Aunque se dice que nacemos y morimos solos, la verdad es que casi siempre llegamos a este mundo y nos marchamos en compañía de otras personas. De la misma manera, el resto de nuestro vida se encuentra llena de momentos en los que disfrutamos de la compañía de otras personas. Y es que el hecho de necesitamos de los otros para ser felices es una realidad

El ser humano es un ser social

Una de las características sociales que han conseguido los seres humanos en su proceso de evolución es el sentido de pertenencia. El identificarse con el grupo ha sido una necesidad para la continuidad de la especie.

Desde que nacemos llevamos escrito en nuestros genes la necesidad del otro.Los factores ambientales también contribuyen a que busquemos la compañía de otros seres humanos. Todos nosotros formamos una sociedad en la que influimos de una manera u otra. A su vez, la sociedad creada también nos influye a nosotros.

Podríamos decir que, en las relaciones con los demás, se encuentra nuestro campo de trabajo. En estas relaciones es donde podemos poner en común aquello que llevamos dentro.

Lo primero, la familia

La mayoría de las personas comienzan a socializar en su ambiente familiar. Esta tarea es compartida con la labor de la escuela y sigue completándose con los vínculos sociales y afectivos que el niño irá creando al unirse a diferentes grupos.

Actualmente, la sociedad que hemos construido anda un poco “coja” en cuanto a valores éticos. Son muchos los principios fundamentales, sobre los que se construyó nuestra sociedad contemporánea, que se encuentran deteriorados. El sentido de unidad que tenían nuestros abuelos, hoy en día, está prácticamente perdido. Lamentablemente, esto nos lleva a sentirnos personas débiles y, como sociedad, mucho más indefensos.

¿La era de la comunicación?

En plena era de la comunicación cada vez nos encontramos más separados unos de otros. Nos hemos ido distanciando casi sin darnos cuenta y las relaciones con los demás se han empobrecido en gran medida.

Estamos siendo bombardeados, de manera continua, por valores que nos perjudican enormemente. El consumismo, la violencia o la indeferencia afectiva están dando como fruto una sociedad superficial, irresponsable y con un profundo sentido de vacío.

Hemos perdido el sentido de pertenencia

Las grandes ciudades en las que vivimos nos sumergen en el ruido derivado de la presencia humana y a la vez nos hacen sentir aislados. Es más fácil sentirse solo en una gran cuidad que en un pueblo pequeño. Si somos un poco observadores, podemos darnos cuenta de que muchas personas han perdido el más mínimo sentido de pertenencia. Sin embargo, cuando sentimos que pertenecemos algo que consideramos importante, automáticamente nos sentimos muy bien.

En el tipo de sociedad que estamos creando no parece que sea prioritario cultivar las relaciones sociales. Las relaciones virtuales son el sustituto ficticio y edulcorado de una necesidad de grupo que llevamos inscrita en el alma. Quizá por eso cada vez son más las personas que sufren depresión y que no encuentran sentido a su vida. En otras culturas, que podemos considerar como menos afortunadas por tener menor “calidad de vida”, la unión entre sus miembros hace sean más felices.

Los cambios de la modernidad

Según el sociologo Zygmunt Bauman, vivimos en un momento el que podemos relacionar la infelicidad con el cambio de paradigma en la forma de comunicarnos y relacionarnos. Según Bauman, las redes sociales que nos invaden por todas partes están diluyendo las relaciones humanas verdaderas.

Para ser felices necesitamos crear vínculos

Según la psicología, el hecho de tener relaciones sociales satisfactorias está relacionado, en gran medida, con nuestro bienestar y nuestra sensación de vivir una vida de calidad. Cuando nos sentimos solos experimentamos un estado de carencia ya que nuestra naturaleza está diseñada para vivir en comunidad.

Según los estudios llevados a cabo por Robert Waldinger, a nuestra mente no le sienta bien que vivamos aislados. Si nos apartamos demasiado de la sociedad, a no ser que lo hayamos decidido voluntariamente, nuestra personalidad puede sufrir cambios drásticos que pueden afectar, incluso, a los biorritmos. Esto no quiere decir que no sea, también muy necesario, respetar el espacio propio y el tiempo para la soledad.

Cuando participamos en actividades que incluyen a otras personas, desarrollamos cierto tipo de valores, que nos ayudarán a ser más felices, más altruistas y más agradecidos. Además, cuando experimentamos este tipo de emociones, nuestro cerebro segrega hormonas como la dopamina o la oxitocina que nos harán sentir aún más deseos de socializar.

Culturas con sociedades felices

Según se ha podido comprobar, las personas que no tienen vida social y viven aisladas tienen muchas más posibilidades de enfermar y de morir que las personas que mantienen una vida social activa

Desde que el ser humano vivía en cavernas, sin que nadie se lo explicara, se sabía que sin el grupo la supervivencia era casi imposible. Hoy en día esto sigue siendo de la misma manera. Algunos pueblos como, por ejemplo, Okinawa -considerado uno de los pueblos más lóngevos- declaran ser muy felices y sentirse muy afortunados por los amigos y vecinos que tienen. Los vecinos de Okinawa se reúnen cada tarde para hacer distintas actividades y tomar el té. ¡Que pocas veces se ve esto en otras culturas!

Así mismo, según la encuesta Win/Gallup International 2014, África fue considerado el continente más feliz a pesar de que pensamos que menor calidad de vida está relacionado con menor felicidad… Parece ser que cuanto menos bienestar material tiene una sociedad mayor unión hay entre sus miembros y, por lo tanto, mayor sentimiento de felicidad. Como ya sabemos la felicidad nada tiene que ver con acumular objetos o bienes.

Podemos concluir dándonos cuenta de que la felicidad es algo muy simple y fácil de conseguir. Aprovecha cualquier oportunidad para relacionarte con las personas que tengas cerca porque de ello dependerá, en gran medida, tu alegría y bienestar. Es muy fácil ser feliz cuando nos rodeamos de personas que miran en la misma dirección que nosotros.

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