En nuestra vida cotidiana se producen muchas situaciones que nos pueden llegar a hacer sufrir. Problemas económicos y laborales, relaciones tóxicas, accidentes que irrumpen repentinamente en nuestra vida, enfermedades o simplemente problemas menores que, acumulados, pueden hacernos padecer estrés y depresión.

Pero lo que casi ninguna persona considera que le hace sufrir es “uno mismo”.  Y es que malinterpretar la realidad es una de las fuentes más habituales de dolor, sufrimiento y generación de problemas personales.

Las Distorsiones Cognitivas son las alteraciones de la realidad que provienen de nuestra propia forma de ver el mundo, a los demás y a nosotros mismos. Son formas equivocadas de comprender la realidad, de interpretar las cosas que nos suceden y esto produce una gran cantidad de consecuencias negativas, no solo para ti sino para los que están a tu alrededor.

Habitualmente, estas distorsiones crean pensamientos muy negativos, desesperanza, conflictos, visiones catastróficas de la vida y pueden desembocar en posibles estados depresivos.

Para poder cambiar estos sesgos o distorsiones de tus pensamientos y que dejen de producir malos sentimientos y dolor en ti mismo y en tus seres queridos, debes conocer sus formas más habituales con el objetivo de detectarlas y cambiarlas.

Nuestra forma de pensar se puede cambiar y, con ella, nuestro sentimientos y la forma de afrontar la vida. Tener una mente sana es el objetivo de una persona que desea ser positiva y más racional.

Distorsiones habituales que debemos evitar

1. Ser demasiado exigente y perfeccionista

Creer que uno mismo o los demás deben ser de determinada manera, no cometer errores y necesitar la aprobación de los demás permanentemente.

Detectarás estas creencias cuando el pensamiento comience por: “debo”, “tengo que”, “nunca”, “siempre” o aplicados a los demás, de forma inflexible y rígida. Este tipo de distorsión hace que se acabe realizando una critica negativa de todo lo que no se considera “perfecto”. Con los demás llega a convertirse en un comportamiento agresivo con muestras de ira. Hacia uno mismo, toma la forma de autocrítica feroz y frustración permanente.

Ejemplos de estos pensamientos:

– “Nunca debo cometer errores”

– “Debería gustar a todo el mundo”

– “Los demás se deben comportar bien conmigo”

Alternativa de Pensamiento:

-Nadie es perfecto, todos cometemos errores y los errores son parte de la vida y del crecimiento personal.

– Los demás pueden no pensar como yo, mis creencias y valores no tienen por qué ser seguidos por otras personas.

– No puedo obligar a nadie a comportarse como yo quiera porque son personas libres e independientes.

– Cuando no estoy de acuerdo en algo decirlo con respeto sin despreciar a los demás.

Contigo mismo puedes ser demasiado exigente porque crees que, si no, los demás no te querrán o aceptarán. Habitualmente esto es falso y siendo más flexible tu carácter y humor mejorarán, beneficiando así tu relación con los demás.

2. Ser catastrofista: 

Es una forma de pensar en la que siempre se espera que suceda lo peor en cualquier situación. Una manera de vivir al límite sin que en realidad nos esté ocurriendo nada grave. Produce ansiedad y miedos constantes.

Las alternativas a este pensamiento son:

– Párate a reflexionar y evaluar la situación de verdad, incluso piensa si en porcentajes es tan probable que te suceda eso que piensas: tener un cáncer, un accidente mortal o cualquier catástrofe en tu vida.

3. Negar los problemas

Al contrario que la anterior, negar los problemas o los propios errores es también una distorsión perjudicial. Se expresa en forma de “paso de todo”, “me da igual” y este tipo de pensamientos.

Esto puede hacer que no afrontes los problemas reales y no llegues a resolverlos. En este caso afrontar, sobre todo, tus sentimientos es importante para ver si las cosas te importan de verdad. Cuando te veas a ti mismo diciéndote “no me importa”, hazte esta pregunta: ¿cómo me siento en realidad?

4. Generalizar 

Es creer que porque algo haya ocurrido una vez, va a pasar siempre. “Siempre me pongo nervioso al hablar en público.” “Nunca aprobare un examen.”

Se parece al perfeccionismo pero no es igual, aquí debes combatirlo buscando pruebas en contra, sin dejarte llevar por el miedo. Por ejemplo: “He aprobado muchos exámenes anteriormente”; “Si practico podé llegar a hablar en público”.

La generalización se basa en el miedo pero, si se piensa racionalmente, uno se da cuenta de que no tiene una base real.

5. Poner etiquetas globales

Juzgar a los demás o a uno mismo por unas pocas cosas o rasgos de manera negativa. Por ejemplo: “Es una mala persona”, “Es una persona aburrida”

La mejor manera de combatir esto es darse cuenta de que un rasgo no define a una persona globalmente, la forma de cambiar este pensamiento es: “A veces se comporta de manera tacaña”, “En ocasiones es aburrido”

6. Los pensamientos polarizados o extremistas

Juzgarlo todo de manera que es blanco o negro. Esto hace que tomes decisiones equivocadas. En realidad, hacer este tipo de juicios es muy habitual y uno debe ser consciente. Todos nos movemos en un mundo de grises. Verlo blanco o negro hace que dejes de hacer todo aquello que califiques como “malo” o “difícil” y por tanto, tu vida se reduzca a tu zona de confort.

Si esto es así, aprenderás menos, tendrás menos oportunidades vitales porque las cosas difíciles, los retos, son las que más ayudan a madurar y crecer.

7. Es sesgo emocional

Dejar que los demás tomen las decisiones por ti para evitar afrontar la realidad, por miedo o porque amamos a esas personas. Es una dependencia emocional que hace que tu vida quede a merced de otras manos.

Es una distorsión muy habitual por lo que hay que estar atentos, no debes hacer todo lo que te digan familiares o amigos, ni basar tus decisiones en lo que te digan los demás.

Cada decisión debe ser valorada por ti, con sus consecuencias y con sus posibles errores. Es bueno escuchar a los demás y valorar su opinión pero la decisión última es tuya.

Como ves, existen muchas distorsiones del pensamiento que pueden llevarte a malinterpretar la realidad. Es una forma de no afrontar tu propia vida, tomar las riendas y aceptar las consecuencias de tus actos.

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