La falta de concentración es un problema común que puede afectar negativamente a los estudios, al trabajo o a cualquier actividad de la vida diaria. Veamos a continuación en qué consiste, cuáles son las causas y por qué la meditación puede ser de gran ayuda para mejorar la concentración.

Los problemas para concentrarse

Prácticamente cualquier actividad del día requiere concentración, ya sea leer, estudiar, trabajar o sencillamente mantener una conversación. Sin embargo, en ocasiones es frecuente “perder el hilo” o pasar por momentos en los que aumentan las distracciones y nos cuesta un gran esfuerzo mantenernos concentrados mientras hacemos algo.

La concentración no es otra cosa que la utilización de nuestros recursos cognitivos enfocándolos en algo en concreto y manteniéndolos el tiempo que sea necesario. Cuando estamos concentrados en una tarea, todo lo demás se difumina y nos permite llevarla a cabo satisfactoriamente.

FUENTE: Unsplash/Tran Mau Tri Tam

Todos sabemos lo que es estar concentrado y también no estarlo, nos ha pasado en alguna ocasión que nos ha costado centrarnos en una actividad. Estar desconcentrado provoca que se tarde mucho más tiempo del necesario o que se retrase una tarea por ser incapaz en ese momento de realizarla.

Esto puede ser un problema puntual o puede alargarse, generando múltiples conflictos tanto en el ámbito profesional como en el personal.

Evidentemente, a la hora de concentrarse influye mucho la motivación que se sienta por dicha actividad, aunque puede haber otras causas que impidan una adecuada concentración.

Las principales causas de la desconcentración

Los motivos por los que aparece la desconcentración pueden ser  muchos, pero entre ellos hay algunos muy frecuentes, como:

Las distracciones. El entorno en el que nos encontremos tiene un impacto directo en nosotros, pues los estímulos que recibamos afectarán a nuestra concentración.

 Las preocupaciones. Tener la mente ocupada en los problemas o en pensamientos negativos dificulta enormemente nuestra capacidad de centrarnos y monopolizan nuestra atención. En ocasiones, hablamos de “pensamientos rumiantes” que mantienen nuestra mente en un círculo vicioso que roba la energía y genera emociones negativas.

• Hacer demasiadas cosas a la vez. Cuando no se gestiona bien el tiempo y se quiere hacer todo a la vez, los resultados siempre suelen ser contraproducentes, pues se termina tardando más y haciendo peor todo.

• Desmotivación. Como hemos mencionado antes, es importante encontrar la motivación en aquellas actividades que realizamos pues, de lo contrario, la desmotivación se reflejará en el resultado de todo aquello que hagamos.

• El cansancio. No dormir lo suficiente hace estragos en la capacidad de concentración.

• La ansiedad, la depresión o el desequilibrio emocional general. Cuando alguien atraviesa alguno de estos estados, el hecho de concentrarse en una tarea supone un reto casi imposible.

Ahora que sabemos cuáles son las causas del problema, ¿cómo podemos ponerle solución?

FUENTE: Unsplash/Ben Blennerhassett

La meditación para aumentar la concentración

Dentro de los múltiples beneficios de meditar, destaca el aumento de la concentración. Diversos estudios han demostrado que se trata de una práctica efectiva para, entre otras cosas, estimular la capacidad atencional.

Esto se debe a dos motivos fundamentales. Para empezar, la misma práctica de meditación se trabaja mediante la atención plena del momento presente. Aprender a dejar la mente descansar permite la máxima concentración.

Pero, además, si nos fijamos en las principales causas de la falta de concentración y conocemos los principales beneficios de la meditación, entenderemos mejor por qué es tan efectiva en estos casos.

Gracias a la meditación es posible:

• Mejorar la calidad del sueño.

• Reducir los niveles de ansiedad y estrés.

• Combatir la depresión.

• Equilibrar las emociones.

La meditación hace posible que incluso en un entorno con muchas distracciones (estímulos sonoros, visuales…) se pueda mantener la concentración. Cuando se practica esta disciplina de manera continuada, los resultados son sorprendentes. ¡Así lo afirman quienes la practican!

Al mismo tiempo, la relajación de la mente que se trabaja en las sesiones se traslada al cuerpo, mejorando el estado general de salud y el sentimiento de bienestar. Pero, además, meditar fomenta la creatividad y mejora la capacidad de motivarse o de encontrar nuevas fuentes de motivación.

Para concentrarnos adecuadamente es necesario habernos liberado del estrés y disponer de nuestras capacidades en perfecto estado. De esta forma podremos trabajar, estudiar o realizar nuestras tareas diarias a pleno rendimiento.

¿Cómo funciona la meditación para mejorar la concentración?

Concentrarse significa apartar muchos pensamientos y enfocar la mente en una única cosa. Cuando meditamos llevamos la mente al estado más profundo de concentración mediante la relajación.

Existen muchas técnicas para meditar y cada persona tiene que encontrar la que mejor le funcione. Por norma general, será imprescindible (especialmente, cuando se empieza por primera vez a meditar) encontrar un espacio completamente tranquilo en que podamos estar solos. Una vez allí, se puede fijar la mirada en un solo punto, se puede utilizar música o sonidos especiales que ayudan a meditar o realizar determinadas posturas que fomenten la relajación. Es fundamental siempre centrarse también en la respiración.

De esta forma, entramos en un estado de apertura mental completa, con la mente únicamente enfocada en el momento presente.

FUENTE: Pixabay/Devanath

¿Cómo empezar a meditar?

Si quieres utilizar la increíble herramienta que es la meditación para mejorar tu concentración, tienes que saber que se trata de un proceso que hay que llevar a cabo sin prisas y paso por paso.

Comienza reservando un tiempo diario solo para ti y en un lugar que sea el ideal para meditar. Al principio será suficiente con que medites cinco minutos al día, y después puedes ir aumentando el tiempo.

Puedes elegir entre diferentes técnicas, pero la clave está en que una vez te encuentres en ese lugar tranquilo, comiences a dejar fluir tus pensamientos sin juzgarlos, simplemente observando.

Es normal que al principio pueda resultar difícil, ya que es sorprendente cómo nuestro cerebro “nos habla sin parar”. Te ayudará el centrarte únicamente en tu respiración y encontrar una postura en la que te encuentres del todo cómodo.

Más adelante, quizá quieras probar la meditación caminando o utilizar otras técnicas con música o velas. Lo importante es ser constante y convertir la meditación en una rutina diaria: podrás comprobar los resultados y el aumento de tu concentración antes de lo que crees.

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