Vivimos en una sociedad que apuesta por la acumulación. Nos vemos empujado a aceptar cada vez más, estímulos, cosas, y experiencias. ¿No has sentido nunca la sensación de que te encuentras saturado de tanto hacer y de tanto  comprar? ¿Has experimentado alguna vez la sensación de que vives en una carrera frenética hacia la próxima experiencia, del tipo que sea?

Se nos ha hecho creer que lo más importante es “estar al día”. Y desde ahí nos lanzamos a adquirir los últimos libros, el último modelo de coche, de bicicleta, o de lo que sea… Procuramos asistir a la mayoría de los numerosos espectáculos que hoy en día se nos ofrecen. Es muy frecuente también, escuchar en grupos de personas las innumerables listas de restaurantes nuevos a los que han ido a comer o quizá una interminable lista de viajes ya emprendidos o pendientes de emprender.

Este continuo estímulo de novedades y variedades nos sumerge en un estrés continuo que nos aparta de nuestro centro y de nuestra verdadera felicidad interna. Todas estas cosas externas prometen un tipo de felicidad efímera y artificial que nos empuja a seguir probando sin conseguir lo que verdaderamente buscamos, porque, en el fondo, no sabemos qué es.

En una ocasión, un profesor de economía de una universidad, pedía a sus alumnos que hicieran una lista con las diez cosas que para ellos fueran más importantes en su vida. Seguidamente, les pedía que pusieran al lado el precio en Euros que aquellas cosas tenían. Curiosamente, la mayoría de aquellas cosas, que tan felices les hacían, tenían poquísimo valor monetario. Y esto ocurría, invariablemente, en cada uno de los grupos a los que el hacía la prueba.

Vivimos necesitando cosas que realmente no son necesarias

En general, los seres humanos tenemos muy pocas necesidades reales. Somos capaces de vivir estupendamente con muchas menos cosas o novedades de las que creemos necesitar.

Sin embargo, hemos sido educados en una sociedad que procura que nuestra necesidad de consumo y novedad sea cada vez más creciente, llegando a convencernos de que tenemos necesidades que son totalmente falsas.

Almacenar cosas roba tu libertad y tu espacio

El hecho de que necesitemos acumular cosas o experiencias vienen dados por la necesidad de llenar el vacío que sentimos sin darnos cuenta. Un vacío que dejaría de serlo si consiguiéramos llenarlo de experiencias verdaderamente nutritivas y valiosas, pero que jamas se solucionará con un mayor consumo o acumulación.

Es muy importante hacer un alto en el camino y apostar por una vida más simple, más sencilla. Y de este modo, ser capaces de ir soltando todo aquello que realmente no necesitamos. Es tras ese soltar cuando la ligereza se instala en nuestra vida y nos comenzamos a sentir dueños de nuestro tiempo y de nuestra vida, como quizá nunca antes lo habíamos sentido.

 

¡Simplifica tu vida! ¡Merece la pena!

Veamos qué pequeños cambios podemos añadir a nuestro día a día para conseguir una vida más simple

– Encuentra momentos para estar solo: Para comenzar, es muy importante huir del ruido de los compromisos y comenzar a entender qué es lo que realmente tú quieres y necesitas. A veces un paseo por la naturaleza o una pequeña meditación hacen milagros.

Observa tus sentimientos cuando no haces tanto: En muchas ocasiones surgen sensaciones de culpa cuando nos dedicamos al maravilloso arte de no hacer nada. Es muy importante darse cuenta y entender que esa culpa es un concepto erróneo, producto de una sociedad enferma.

– Haz una lista de las cosas que más te importan en la vida: Una vez hecha, proponte dedicarles más tiempo y en consecuencia eliminar o desatender aquellas que no consideras importantes.

Aligera tu agenda: ¿Cuántos compromisos son realmente los que te apetecerían? ¿Cuales de ellos tienen que ver con las prioridades de tu lista?

– Atrévete a decir que no: El ser capaz de decir que no es una muestra de amor y respeto por ti mismo. ¡Te lo mereces!

– Limpia tus armarios y muebles de cosas innecesarias:  Esto tendrás que hacerlo poco a poco. Cada vez que tengas un rato, vacía por completo un armario y llénalo de nuevo con las cosas que realmente te hagan feliz.y que uses habitualmente. Guarda solo aquello que realmente utilizas y necesitas. Te sorprenderá ver cuantas cosas que creías imprescindibles no lo son. Recicla lo demás.

– Planifica tus compras: Cuando tienes más tiempo libre es mucho más fácil decidir qué es lo que necesitas comprar y hacerlo de forma consciente. En general, procura comprar aquello que sea sostenible y procura ser ético.

– Reduce el consumo de información: No es verdad que necesitemos estar tan informados. Reduce todo lo que puedas la conexión a cualquier tipo de información. Al final, siempre te enteras. ¡Te lo aseguro!

– Minimiza o elimina el uso de las redes sociales: Piensa que el hecho de estar tan conectado a las redes sociales, casi siempre, consigue que le robemos tiempo a aquellas cosas que hemos puesto en nuestra lista de cosas importantes.

– Elimina o reduce tus deudas: Si no puedes comprar algo en un momento determinado, espera a haber reunido el dinero. Necesitamos recuperar la agradable sensación que da esperar a conseguir las cosas.

– Proponte hacer solo una cosa en cada momento: Y, por supuesto, con tu mente puesta en eso que estás haciendo, no mucho más allá.

– Aprende a meditar: Regálate momentos en los que puedas tomar distancia de tus pensamientos y observar qué es lo que sobra en tu vida. Busca a alguien que te enseñe el arte de meditar.

¡Empieza una nueva vida!

 

 

Una vez llevados a cabo estos sencillos pasos, empezaras a sentirte ligero como una pluma. Una vida llena de cosas y experiencias por hacer es una carga continua que nos va aminorando sin cesar.

Podrás disfrutar entonces, de momentos con nada o poco que hacer. Tu casa con menos objetos acumulados, te inspirará una paz que antes era imposible que experimentaras. Tendrás más momentos para disfrutar de las cosas verdaderamente importantes, como observar una puesta de sol sin prisas o nutrirte con un paseo por la naturaleza en compañía de personas que quieres.

La verdadera esencia de la vida solo se aprecia cuando ralentizamos nuestros quehaceres y somos capaces de disfrutar del momento presente sin necesidad de llenarlo de cosas, planes, pensamientos o cualquier cosa que nos distraiga.

Aquellas cosas que poseemos, siempre nos poseen y poseen nuestro tiempo y nuestra atención. ¿Qué lógica tiene pasar mi tiempo libre adquiriendo objetos o preocupándome en cuidarlos?

Me quedo con la frase final del documental “Minimalism” :Ama a las personas y usa las cosas, porque lo contrario nunca funciona.

 

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