El TDAH o trastorno por déficit de atención e hiperactividad en adultos es una alteración que hasta hace poco se ha considerado típica de la infancia y la adolescencia. Se refiere básicamente a un patrón de conducta que se caracteriza por la hiperactividad, la tendencia a ser impulsivo y a padecer dificultades atencionales. De tal manera que afecta al desarrollo del individuo en diferentes áreas de su vida, como pueden ser la social, la laboral o la emocional.

Parece que en los últimos años ha dejado de ser un trastorno relacionado únicamente con la infancia y la adolescencia. El motivo de este cambio es que se ha visto que la irregularidad persiste una vez transcurridas estas etapas.

Sin embargo, los síntomas más característicos van cambiando a lo largo de los años. Mientras que en la infancia los síntomas que más peso tienen son aquellos relacionados con la impulsividad/hiperactividad; la hiperactividad en adultos se caracteriza por los síntomas relacionados con el déficit de atención.

De este modo, teniendo en cuenta que los síntomas relacionados con la falta de atención no son tan visibles, existe un gran porcentaje de adultos con TDAH que no están diagnosticados.

Entonces, ¿cómo puedo saber si yo o alguien de mi entorno sufre de TDAH?

Síntomas de hiperactividad en adultos

Los síntomas pueden dividirse en tres categorías: impulsividad, déficit de atención e hiperactividad.

Impulsividad

-Terminan las relaciones antes de tiempo.

-Cambian constantemente de trabajo.

-Tienden al consumo de tóxicos.

-Suelen conducir de manera temeraria o imprudente.

-Tienen poca paciencia.

-Tienden a perder el control con facilidad.

Déficit de atención

-Dificultades para la gestión del tiempo.

-Tendencia a ser olvidadizos.

-Problemas para ser organizados.

-Frecuentemente empiezan varias tareas sin llegar a terminarlas.

-Dificultades para concentrarse.

Hiperactividad

-Hablan demasiado.

-Les cuesta estar quietos durante un tiempo prolongado.

-Se suelen levantar en situaciones en las que se espera que estén sentados, por ejemplo, en el trabajo.

-Les es difícil ocupar su tiempo en actividades recreativas.

Tras haber presentado todos estos síntomas, es posible que te sientas identificado con alguno de ellos, pero que no cunda el pánico. Lo más importante de todo no son los síntomas en sí, sino su intensidad y la repercusión que tiene en la vida de la persona.

¿Padezco hiperactividad o tan solo soy una persona nerviosa?

Es fácil confundir una persona con TDAH con una que simplemente es lo que comúnmente llamamos ‘nerviosa’. Existen personas que son bastante activas, que dicen no poder estar quietas y a las que siempre vemos haciendo algo. Puede ser incluso que sean muy aceleradas y despistadas. ¿Dónde está entonces el límite entre lo normal y lo patológico?

Como acabamos de mencionar, la clave está en ver hasta qué punto tu patrón de conducta afecta a tu vida. Es decir, si a pesar de ser una persona ‘con mucho nervio’, tu vida personal, tu vida social y tu vida laboral son estables en el sentido de ser capaz de desempeñar tu trabajo correctamente, y tener unas relaciones sociales satisfactorias, no tienes TDAH.

Por el contrario, es frecuente encontrar que las personas que padecen TDAH llevan una vida un tanto caótica. Por un lado, sus dificultades de concentración repercuten negativamente en su desempeño laboral. Por esto mismo, y por las particularidades del trastorno en sí, suelen tener una vida laboral bastante inestable.

De la misma forma, al tratarse de personas olvidadizas, impacientes, con tendencia a perder el control y que dan la sensación de no estar escuchando, aunque hablan muchísimo, son de trato difícil. Por ello, las relaciones sociales suelen verse también afectadas.

Establecen relaciones, en general, poco duraderas, ya que los demás pueden verlos como individuos insoportables, lo que resulta muy estigmatizante y dañino para la autoestima. Ante personas que normalmente no identifican esta forma de ser con un problema, desafortunadamente es bastante habitual que quienes padecen TDAH tengan que oír calificativos negativos como: “eres un incompetente”, “nunca me escuchas”, “no te enteras de nada”, “tienes mucho carácter”, y así hasta un largo etcétera.

Teniendo en cuenta esto, es muy común que el TDAH curse con otros trastornos como pueden ser la ansiedad, la depresión o el consumo abusivo de sustancias tóxicas. Como se puede observar, no se trata de una cuestión baladí y merece ser tratada por un profesional de la Psicología.

Relación entre la hiperactividad en adultos y la Psicología Positiva

Una de las corrientes psicológicas que puede resultar beneficiosa es la Psicología Positiva.

La Psicología Positiva pone su foco en las potencialidades de cada persona. Estando tan acostumbrados a que se señalen sus características negativas, es importante hacerles ver todo el potencial que tienen y enseñarles a echar mano de él.

Asimismo, desde la Psicología Positiva se les ayuda a enfocar el TDAH, no tanto como problema, sino como reto u oportunidad del que uno sale fortalecido.

Entre las técnicas que pueden ser beneficiosas, caben destacar las técnicas de meditación, sobre todo en cuanto al déficit atencional se refiere. La meditación ha demostrado ser beneficiosa en muchos aspectos. Entre otros, ayuda a aumentar la concentración y a reducir los niveles de ansiedad. 

Una de las técnicas de meditación que más en boga está últimamente es la conocida como Mindfulness o atención plena.

El Mindfulness nos ayuda a centrarnos en el momento presente, tomando consciencia de nuestra respiración y nuestro cuerpo.

Por un lado, nos enseña a respirar, lo que contribuye a que nuestra activación fisiológica disminuya, algo que resulta muy positivo para atenuar los síntomas de hiperactividad en personas con TDAH; hay que destacar que dicha hiperactividad no hace referencia solo al aspecto conductual, sino también a un plano más interno o interoceptivo.

Por otro lado, nos conduce a centrar nuestra atención en nuestra respiración y en las sensaciones corporales, lo que fomenta que mejoremos nuestra capacidad atentiva (CA).

Al principio es normal que cueste y es muy habitual que nuestra mente se distraiga, incluso sin tener TDAH. Así que no te desanimes y ve poco a poco. Te recomendamos que empieces con meditación guiada, que no es más que una persona (bien física o en grabación) que va pautando lo que debes hacer en cada momento. Te será útil hasta que hayas adquirido el hábito.

Esperamos que este post te haya ayudado a identificar con más facilidad el TDAH y a encontrar herramientas que te puedan ser útiles tanto si tienes TDAH como si no.

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