Debido a la sociedad que entre todos hemos conformado, cada vez son más las personas que sufren ataques de ansiedad cuando llegan a situaciones límite, en las que en que no son capaces de manejar sus sentimientos.

De forma sencilla, podemos definir una crisis de ansiedad como una reacción de pánico y miedo agudo, que hace que la persona presente gran malestar físico, sensación de ahogo, en ocasiones llegando a creer que va a sufrir un infarto, o algo parecido.

Además de estos síntomas, y dependiendo de la persona, también se pueden presentar: dolor agudo en el pecho, palpitaciones,sudoración, temblores, ardor de estómago, diarrea, sequedad de boca e, incluso, en determinados casos, erupciones en la piel.

Normalmente, una crisis de ansiedad suele durar entre quince y treinta minutos. Podría parecer que no es mucho tiempo, sin embargo, la persona  que la experimenta se encontrará después sumamente agotada.


Aunque algunas personas digan que el ataque de ansiedad les dura más tiempo, a veces un día entero, la realidad es que es diferente sufrir un ataque de ansiedad a vivir con un elevado nivel de ansiedad.

Lo más importante es saber qué te está sucediendo y desde ahí poder utilizar técnicas para aliviar y gestionar tanto la ansiedad que sentimos de forma continua, como los ataques que se presentan de forma ocasional.

Lo que NO es recomendable hacer ante una crisis de ansiedad

– No huyas.

Es muy habitual, que las personas que ya han sufrido estas crisis en alguna ocasión, sepan identificar los primeros síntomas. Una vez que estas personas sienten que el ataque de ansiedad comienza a producirse, es muy común marcharse corriendo a buscar un lugar seguro y huir de donde nos encontrábamos.

Esta huida tiene su parte negativa ya que, en el futuro, tenderemos a relacionar la situación en la que se produjo ese ataque con la misma ansiedad y, así, poco a poco, iremos haciendo una lista cada vez más grande de situaciones que creemos que nos producen ansiedad.

Por ejemplo, estás en una fiesta y empiezas a sentir que la crisis comienza, te marchas corriendo a casa, para sentirte seguro. La próxima vez que seas invitado a una fiesta te negarás a ir por creer que esa situación podría provocarte una crisis de nuevo.

De esa forma, la lista de cosas que vas a dejar de hacer terminará por hacerse interminable.

– Elige una o dos personas que te ayuden, ¡Ninguna más!

El hecho de tener una persona o dos que no se asusten ante los síntomas de una crisis, es de gran ayuda. Mejor evitar que el resto de amigos te acompañe en esos momentos, porque tanta gente alrededor te agobiará más que calmarte

 – Olvida las conclusiones extrañas.

No creas a quien te diga que haciendo cosas extrañas la crisis se pasa. Por ejemplo, no te creas si  te dicen que rezando o quizá haciendo cualquier cosa que tú consideres extraña, la crisis desaparecerá.

Mantén tu confianza en que en pocos minutos la intensidad de los síntomas será menor.

– No aceptes bebidas ni comidas estimulantes.

A veces las personas que estén contigo pueden intentar ayudarte dándote alguna bebida como café, colas, bebidas energéticas, chocolate o té. Ninguna de estas cosas te mejorará, sino todo lo contrario.

 

¿Qué puedo yo hacer ante una crisis de ansiedad?

Ante todo, es importante, que sepas entender lo que te está pasando y que no hagas nada mientras dura. La razón es muy sencilla : la duración de la crisis será exactamente la misma tanto si nos resistimos como si no hacemos absolutamente nada más que sentirla tal y como se presente. 

Además, cualquier cosa que pudiéramos intentar hacer siempre comenzaría cuando el pico más agudo, que se presenta durante los 4 primeros minutos, ya ha pasado.

Ten en cuenta que, por lo general, las personas no estamos habituadas a conseguir relajarnos cuando queremos, si no somos profesionales del mundo de la relajación o la meditación. Por eso, si cuando comienza una crisis de ansiedad intentas practicar algún tipo de técnica, lo único que conseguirás será angustiarte aún más viendo que no consigues la relajación esperada.

Por lo tanto, repito, en un principio, no hagas nada. Solo sé consciente de que lo que sientes es un ataque de ansiedad y recuerda que es algo momentáneo. No es un infarto, no te vas a asfixiar, nada malo te ocurrirá, solo hay que pasarlo y esperar.

Solo es necesario que encuentres un lugar seguro donde sentirte más cómodo, mientras la crisis se produce.

 

¿Qué puedo hacer cuando la crisis ya ha terminado?

Una vez que haya pasado la parte más angustiosa de la crisis, podrás comenzar a practicar sencillos ejercicios de respiración que te ayudarán a volver a la normalidad, poco a poco:

  • Cierra los ojos e inspira lentamente, contando hasta seis.
  • Intenta contar hasta seis, también, cuando el aire está dentro. No lo dejes salir.
  • Ahora, despacio, también contando hasta seis, ve soltando suavemente el aire.

Repite esta serie tres o cuatro veces y verás cómo te empiezas a sentir bastante más tranquilo.

Practica técnicas de meditación.

Existen numerosas técnicas de meditación o relajación, que conseguirán ayudarte, en gran medida, a que estas crisis se distancien en el tiempo o, incluso, lleguen a desaparecer.

La meditación, te conecta con una parte de ti mismo, en la que anida la confianza en la vida, la amabilidad hacia ti mismo y hacia las situaciones que se puedan presentar en tu vida.

El hecho de meditar te ayudará a convertirte en el observador de tu vida, de tus pensamientos, de tus emociones. Cuando consigues convertirte en ese observador, se produce un distanciamiento entre tú y los problemas y desafíos que la vida te presente. De esta manera, la angustia y la ansiedad disminuyen en gran medida.

Existen numerosos tipos de meditación para cada tipo de persona. Por ejemplo, si eres una persona muy activa, quizá te intereses más por las meditaciones activas. Para las personas más tranquilas, sin embargo, serán más recomendables las meditaciones contemplativas.

En ocasiones, el hecho de incluir en tu vida pequeños paseos por la naturaleza, marcarán un gran cambio y te proporcionaran mucha más serenidad en tu día a día.

La base para gestionar el estrés y la ansiedad está muchas veces en cambiar nuestros hábitos, tal y como propone el método Crear Salud. Debemos ser conscientes de que para combatir el estrés no basta solo con aprender a relajarnos, sino que también necesitamos nutrirnos adecuadamente y activarnos haciendo cosas que aporten a nuestro bienestar integral. Herramientas como la app Siente – que puedes descargarte aquí –  pueden ser grandes aliadas en tu camino a una vida libre de estrés. Su metodología es sencilla de usar, pues incluye el mindfulness y la psicología positiva para mejorar tu bienestar, reducir el estrés y, de paso, ser más feliz.

 

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