No he conocido a ninguna persona que no haya tenido ansiedad de vez en cuando. Es una emoción de lo más habitual. Cualquier situación que nos haga perder el equilibrio, ya sea un problema laboral o la proximidad de un examen, por ejemplo, hace que experimentemos los síntomas típicos de la ansiedad.

La ansiedad es un mecanismo natural de adaptación que hace que nos pongamos alerta ante situaciones que generan estrés o incertidumbre  Puede ser muy positiva en situaciones especialmente de peligro, ya que consigue que tengamos la precaución necesaria para protegernos. También se ha comprobado que cierto grado de ansiedad nos ayuda a conseguir la concentración necesaria para afrontar retos.

No obstante, en ciertas situaciones la respuesta a los conflictos se ve desbordada y deja de funcionar correctamente. En esas ocasiones, la ansiedad es exagerada si la comparamos con la situación a la que reacciona y, en algunas situaciones, se presenta sin ningún peligro real.

 

 

La persona, en ese caso, se siente inmovilizada y con una gran sensación de desvalimiento. A partir de ahí, se origina un menoscabo en el funcionamiento psicosocial y fisiólogico que llega a considerarse como un trastorno cuando se prolonga en el tiempo, se presenta en situaciones inadecuadas o interfiere con las actividades habituales.

Si en alguna ocasión has sentido que reaccionabas con exageración o falta de control ante situaciones comunes, quizá hayas experimentado un trastorno de ansiedad.

Al principio, cuando aparecen uno, dos o tres de los primeros síntomas, casi nadie sabe que lo que le está pasando tiene con ver con el trastorno de ansiedad.  Normalmente, pensamos que la ansiedad es un estado de nervios, o quizá algo un poco más fuerte que el estrés, pero la ansiedad está caracterizada por una serie de síntomas que es necesario conocer.

Necesitamos saber que eso que nos está pasando tiene que ver con la ansiedad, para así evitar que la sugestión y la suposición de que quizá nos está sucediendo algo más grave, agraven la situación.

 

Primeros síntomas de la ansiedad

Hagamos un breve repaso a los primeros síntomas que te podrían indicar que lo que sufres es ansiedad:

1. Sensación de ahogo o dificultad para respirar: aunque se trata de una situación muy angustiosa, no es tan peligrosa como la persona pueda imaginar. Solo es una respuesta exagerada de los impulsos nerviosos, pero la respiración no se detendrá y se normalizará cuando haya pasado la crisis.

2. Dolor en el pecho: esta sensación de dolor es causada por la tensión en la que se encuentra la musculatura. Lo primero que la persona va a pensar es que está sufriendo un ataque cardíaco, pero esto no es así. El dolor de un infarto es muy distinto y en muchas ocasiones no se origina en el pecho. Cualquier ejercicio de relajación o varias respiraciones profundas ayudarán a disminuir esta desagradable sensación.

3. Palpitaciones o latido lento del corazón: cuando existe un cuadro de ansiedad, es normal que los niveles de adrenalina aumenten y esto hará que el corazón se acelere. Es algo totalmente normal. Así mismo, una disminución del ritmo cardíaco es habitual en estos casos, pero no quiere decir que el corazón se vaya a parar.

4. Dificultad para respirar y sensación de ahogo:  se puede sentir la sensación de tener un nudo en la garganta, como si no pudieras tragar. La causa es que los músculos de la garganta se han contraído fruto de la ansiedad. Aunque es un síntoma muy desagradable, si logramos darle poca importancia, mejorará en gran medida y en ningún caso hará que la respiración se pare, ni tampoco que el hecho de comer o beber sea imposible.

5. Temblores o escalofríos: el hecho de temblar es una reacción normal a un estado nervioso o cuando existe una sensación de frío. Durante una crisis de ansiedad es normal sentir temblores o escalofrios que desaparecerán cuando esta termine.

6. Excesiva sudoración: cuando el cuerpo necesita reducir su temperatura reacciona aumentando la sudoración, siendo esta una reacción normal. Cuando en el proceso de ansiedad el cuerpo siente que tiene que prepararse para la lucha o la huida, libera sudor para enfriar el cuerpo. Los niveles de sudor volverán a ser normales una vez que la ansiedad haya disminuido.

7. Extrema palidez en la cara: durante el proceso, gran parte de la sangre es desviada a los músculos como respuesta a la hipotética situación de ‘lucha o huida’.  Esto hace que el resto del cuerpo quede un poco más desatendido en cuanto a irrigación sanguínea se refiere. No hay necesidad de preocuparse, en cuanto el cuerpo vuelva a normalizarse, todo volverá a ser como antes.

8. Sequedad en la boca: es una reacción normal en la ansiedad, ya que se produce un predominio del sistema nervioso simpático. No obstante, todo volverá a la normalidad en cuanto la situación se estabilice.

9. Sensación de debilidad en manos y pies: el hecho de encontrarnos en una situación, aunque imaginaria, de lucha o huida, hace que estas sensaciones sean normales. También en algunas ocasiones podemos sentir hormigueo en las manos fruto de la hiperventilación que se puede producir. Un poco de ejercicio suave hará que este malestar desaparezca. Una vez más, es solo un síntoma pasajero de poca importancia.

 

 

Estos son los síntomas más habituales y que pueden aparecer en un principio. De todas formas, cada persona presenta unos síntomas y se pueden ir agravando o aligerando, en función de la duración e intensidad el proceso.

¿Cómo actuar ante la ansiedad?

Cualquier técnica, como por ejemplo la meditación, que consiga apaciguar la mente y a sus continuos viajes al futuro y al pasado será de una enorme ayuda.

En cualquier caso , una vez identificada la ansiedad es necesario que la atención de la persona se proyecte hacia otras cosas, como, por ejemplo, hacer alguna tarea constructiva, ejercicio o algún hobby. Es muy importante escapar de la trampa que tienden estos síntomas, ya que la angustia generada, produciría más ansiedad.

Procura, si sientes alguno o varios de estos síntomas, concentrar tu atención en la respiración y procura respirar profunda y lentamente durante un buen rato. Poco a poco, irás percibiendo que cierta sensación de calma comienza a tomar las riendas de la situación.

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