Cada día son más las facilidades que tenemos a nuestro alcance. Vivimos rodeados de un sin fin de inventos que nos ayudan enormemente en muchas facetas de la vida. Sin embargo, todas estas comodidades nos llevan a movernos cada vez menos. Esta tendencia a la vida cómoda es la culpable de las numerosas enfermedades que se derivan del sedentarismo.

Podríamos decir que el sedentarismo se ha convertido en una epidemia. Cada paso que damos hacía una vida más cómoda nos instala más en la falta de movimiento que caracteriza a nuestra sociedad. Nuestro cuerpo está diseñado para el movimiento y la falta del mismo lo pone en riesgo de sufrir desequilibrios y enfermedades.

Se calcula que, por lo menos, el 60% de la población mundial no lleva a cabo la cantidad de actividad física necesaria para obtener beneficios en su salud. Estas personas no suelen llevar a cabo actividades físicas durante su tiempo de ocio. Además, sus actividades domésticas o laborales tampoco son de tipo físico.

Fuente: Pixabay/StockSnap

Por supuesto, en los países desarrollados los niveles de inactividad física son mucho más altos que en los países menos desarrollados. En estos países, más de la mitad de los adultos no realizan la actividad física que necesitan. En las ciudades que han crecido de manera rápida el sedentarismo es aún mayor.

Inactividad y mala salud van de la mano

El sedentarismo se considera una de las principales causas de la obesidad y el sobrepeso. Numerosos estudios demuestran que las personas sedentarias, habitualmente, llevan un estilo de vida poco saludable. Suelen tomar grandes cantidades de comida y, además, suele ser comida poco saludable.

Una cantidad mínima de ejercicio físico es fundamental para conservar nuestra salud.

Consecuencias graves de la vida sedentaria

Las consecuencias más graves de llevar una vida carente de ejercicio físico son numerosas:

  • Obesidad. Esta consecuencia salta a la vista. Si no realizamos ejercicio no podremos consumir las calorías que aportamos a nuestro cuerpo por medio de los alimentos. Si mantenemos una vida poco activa, estos kilos se irán acumulando a la vez que aumentan los riesgos para nuestra salud.
  • Enfermedades coronarias. Al no realizar ejercicio físico la salud de nuestro corazón se daña en gran medida. Las posibilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares se multiplican en las personas sedentarias. El sedentarismo influye negativamente en la circulación sanguínea con la consecuente posibilidad de que aparezcan infartos, trombosis, etc.
  • Diabetes.  Esta enfermedad tiene ciertos factores genéticos.  Aún así, en numerosos casos, las causas son una mala alimentación, el sedentarismo y el sobrepeso. Las personas activas regulan de manera más efectiva los niveles de azúcar en sangre. Además, las personas con diabetes tienen alto riesgo de sufrir problemas de tipo cardiovascular y daños en diferentes órganos del cuerpo.
  • Osteoporosis. Nuestros huesos necesitan ejercicio. El ejercicio es la única manera de que el calcio se fije en los huesos. Una vida sedentaria hará que nuestros huesos estén frágiles y quebradizos.
  • Depresión. Cuando realizamos ejercicio segregamos endorfinas. Estas hormonas son las que se encargan de que nuestro estado de ánimo sea óptimo. Así mismo, al disfrutar del ejercicio al aire libre, también recibiremos la luz del sol que está íntimamente relacionada con nuestro bienestar.

Fuente: Pixabay/StarupStockPhotos

Otros desordenes derivados del sedentarismo

Además de las enfermedades que se derivan del sedentarismo y que ponen en peligro nuestra vida, existen consecuencias, menos graves, que también son causadas por la falta de ejercicio y que nos restan calidad de vida.

  • Problemas de sueño. Son muchas las personas que tienen que recurrir a fármacos para poder dormir. Numerosos estudios demuestran que, muchas de estas personas, podrían dormir sin problemas incluyendo cierto ejercicio físico a lo largo del día. El hecho de dormir bien es un factor clave para gozar de una salud perfecta.
  • Diferentes dolores de espalda. Ciertos dolores de espalda suelen deberse a las malas posturas que adoptamos cuando estamos sentados o tumbados en el sofá. Si conseguimos que los periodos de inactividad sean menores, esos dolores tenderán a desaparecer.
  • Problemas de fertilidad y en el parto. La cantidad y la calidad del esperma en los hombres es mejor si la persona tiene una vida activa físicamente. Así mismo, haciendo ejercicio moderado durante el embarazo el parto se desarrollará con menos problemas a todos los niveles.
  • La menopausia.  Las mujeres que incluyen cierta actividad física en su día a día, notarán mucho menos los síntomas desagradables de la menopausia.
  • Aspecto físico y envejecimiento. Una persona sedentaria siempre tendrá peor aspecto físico que una persona que practica ejercicio físico. El color de la piel y la manera de moverse serán muy diferentes en una persona sedentaria que en una que no lo sea. Además, los signos de envejecimiento serán mayores en una persona sedentaria.

Fuente: Pixabay/xxolgaxx

Soluciones para evitar la vida sedentaria

En un principio puede parecer muy fácil abandonar la vida sedentaria. Sin embargo, no todo el mundo puede ponerse de la noche a la mañana a hacer deporte.

Lo ideal sería comenzar de manera progresiva a educar nuestra manera de vivir. En un principio podríamos comenzar incluyendo pequeñas novedades en nuestra rutina diaria. Poco a poco iremos viendo que se convierten en hábitos que nos hacen sentir muy bien.

Podríamos comenzar, por ejemplo, por ir caminando al trabajo. Si no es posible todo el camino, quizá bajando un par de paradas antes en el autobús o en el metro podría ser una idea. También podríamos ir a recoger a los niños andando en lugar de utilizar el coche.

Si vives en un edificio alto, comienza a evitar el ascensor de vez en cuando. Aprovecha los descansos del trabajo para dar un paseo corto y estirar las piernas. Esto conseguirá ejercitar tu cuerpo y tranquilizar tu mente.

Cuando el tiempo así lo permita, podrías regalarte un paseo a solas después del trabajo. Comienza con 15 minutos y ve aumentando el tiempo según te apetezca. Ya verás como te acostumbras a ello y el día que no lo hagas lo echarás de menos.

Con el tiempo, según vayas sintiéndote mejor seguro que te apetecerá hacer más ejercicio. Lo ideal es que encuentres aquella actividad o actividades que más te gusten. Intenta practicarlas al menos un par de veces por semana. Puedes elegir la danza, el tenis, la bicicleta, o quizá el senderismo.

Los cambios positivos aparecerán rápidamente una vez que comiences a abandonar el sedentarismo.

 

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