos. ¡Se convierten en incansables buscadores (que no encontradores) de la excelencia!

También en las familias, es muy habitual un ambiente cargado de exigencias, recriminaciones y modelos a imitar que son difícilmente alcanzables. Los niños, a menudo, buscan ser queridos a través de lo que hacen o tienen y no simplemente por lo que son. Y, claro, si en casa y en el cole los niños crecen cargados de presiones para ‘mejorarse’ y adaptarse a lo que se espera de ellos, el caminar, inevitablemente, se vuelve inseguro. La confianza en uno mismo y en la vida viene de la mano de la autoaceptación, inevitablemente.

 

¡No olvides que nunca antes existió alguien como tú!

Nuestra realidad es como un tapiz de gran tamaño del que cada uno de nosotros formamos parte, haciendo nuestra participación indispensable en esa gran obra. Si alguno de los hilos o dibujos faltara, la belleza del tapiz ya no sería tal. Por lo tanto, si cada uno es capaz de darse cuenta de su originalidad y ponerla al servicio del resto, el resultado será magnífico.

 

¡Acéptate! ¡Eres único e irrepetible!

Comienza desde hoy mismo a aceptar cada parte de ti y a perdonarte por no ser lo que otros quisieron que fueras. Te sugiero unas cuantas ideas para comenzar el camino hacia la autoaceptación:

  • Escribe todo aquello que no te guste de ti mismo: una vez escrito, agradece a esas partes de ti las experiencias que te han proporcionado, acéptalas y envuélvelas con tu amoroso abrazo.
  • Aprende a aceptar lo que estás sintiendo como válido: por mucho no estés de acuerdo con tu sentir, acéptalo y dale la importancia que se merece.
  • Evita compararte con nadie: nunca te compares, ni para sentirte por encima, ni menos. Todos somos importantes y diferentes.
  • Procura sentirte cómodo con la incertidumbre: aunque las cosas no salgan siempre como creemos que deberían de salir, no quiere decir que no sean como corresponde que sean.
  • Aprende de tus “imperfecciones”: dejemos su espacio a las imperfecciones. El perfeccionismo nos desequilibra profundamente.
  • Práctica algún tipo de meditación: dedica cada día algún rato a practicar el silencio. Existen muchos tipos de meditación. Busca la que más vaya contigo

 

Fuente Pixabay / Geralt

 

¡Busca tus dones y talentos!

¿Qué es lo que te hace sentir que el tiempo no pasa? ¿Qué es aquello que harías aunque no recibieras retribución económica?

Si lo has encontrado, ¡enhorabuena! Eso es lo que la vida te ha regalado al nacer para que lo compartas con el resto. Ningún talento es mejor o peor que otro. Todos son importantes. Es en esas pequeñas habilidades que todos tenemos donde encontramos el camino hacía la confianza en nosotros mismos.

No desperdicies ni un minuto haciendo cosas que te desagraden o negándote a ti mismo. La vida merece ser apurada al máximo, no sabemos cuándo tendremos que bajarnos del tren de la existencia.

¡Sonríe todo lo que puedas y vive tu vida a tope!

En conclusión, la base para reforzar la confianza en uno mismo está muchas veces en cambiar nuestros hábitos, tal y como propone el método Crear Salud. Debemos ser conscientes de que para trabajar nuestras fortalezas no basta solo con aprender a conectar con nuestra mente, sino que es necesario adoptar un estilo de vida saludable, nutrirnos adecuadamente y activarnos haciendo cosas que aporten a nuestro bienestar integral.

Herramientas como la app Sienteque puedes descargarte aquí –  pueden ser grandes aliadas para aprender a aceptarte a ti mismo. Su metodología es sencilla de usar, pues incluye el mindfulness y la psicología positiva para mejorar tu bienestar, trabajar la autoconfianza y, de paso, ser más feliz.

 


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