Las situaciones de celos son bastante habituales, ya que esta emoción está inscrita en la naturaleza del ser humano. De una forma u otra todas las personas somos celosas, incluso aunque no nos consideremos así. Esta emoción comenzamos a experimentarla desde la niñez, que es cuando más necesitamos la atención de nuestros cuidadores. Sus causas primarias son de supervivencia, pero le siguen muchas otras causas que tienen más que ver con ciertas características personales

Los celos van pasando por diferentes grados de intensidad e incluso pueden llegar a convertirse en una auténtica psicopatología, lo que es considerado como celotipia. Sin embargo, lo natural es experimentar los celos de una forma adaptativa, para asegurarnos de que vamos a obtener la atención de las personas que más nos importan.

 

 

El esquema de los celos es muy simple, su base es la de un triángulo: el sujeto A quiere al individuo B, pero resulta que el individuo C también quiere al individuo B. Es ahí cuando surge la disputa, el individuo A, si ve en peligro su relación e incluso el vínculo, entonces generará todo tipo de conductas para evitar su mayor miedo, que es el abandono.

Los celos generalmente están relacionados con un fuerte aspecto posesivo. No queremos aceptarlo, y nos cuesta mucho reconocerlo, pero el sentimiento de posesión también tiene mucho que ver con el ser humano, difícilmente nos podemos desprender de eso. Lo que si podemos hacer es razonarlo, hacernos conscientes y gestionarlo de la forma más justa posible.

Lo que sucede con los celos, en muchas ocasiones, es que nos vemos con el derecho de la posesión de la otra persona, y sin conciencia ninguna cohibimos su libertad para relacionarse, para expresarse y para comportarse. Algo que inevitablemente acaba generando relaciones que no tienen absolutamente nada que ver con el amor. Como veremos a continuación, existen ciertas características personales que predisponen a las personas a tener unos celos desproporcionados y desadaptativos.

El amor no es la causa de los celos

¿Tiene el amor algo que ver con los celos? Esta es una pregunta que deberíamos hacernos en más de una ocasión, al menos para cuestionarlo. Lo cierto es que nos escudamos muchas veces en el amor. Dentro de una relación de pareja incluso hay quienes intentan causar celos para ver si su pareja les ama. Esta forma de comportarse en la relación es causa de muchos conflictos.

 

 

La idea “cuanto más celos sienta más me quiere” es totalmente dañina. No es una visión real de lo que supone el amor. Los celos adaptativos, los que están en proporción e intensidad a lo que realmente sucede, denotan que la otra persona nos importa, y por supuesto que la podemos querer. Pero no porque nuestros celos sean más desproporcionados y le hagamos un seguimiento exhaustivo significa que queramos más a la otra persona.

Es importante tomar conciencia de esto, porque nuestras características personales nos llevan a ver la dependencia y la posesión como sinónimo de amor, y este tipo de conductas son contrarias a lo que significa querer y amar a otra persona.

El deseo de estabilidad y de apego con su correspondiente dolor y placer, ansiedad y miedo, no es amor. Cuando ese deseo y apego están total y absolutamente ausentes, entonces existe el amor, no antes.

– Krishnamurti

Podemos concluir en este apartado que, aunque comúnmente se ha utilizado al amor para justificar celos como una de las mayores causas de las situaciones de celos, no es el amor en sí lo que causa estas situaciones, son las características de la persona que justifica su necesidad de posesión y celos desproporcionados con el amor.

Características de las personas que provocan situaciones de celos

Las situaciones de celos, vistas desde la perspectiva de cuando dejan de ser adaptativas para convertirse en sufrimiento y un profundo malestar, se transforman más bien en situaciones donde la persona tiene unos rasgos que le llevan a sufrir ese malestar. Esos rasgos son los siguientes:

Dependencia emocional

La persona que es dependiente siente la necesidad de tener a la otra persona a su lado, hasta el punto de sentirse que no es nadie sin ella. Estas frases son propias de estas personas: -No soy nadie sin ti, -tú para mi lo eres absolutamente todo, -Mi vida no tiene sentido si no estás conmigo. Ese desconsuelo y desesperación le llevan a comportarse de una manera obsesiva e irracional. Las personas más dependientes ponen todo su valor en la otra persona, por lo que le dan un poder absoluto, con la responsabilidad que eso conlleva. Esa gran vulnerabilidad les convierte en personas extremadamente celosas.

Baja autoestima

La baja autoestima, que implica una poca valoración personal, es una de las causas que generan una gran inseguridad. Percibirnos como que no somos suficientemente buenos para la otra persona, nos hace pensar que cualquier otra puede ocupar nuestro lugar, y ese sentimiento provoca una gran tristeza y malestar. En este caso lo que hay detrás de las situaciones de celos es una persona acomplejada.

 

Falta de habilidades sociales

Por lo general la persona celosa tiene más dificultades para relacionarse que el resto, suele carecer de sentido del humor y de recursos para causar simpatía. Se muestra poco habladora y de una forma poco atractiva para los demás. Le cuesta ponerse en el lugar del otro y empatizar, lo que le hace comportarse de una forma impositiva.

Estas características juegan un papel fundamental en las situaciones de celos. Hay personas que cumplen con alguna de estas características e incuso con todas ellas. La solución está en la toma de conciencia, y para ello no hay mejor recurso que la meditación. La práctica de la meditación nos ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva, para aceptar quiénes somos, queriéndonos tal y como somos; a partir de ahí surge la transformación. Cuando estamos en paz con nosotros mismos no intentamos manipular, controlar ni chantajear a nadie, solo buscamos compartir nuestro bienestar y felicidad.

 

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