El miedo es una sensación inherente al ser humano, una reacción primitiva e instintiva.  Ante una amenaza, se activan los sistemas de alerta y defensa, que preparan al cuerpo para hacer frente al enemigo, o huir. El ritmo cardíaco se dispara, aumenta la presión sanguínea, los músculos se contraen y se acelera la respiración.

Sentir miedo no solo es inevitable, sino que es una herramienta fundamental para la supervivencia. Ahora bien, esta poderosa sensación se convierte en un problema cuando la amenaza no es en realidad un peligro, sino el fruto de nuestros pensamientos negativos. Este tipo de miedo nos paraliza, nos limita y en definitiva, nos impide ser felices.

 

Gracias al miedo conducimos con mayor precaución, miramos a ambos lados de la carretera antes cruzar o tenemos cuidado si estamos caminando por la montaña cerca de un precipicio. En estos momentos, el miedo es necesario y nos ayuda a ser precavidos y sensatos. ¿Cuándo se convierte el miedo en tu enemigo?

Cuando ante algo que deseas o debes hacer, comienzas a enviarte una lista infinita de mensajes a ti mismo cargados de negatividad: “no seré capaz de hacerlo bien”, “me rechazarán”, “yo no valgo para eso”, “me voy a equivocar”.  La imaginación puede jugarnos malas pasadas cuando se construye con elementos negativos. En estos momentos solemos imaginar el peor de los escenarios y entonces la angustia se apodera de nosotros/as y se activa la respuesta de huida.

El miedo como trampa

Detrás de un miedo excesivo, a menudo se esconde una baja autoestima. Pensar que no eres capaz de afrontar determinadas situaciones lo convierte en una realidad, porque no lo intentas. Esta actitud no permite que se abran a tu alrededor nuevas oportunidades.

El miedo toma forma de excusa cuando, ante un reto, dudamos sobre nuestras propias capacidades. Nuestra mente comienza a buscar multitud de justificaciones sobre por qué no podemos afrontarlo. El cerebro elabora todo tipo de explicaciones lógicas para justificar que no somos capaces de abordar el problema y nos lo creemos, ya que nadie nos engaña tan bien como nosotros mismos.

Para evitar el dolor que imaginamos que vamos a sentir, nos refugiamos en excusas que resultan muy reconfortantes en el momento pero que, sin embargo, nos debilitan en nuestra carrera de fondo, reafirmando nuestra idea sobre nuestra poca valía.

Es muy frecuente la tendencia a explicar nuestros fracasos a través de causas externas a nosotros, como haber tenido una infancia difícil, que nuestra pareja nos haya abandonado o haber pertenecido a una familia con pocos recursos económicos. También algunas personas utilizan con frecuencia justificaciones de tipo “si fuese más alto…”, “si tuviera mejor aspecto físico…”. Escudarse en estos pensamientos solamente consume energía sin aportar nada positivo.

Existen multitud de miedos: al fracaso, al éxito, a estar solo, a los cambios… muchas veces esto conduce a situaciones indeseadas como dependencias, fobias, malos sentimientos hacia los demás o inseguridades constantes. Quizá tuviste una mala experiencia en el pasado que hace que salten tus alarmas si se presenta una situación similar, aunque no tenga por qué repetirse lo que te ocurrió y sea de hecho bastante poco probable.

Aprender a convivir con el miedo, identificarlo y comenzar a eliminar las “falsas amenazas de peligro” pasa por ir afrontando poco a poco lo que nos asusta. Sea cual sea el tipo de miedo infundado que tengamos, solo hay una manera de vencerlo: dejar de huir. Una vez que miras al “monstruo” a los ojos, este pierde todo su poder.

 

 

Consejos para gestionar tu miedo

Escribe en detalle cuáles son tus miedos para aclarar tus ideas y, a continuación, escribe posibles soluciones para cada caso.

Visualiza tus logros o la resolución de un problema. Imaginar en detalle cómo afrontas con éxito una situación que te asusta o superando un reto te acerca a conseguirlo.

Fija pequeños objetivos, como enfrentarte cada semana a algo que te asusta pero que desearías hacer, como algo que requiera hablar en público, hacer un viaje solo/a o ponerte esa prenda llamativa que te gusta y te da vergüenza usar. Una vez vayas cumpliendo tus objetivos, por pequeños que sean, irás ganando confianza en ti mismo/a y comprobarás que eres mucho más valiente y fuerte de lo que creías.

Comienza a pensar de manera positiva para que tus acciones también lo sean.

Practica meditación. La relajación y la meditación son recursos para calmar la mente y encontrar armonía en nuestro interior.

¿Has probado el yoga? El yoga nos ayuda a conectar cuerpo y mente y a sentirnos más relajados y en paz con nosotros mismos.

Cuídate. Alimentarte de forma saludable, cuidar tu apariencia y hacer algo de ejercicio de manera constante, elevará tu estado de ánimo y subirá tu autoestima.

Consulta libros y artículos sobre crecimiento personal. Leer puede ayudarte a comprender muchas cosas y motivarte a pasar a la acción.

No te critiques. A menudo, hay personas que se machacan a sí mismas de manera constante, juzgándose y sentenciándose como no harían ni con su peor enemigo. Tratarse a uno mismo con amabilidad es una de las máximas de la felicidad.

El sentido del humor como arma. Muchas veces nos tomamos ciertas cosas con demasiada seriedad y damos importancia a detalles que no la tienen. Reírse de las situaciones y de uno mismo y rebajar el estrés con humor es una manera saludable de sentirse mejor.

Recuerda…

Superarte a ti mismo/a y curar el miedo depende de ti y es el único camino hacia el bienestar y satisfacción personal. No olvides que por muy difícil que sea tu situación y por mucho sufrimiento que sientas, siempre hay alguien que lo está pasando aún peor. Piensa en personas que bajo situaciones verdaderamente al límite han sabido sacar lo mejor de sí mismos y afrontar con valor los obstáculos. Estas personas inspiran y hacen que veamos nuestros problemas desde una nueva perspectiva.

Si tomamos consciencia de que nuestros pensamientos son los responsables de nuestras emociones, entenderemos la importancia de empezar a cultivar pensamientos positivos y constructivos que nos hagan sentir más fuertes y seguros. Ser más fuerte que el miedo irracional es la manera de liberarse y encontrar el equilibrio que nos permita emprender con energías renovadas el camino de constante aprendizaje y cargado de pruebas que es la vida y además, disfrutar de él.

 

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