Los niños de nuestro siglo tienen un tipo de vida muy diferente a la que tuvieron sus abuelos. Mi madre solía contarme la cantidad de horas que pasaba jugando en la calle y, si lo comparo con lo que juegan los niños de hoy en día, la diferencia es notable.

Son muy pocos los niños que gastan su energía corriendo, saltando o jugando como se hacía antes. Después de la cantidad de horas que pasan en el colegio, por la tarde suelen tener la agenda tan ocupada como sus padres. Su tiempo libre está lleno de actividades extraescolares que, en muchas ocasiones, también son actividades que les obligan a estar sentados.

Además de la falta de actividad, la dieta de nuestros niños es todo menos saludable por mucho que tengamos infinidad de alimentos a nuestro alcance. Cualquier alimento hoy en día está cargado de azúcar o de carbohidratos refinados que se ha comprobado que  provocan alteraciones de la conducta. Resulta difícil, por lo tanto, no encontrar relación, en cierta medida, entre los distintos trastornos de nuestros hijos y el tipo de vida que llevan.

No obstante, la frecuencia con la que la hiperactividad y el déficit de atención se presentan es cada vez mayor. Veamos a qué se llama hiperactividad.

 

Fuente: Pixabay/Greyerbaby

¿Qué es la hiperactividad?

La hiperactividad infantil es un trastorno conductual del que ya se escribió en el siglo XVIII. En 1798 el médico escoces Sir Alexander Crichton escribía sobre una” inquietud mental” en ciertos niños que se parece mucho a lo que hoy se conoce como subtipo inatento del TDAH.

En 1902, el pediatra británico George Still describía en sus conferencias una condición que provoca: comportamiento impulsivo, hiperactivo, desafiante y falto de atención en varios pacientes. Aún así, al ser niños muy inteligentes este pediatra pensó que los síntomas eran efectos de “la falta de control de la moral”.

En 1918, debido a las epidemias de encefalitis, los pediatras vieron como aumentaban los síntomas de hiperactividad en sus pacientes. En un principio se pensó que esos síntomas eran debidos al daño cerebral causado por la encefalitis. Sin embargo, con el tiempo se comprobó que estos niños también eran muy inteligentes, con lo que se dedujo que el daño cerebral no fue tan grande.

Fue en la década de los 70 cuando la investigación se enfocó en los síntomas del TDAH como comportamiento.

¿Qué síntomas presenta un niño hiperactivo?

Los niños diagnosticados de hiperactividad desarrollan una intensa actividad motora, que les hace moverse continuamente sin que su actividad tenga un propósito. Comienzan tareas para abandonarlas rápidamente, van de un lado a otro, vuelven a empezar a hacer algo y lo vuelven a abandonar.

Es normal que la hiperactividad sea mayor cuando están con otras personas, en especial con las que mantienen relaciones habitualmente. Sin embargo, cuando están solos la actividad tiende a disminuir.

Características de un niño hiperactivo

Según el Dr, Still, los niños hiperactivos son bastantes problemáticos, son poco sensibles a los castigos, tienen un espíritu destructivo y se muestran inquietos y nerviosos. Suelen ser niños a los que resulta difícil educar ya que no logran mantener su atención durante mucho tiempo.

La mayoría de ellos tienen un cociente intelectual normal o alto y sin embargo presentan problemas de rendimiento escolar.

 

Fuente: Pixabay/Myriams-Fotos

 

Se están moviendo de forma constante. Se levantan, merodean y son incapaces de estar una clase entera sentados. Además, en clase suelen molestar a los demás niños, ya que mueven la silla o hacen ruido con las manos o con los pies. Así mismo, cambian muy a menudo de postura y, como están tocándolo todo continuamente, se les caen las cosas al suelo,

Es habitual también que hablen sin parar, que hagan ruido o que, incluso estando sentados, den golpecitos o canten en voz baja.

En general, son desobedientes e impulsivos y suelen hacer lo contrario a lo que se les dice. También tienen un umbral muy bajo para tolerar frustaciones, con lo que son insistentes para lograr lo que desean. Si unimos esto a los cambios bruscos de estado de ánimo y a su carácter impulsivo, podemos imaginar la frecuencia con la que se presentan momentos de tensión en casa o en el colegio,

Afortunadamente, con el paso del tiempo estos síntomas tienden a disminuir aunque ellos suelen expresar que, por dentro, se sienten inquietos o nerviosos.

Se estima que la hiperactividad infantil afecta aproximadamente a un 3% de los niños menores de siete años y es más habitual en niños que en niñas.

La manifestación de la hiperactividad difiere bastante según la edad:

  • De cero a dos años. Se suele manifestar con trastorno del sueño: duermen durante cortos periodos y se despiertan sobresaltados. Presentan cólicos importantes y resistencia a los cuidados habituales. También reaccionan en exceso a los estímulos auditivos. En ocasiones, también presentan dificultades en la alimentación,
  • Durante el segundo año de vida. Presentan inmadurez en el lenguaje; son niños inquietos que corren en lugar de caminar y que no tienen conciencia del peligro. Son destructivos y suelen cansarse rápidamente de cualquier actividad. Es normal que cojan todo lo que tengan alrededor.
  • Entre el tercer y cuarto año. Tienen problemas de adaptación social, piden cosas continuamente y parece que no escuchen. Cambian de actividad de forma continua y no pueden jugar solos. Suelen ser rechazados por sus compañeros y tienen grandes dificultades en el seguimiento de las normas. No responde a premios o castigos.
  • A partir de seis años.  Impulsividad, problemas de conducta escolar, comportamientos antisociales, dificultades para aprender, se distraen fácilmente y tienen una baja tolerancia a las frustraciones

 

Fuente; Pixabay/Pezibear

¿Qué soluciones existen?

El tratamiento hay que adaptarlo a cada caso. Habitualmente, se utilizan los estimulantes que ayudan a mejorar la concentración, aunque su efecto suele desaparecer a los pocas horas y además, como efectos secundarios, se han observado:  deterioro en la capacidad de pensamiento, perdidas de memoria, alteración en la hormona de crecimiento e insomnio. En casos aislados, en los que el niño muestran rasgos psicóticos, se administrarán sedantes.

Lo normal es combinar la terapia farmacológica con la  psicológica en la que se busca la modificación de la conducta a través del reforzamiento del comportamiento, tanto en la escuela como en casa.  En estas técnicas es necesario que tanto los padres como los profesores estén implicados al máximo.

Además, en algunas escuelas se está comenzando a utilizar la meditación desde que los niños son muy pequeños y se ha observado la gran ayuda que esta herramienta ofrece a los niños con hiperactividad.

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