A lo largo de nuestras vidas construimos multitud de relaciones pero, sin duda, la más importante de todas es la que construimos en relación con el yo. Con nosotros mismos es con la única persona con la que tendremos que estar necesariamente el resto de nuestra existencia y, por lo tanto, influirá en cualquier otra relación que mantengamos en nuestro entorno.

A través de nuestra cultura, el lugar donde nacemos, la familia que tenemos y la educación que recibimos; vamos construyendo nuestra propia identidad. Comenzamos a darle forma a nuestro yo interno, de tal manera que va puliéndose con el tiempo. Nos vamos diferenciando del resto de individuos hasta crear nuestra propia identidad, lo que nos aporta una esencia única.

Qué es la relación con el YO y por qué es importante

Fuente: Pixabay/Engin_Akyurt

Aunque sepamos que la relación con el yo es algo básico y por lo tanto esencial, también es algo que en muchas ocasiones descuidamos. Es así, sobre todo, cuando estamos más pendientes en las expectativas y necesidades de las otras personas, en relación a nosotros, que de lo que nosotros esperamos y deseamos para sí mismos. Inevitablemente nos vamos distanciando de nosotros y van produciéndose crisis de identidad, esto es algo que forma parte de nuestra naturaleza humana. En referencia, claro esta, a la complejidad cerebral con la que vamos provistos.

¿Por qué no debemos descuidar esta relación con el yo? Iremos viendo a lo largo de este texto por qué cobra tanta importancia que prestemos una especial atención a cómo nos estamos relacionando con nosotros mismos. Este tipo de vínculo cuando está deteriorado, influye de una manera importante tanto en nuestra salud mental como física.

¿Qué supone la relación con el yo?

Cuando hablamos del yo no lo hacemos en términos de egocentrismo ni de egoísmo. Relacionarse con el yo está por encima de las relaciones poco saludables que podemos establecer con respecto a nosotros. Al hablar sobre la relación con el yo nos referimos sobre todo al autoconocimiento y al vínculo saludable que establecemos con nosotros mismos, tanto para cuidarnos como para escucharnos y atendernos.

Nuestro yo representa nuestra identidad, nuestra esencia y la imagen que establecemos con nosotros mismos en relación al mundo que nos rodea. Ahora bien, ese yo está en plena construcción y como seres sociales que somos, vamos conociéndolo (conociéndonos), gracias también a la relación que mantenemos cono los demás.

Es importante que reflexionemos acerca de la importancia que tenemos para el conjunto de la sociedad en la que nos desenvolvemos. Ya sea para nuestra familia, amistades y para quienes tienen un vínculo con nosotros representamos algo relevante. Al igual que reconocemos este punto, no hay que dejar de reconocer nuestra pequeñez con respecto al mundo. Sin perder la perspectiva todo esto requiere de un trabajo interior para que consigamos darnos la importancia que merecemos desde la humildad.

Yo y el grupo

Fuente: Pixabay/rawpixel

No cabe duda, de que el grupo en el cual nos identificamos, con el correspondiente sentimiento de pertenencia, es un referente para nosotros, para nuestro yo: la relación que mantenemos con nosotros mismos y con los demás.

No se puede negar que con el paso de los siglos la relación entre los seres humanos ha ido cambiando. En la actualidad el modo de cómo interaccionamos es diferente. El “progreso” a través de los grandes avances de la ciencia y la tecnología han ido modificando y puliendo nuestra sociedad. Bajo la perspectiva de esta sociedad capitalista nos encontramos con las palabras de este gran pensador, como fue Krishnamurti:

Una sociedad que se basa en la utilización mutua es un terreno abonado para la violencia, cuando utilizamos a otro, solo tenemos en mente lo que queremos conseguir, y ese objetivo o ganancia impide la relación, la comunión. Cuando utilizamos a otro, por muy gratificante y cómodo que pueda ser, siempre hay miedo, y para dejar de sentir ese miedo, poseemos. De esa posesión nace la envidia, la sospecha, el conflicto permanente, y una relación así nunca puede llevar a la felicidad.
Krishnamurti

Una visión acerca de los nuevos conflictos que ya son una realidad. No podemos culpar al desarrollo industrial en relación a cómo hemos evolucionado. Sin embargo, los grandes avances no han ido acorde al desarrollo personal, a la profundidad y la necesidad de reflexión en cada individuo. No podemos echar la culpa a nada ni nadie de este deterioro, aunque todos somos de algún modo responsables. En la relación con el yo encontramos las claves de este deterioro relacional en la sociedad actual

Vincularnos de una forma sana con nuestro yo

En la gran mayoría de ocasiones somos nosotros mismos los que dificultamos y entorpecemos nuestra experiencia. Una parte esencial que se rompe con los trastornos mentales es la relación con el yo. Al perder el contacto con lo que representa nuestro yo, nos disociamos y nuestra mente acaba deambulando por un mundo que se percibe como peligroso e inseguro.

Ser yo

Fuente: Pixabay/winner01

El yo nos ofrece la estructura mental que necesitamos, tanto para tener una imagen de nosotros mismos con respecto a los demás, como para atender a todo lo que corresponde a nuestro desarrollo personal. Permite que nos miremos de una forma profunda y objetiva. Para trascender al yo que percibimos cuando somos niños, donde todo gira entorno a nosotros, hemos de romper con el autoengaño y la justificación de que somos lo que los demás han hecho de nosotros.

La identidad de un yo fortalecido es propia de una persona que asume la responsabilidad de sus acciones y de la actual vida que lleva. Con respeto hacia sí mismo acepta lo que siente, lo que piensa y lo que necesita, sin infravalorarse o juzgarse por ello.

La relación con el yo se vuelve más sana cuando estamos dispuestos a vernos sin distracciones de la imagen que queremos ofrecer. Siendo honestos con lo que realmente somos, mirando más allá de la careta y la representación mental que nos hemos ido haciendo al cabo del tiempo. Se trata de observarse en todos los aspectos. Al tener una relación más sana y honesta con nosotros mismos la podremos tener de igual manera con el resto de personas.

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