Comienza un nuevo día y, sin pararnos a pensar demasiado, nos lanzamos a empezar la carrera sin meta que tanto caracteriza a la vida de la mayoría de las personas.

Nada más despertarnos, sin aún haber puesto un pie en el suelo, la mente nos bombardea con numerosos pensamientos, sin casi darnos tiempo a notar que estamos despiertos. Con la mente cargada de esos pensamientos, que nos hablan de la cantidad de obligaciones a las que tendremos que atender, comenzamos la jornada.

Empezamos el día de la misma forma que lo terminaremos, sin darnos permiso para un segundo de disfrute y tranquilidad.  Por ejemplo, una actividad tan agradable como una ducha al levantarnos se convierte en algo que hacemos de forma automática, mientras estamos planeando mentalmente otra serie de cosas. Si alguien nos preguntara acerca de las sensaciones que hemos tenido en la ducha, nos daríamos cuenta de que no hemos sido conscientes de ninguna de ellas.

Lo mismo pasa con el desayuno, con el paseo hasta el trabajo o con el comienzo de nuestra jornada laboral. Hacemos todo esto de forma refleja, totalmente inmersos en la inconsciencia.

 

Fuente: Pixabay/billslife2012

Vivimos desconectados de nosotros mismos

Por supuesto, tampoco somos conscientes de lo que sentimos en la mayoría de las ocasiones. Vamos tan deprisa que, muy a menudo, nos desconectamos del sentir tanto físico como emocional. Pocas veces sabemos parar cuando estamos cansados, necesitamos estar exhaustos para darnos permiso. Y muy a menudo, ni siquiera el agotamiento nos parará, será necesario que aparezca una enfermedad para que nos permitamos hacer una pausa.


Vivimos en un momento en el que las personas se enfrentan a la vida desde su desequilibrio personal, ignorando sus ritmos y necesidades, con el consecuente deterioro físico y mental que esto conlleva.

Afortunadamente, las tradiciones orientales se están haciendo cada vez más conocidas en Occidente, y gracias a ellas, muchas personas están encontrando un camino hacía una vida orientada al interior, con ritmos mucho más lentos y humanos.

La meditación es una de las mejores herramientas para conseguir estabilizar nuestra vida. En los últimos años está alcanzando mucha popularidad en nuestra sociedad occidental, ya que se han podido comprobar los numerosos beneficios que presenta para la salud mental y emocional.

Además de estos beneficios, la meditación consigue que creemos pequeños oasis de paz en nuestra rutina diaria que, sin quererlo, impregnarán el resto de nuestras actividades.

 

Fuente: Pixabay/terimakasih0

Haz un hueco a la meditación en tu vida

Para la práctica de la meditación, al principio, es necesaria cierta disciplina que consiga incluirla, de forma natural, en nuestra rutina diaria. Basta con que tengas claro la cantidad de beneficios que te aportará, para ser constante en su práctica.

Aunque existen diversas formas de meditación, vamos a hacer un repaso a pequeñas técnicas que, por lo menos en un principio, te ayudarán a ir centrando tu atención:

  • Escoge la hora del día que mejor te venga: reserva 15  o 20 minutos al día para tu práctica de meditación. Lo ideal es al comenzar o al finalizar el día. Procura considerarlo tan importante como si fuera parte de tu aseo personal. Si con el tiempo te sientes cómodo podrás alargar la práctica tanto como desees, pero, en un principio, es recomendable que te pongas una alarma.
  • La espalda debe estar recta: puedes sentarte en el suelo, en una silla o en un sillón confortable. Lo importante es que te sientas cómodo y que la espalda esté recta.
  • Comienza haciendo respiraciones conscientes: inspira por la nariz de forma lenta, profunda y consciente, contando hasta seis. Intenta mantener el aire dentro de ti otros seis segundos. Lentamente, ve soltando el aire por la boca contando, de nuevo hasta seis. Repite esto cinco o seis veces y notarás como te vas relajando poco a poco.
  • Observa y abraza lo que aparezca en tu mente: en contra de lo que hayas oído, meditar no se trata de dejar la mente en blanco. Lo importante es disponerte a observar todo aquello que llega a tu mente y procurar no juzgarlo ni identificarte con ello. Intenta mantenerte en el papel del observador que recibe los pensamientos como si fueran huéspedes y, después, los despide con afecto pero sin apego.
  • Observa el espacio entre los pensamientos: según avance la práctica, notarás que cada vez los pensamientos se distancian más. Con el tiempo, incluso percibirás grandes espacios entre ellos, pero de momento solo serán pequeños lapsos. El hecho de darte cuenta de que estos espacios existen quiere decir que la meditación se está llevando a cabo con éxito. Observa estos espacios de la misma forma que los pensamientos que pudieran aparecer. Se consciente de que te has convertido en el testigo de todo lo que ocurre dentro de ti.

Podríamos decir que, llevando a cabo una práctica de estas características, podrás comprobar como el resto del día se verá influenciado por la paz que has conseguido encontrar.

 

Fuente: Pixabay/sciencefreak

 

No obstante, existen muchos tipos de meditación para cada tipo de persona. Quizá tú seas de aquellos a los que les vendría mejor un tipo de meditación activa. Si es así, tienes mucho donde elegir ya que, hoy en día, es muy fácil encontrar buenos profesores de ese tipo de meditaciones.

Es muy aconsejable, además de practicar la meditación por la mañana o por la noche, conseguir llevar a cabo pequeños actos de consciencia a lo largo del día que nos conecten con el aquí y el ahora. Estos pequeños actos afianzarán aún más los beneficios de la meditación. Por ejemplo, cada vez que te sientas tenso o angustiado, lleva toda tu atención a aquello que estés haciendo en ese momento, da igual lo que sea. Concéntrate en las sensaciones que tengan que ver con la actividad que estés realizando y verás como, por arte de magia, la angustia desaparece.

Intenta, varias veces a lo largo del día, hacer respiraciones profundas y conscientes. Podrías proponerte, por ejemplo, respirar un par de veces cada vez que suene tu teléfono, en lugar de lanzarte a contestarlo rápidamente. Respira profundo y después contesta, ya verás como tu conversación será muy diferente.

Con un poco de constancia, podrás comprobar como la práctica de la meditación te proporcionará un gran cambio en tu vida a todos los niveles. Y precisamente esto es lo que persigue el método Crear Salud. Pero, para aprender a estar presentes y conseguir esa paz interior, no solo basta con la meditación, también debemos nutrirnos adecuadamente y mantenernos activos en busca de nuestro bienestar integral.

Herramientas como la app Sienteque puedes descargarte aquí- podrán ayudarte a emprender tu camino hacia la meditación. A través del mindfulness y la Psicología Positiva, podrás mejorar tu bienestar y, en definitiva, ser más feliz.

 


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