Hace unos meses, a Laura, una joven empresaria de Madrid, le recomendaron probar con la meditación. ¿Meditar, yo? ¿Para qué? ¿Con qué motivo? Le preguntó a su médico ante su sugerencia de practicar mindfulness. Las respuestas estaban frente a sus ojos, aunque ella no podía ‘leerlas’ en ese momento.

Era una mujer exitosa profesional y socialmente, con pareja estable y proyectos de ser mamá algún día… Pero ¿qué iba mal en su vida en apariencia perfecta? Sufría picos de ansiedad ante cada nuevo desafío en la empresa, en los últimos tiempos el ascenso laboral había acelerado bastante los ritmos de trabajo y empezaba a sentir acidez estomacal apenas ponía un pie en su oficina. Para colmo de males, por esos días, su novio le propuso matrimonio, hecho que, además de llenarla de felicidad, sumó a sus múltiples ocupaciones los preparativos de la boda.

Estaba, literalmente, al borde de un ataque de nervios. ¿Diagnóstico? Estrés. ¿Te suena?

La vida ajetreada y a toda velocidad, propia de la mayoría de los españoles que viven en las grandes ciudades, predispone a sufrir el síndrome del estrés. Concretamente, nueve de cada diez en edad productiva se han sentido estresados en el último año y, de ellos, el 42 % ha sufrido de estrés con continuidad y frecuencia.

Para que no te compliques deduciendo qué es el distrés o estrés malo, denominado popularmente “estrés” a secas, te lo contamos de modo fácil. Es el proceso que se inicia cuando el individuo percibe que las demandas (internas, laborales, sociales, familiares) superan su capacidad de afrontamiento.

Ante esa sensación de no estar a la altura de las circunstancias ni contar con los recursos necesarios para adaptarse a esas nuevas situaciones (boda próxima, ascenso en el trabajo, vejez de los padres, maternidad o paternidad), la persona responde o reacciona con síntomas corporales o emocionales. ¿Cuáles? Dolores de estómago, problemas para dormir, pérdida del apetito, angustia, ira y depresión son algunos de ellos.

¿Qué necesitas si ya sufres de estrés? Bajar los niveles de ansiedad, lograr un estado de paz y armonía en tu vida diaria, cambiar la actitud ante la realidad y observarla con objetividad y sin dramatizar. Para ello, la práctica de mindfulness puede echarte una mano. Entérate a continuación por qué.

 

Efectos de la meditación y reducción del estrés

Meditar es una práctica. Como toda práctica exige de un entrenamiento. Los resultados positivos, a mediano y largo plazo se perciben si logras hacer de la meditación un hábito en tu vida, como comer, hacer ejercicio o cepillarte los dientes.

Para alcanzar ese reto es preciso asumir el rol de aprendiz; ese que no teme al fracaso, que se anima a superarse a sí mismo y que no necesita triunfar para aprender la lección. La práctica de mindfulness requiere esa actitud y tú, apenas te sientas libre de los síntomas del estrés, podrás adoptarla.

Pero vamos a los detalles de cómo puede ayudarte la meditación a luchar contra el estrés.

– Incrementa el bienestar físico. Se considera un tipo de medicina suplementaria. Desacelera la respiración, tan precipitada en personas que sufren estrés. La práctica de la meditación añade a la respiración pausada y tranquila, el movimiento físico, la relajación profunda y la mente tranquila. Ello, en suma, ayuda al cuerpo.

– A nivel psicológico, ayuda a vivir el presente. No busca que el practicante se relaje al punto de dormirse; nada más alejado de la “atención plena”. La idea es que la persona perciba sus pensamientos confusos, su mente liada o exigida, y puede comenzar a hacer algo para ayudarse a sí misma.

Mindfulness entrena a la mente para que pueda prestar especial atención al momento presente, de forma intencional y sin hacer juicios. Las personas estresadas (seguro te ocurrirá), normalmente, viven adheridas al pasado o preocupadas por el futuro. En este sentido, la práctica de la meditación puede auxiliarlas y centrarlas en el hoy. Tiene sentido, piénsalo: el ayer y el mañana no están en nuestras manos; lo único que hará la diferencia es lo que seamos capaces de hacer hoy.

– Mejora la gestión de las emociones. Si estás estresado, sabrás que tus emociones suelen estar a flor de piel o, por el contrario, y casi al mismo tiempo, puedes llegar a mostrarte indiferente ante situaciones que antaño te conmovían; todo, sin sentido aparente. Ello se debe a que la persona que padece del síndrome del estrés no controla sus emociones en beneficio propio. En cambio, es víctima de las circunstancias.

A este tipo de individuos, la meditación puede ayudar a tener una nueva perspectiva de los contextos estresante. ¿Qué significa? Ser capaz de observar la realidad de manera objetiva, quitándole dramatismo y dándole a cada cosa el peso que tiene; ni más ni menos. ¿Tienes un problema laboral? Todas las áreas de tu vida no pueden malograrse por ello. ¿Has roto con tu pareja? Pregúntate por qué, y si lo has decidido conscientemente, es hora de dar la vuelta de página y comenzar a escribir otra historia. Y así sucesivamente… Ya no puedes ahogarte en un vaso de agua.

– Motiva la adopción de hábitos alimentarios saludables. La “atención plena” o la “consciencia plena” se aplica a todos los órdenes de la vida. También a la alimentación. En personas con niveles perjudiciales de estrés, las modificaciones en la dieta les permiten mantener la mente en calma.

Es sabido que el exceso de alcohol, de sal y de azúcar, las grasas saturadas y las bebidas que alteran el sistema nervioso (como el café o los refrescos saborizados y carbonatados) no contribuyen, de ninguna manera, a la reducción de los síntomas del estrés. Mientras que una dieta variada en colores y texturas, rica en frutas y verduras, sí ayuda a “bajar revoluciones”.

Como ya te habrás dado cuenta, la meditación, tan asociada a la psicología positiva, te puede ayudar a combatir los síntomas del estrés y a estar mejor. No lo dudes. Comienza tu práctica como lo haría un aprendiz humilde y curioso: de a poco, con entusiasmo y, por sobre todas las cosas, con disciplina.

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