Todos los días convivimos con las campañas de marketing. Por cualquier lugar que pasemos y veamos nos topamos con la publicidad engañosa. Las grandes marcas nos ven como potenciales consumidores de sus productos, y son capaces de todo para que los necesitemos.

Actualmente, tal y como se ha desarrollado nuestra sociedad, el consumismo forma parte de nuestras vidas. Las estrategias de marketing son uno de los pilares fundamentales del capitalismo. Muy pocos de nosotros podemos obviar este asunto, a todos nos afecta de una manera u otra, seamos más o menos conscientes de ello.

Publicidad engañosa

Fuente: Pixabay/geralt

El problema es precisamente cuando tenemos poca consciencia de lo que nos están vendiendo, y cómo influye esto en nuestras vidas. ¿Nuestros deseos son reales o han sido creados de una forma ficticia? Esto es algo que nos tendríamos que preguntar más a menudo.

Caer en la trampa del marketing y del consumismo puede afectarnos más de lo que pensamos. ¿Cuántas personas han gastado más de lo que tenían? La realidad es que son demasiadas personas las que han cometido este grave error, que les ha costado incluso quedarse sin su hogar.

Uno de los grandes recursos que ha hecho avanzar al mundo del marketing y las grandes marcas ha sido la tecnología. Siendo la gran aliada para que el consumo se dispare. Solo tenemos que ver el uso que hacemos actualmente de los móviles y los aparatos electrónicos. El mundo de la tecnología es un gran cómplice para el consumismo y para la creación de necesidades.

¿Cómo consiguen las grandes marcas que compremos sus productos? ¿Nos basamos en nuestra propia voluntad para realizar las compras? El mundo del consumismo está hecho para que seamos lo más inconscientes posibles con las decisiones que tomamos. Nuestra responsabilidad, en este aspecto, está en hacernos más conscientes, para ello os vamos a desvelar en qué consiste la publicidad engañosa.

¿En qué consiste la publicidad engañosa?

La publicidad engañosa, tiene por definición la intención de engañarnos como consumidores. En su contenido puede dar lugar a malentendidos, y a confusiones. Como si se tratase de un truco de magia nos hacen enfocar la atención a donde ellos quieren, para que no veamos los aspectos importantes.

La ley de publicidad define la publicidad engañosa como: 
La publicidad que de cualquier modo, incluyendo su presentación, induce o conlleva a errores a sus receptores, pudiendo dañar su comportamiento económico, o perjudicar a un competidor. Es además la publicidad que silencia datos relevantes de los bienes, actividades o servicios cuando dicho descuido conduzca a error de los destinatarios”.

La famosa “letra pequeña” es uno de los métodos que más conocemos y a los que intentamos ya prestar algo más de atención. Al igual que este método, existen otros muchos destinados a desvelar los datos que nos harían considerar mejor lo que estamos haciendo.

Letra pequeña marketing

Fuente: Pixabay/Free-Photos

Podríamos decir, por lo tanto, que la publicidad engañosa posee las siguientes características:

  • Productos que nos muestran una información que da lugar a equivocación acerca de lo que realmente se está vendiendo.
  • Se elimina o se oculta información en el mensaje del producto, llevando así al cliente a error.
  • Los datos del producto o servicio tienen como objetivo confundir al consumidor. Su mensaje no es claro ni transparente.

La publicidad es engañosa aunque no logre su propósito de confundirnos. Lo que la hace a la publicidad engañosa es su intencionalidad. El objetivo es ofrecer algo mucho más competitivo y beneficioso que lo que venden los principales competidores. Aunque esta práctica es bastante habitual, los profesionales del marketing no la recomiendan, ya que si las características del producto se muestran muy diferentes a lo que son luego en la realidad, el consumidor seguramente se de cuenta. Esto puede dañar gravemente a la imagen de la marca.

Distinguir entre deseos ficticios y deseos reales

Los mensajes que la publicidad nos manda, inevitablemente, nos influyen. Se quedan grabados en nuestro cerebro. En nuestro subconsciente están todos estos mensajes que nos hacen tomar decisiones. Actuamos mediante automatismos sin prestar atención realmente a lo que necesitamos y lo que deseamos.

Aunque creas que tú no formas parte de este tipo de intereses comerciales, desgraciadamente, es algo de lo que es difícil escapar. Karl Marx definía a los humanos como “criaturas necesitadas” ya sea para sobrevivir o para conseguir bienestar. La publicidad está destinada a generar deseos y necesidades, con productos que pensamos que no podríamos vivir sin ellos, o seríamos infelices si no los tuviésemos.

Publicidad en la calle

Fuente: Pixabay/Free-Photos

¿Podrías vivir sin móvil? Lo cierto es que se podría, no morirías por no tener móvil. Sin embargo, todo el entramado de la sociedad, el comercio, los intereses capitalistas y el marketing han hecho que creas que no puedes vivir sin el móvil. Esto es así con multitud de productos. Si te pones a pensar acerca de ello encontrarás muchos productos diarios que se han hecho indispensables en tu vida.

A estos artículos y bienes materiales se les ha otorgado una importancia de unas magnitudes que jamás habríamos podido pensar en otras épocas. Muchas personas priorizan estos objetos ante necesidades mucho más reales, como son una buena alimentación o un buen descanso. ¿Cuál es la promesa de los deseos ficticios? La promesa de estos productos es venderte felicidad, satisfacción e integración con tu grupo de referencia.

¿Podemos salir de esta gran influencia de una forma consciente y responsable? Por supuesto que es difícil, pero podemos tomar consciencia sobre lo que es una necesidad real a lo que es una necesidad ficticia. La real sí es una prioridad para nuestro bienestar, ya que está estrechamente relacionada con nuestra salud y supervivencia.

En cambio, la necesidad ficticia contribuye solamente a nuestro bienestar percibido… ¿Te ves capaz de diferenciarlo en tu día a día? Si prestas atención, verás como la mayoría de las cosas forman parte de necesidades ficticias. Podrías prescindir perfectamente de ellas. No dejes que las grandes marcas te hagan creer lo contrario.

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